
Foto: Ismael Francisco/Cubadebate
Llueva o no llueva hoy, la situación va a seguir siendo la misma: confortable para el dueño de casa, imperiosa para el visitante. Es la guerra, y mientras Ciego apura un bocadillo entre jaranas de soldado distendido, Industriales -jadeante- no cesa de cavar trincheras. Pronto se escucharán disparos...
Vientos de cambio: El viejo axioma reza que las alineaciones ganadoras no se cambian. De lo que se desprende, a mi modo de ver, que las que están perdiendo exigen variaciones. Máxime cuando se trata de un equipo obligado a triunfar en terreno contrario, contra un pitcher dominante y, para colmo, en estado de gracia. Así pues, en el afán de potenciar el calibre de fuego, tengo la impresión de que el mando azul podría subir a Tabares al segundo turno del line up, colocar a Torriente de noveno, e imponer a Urgellés como sexto madero en el left fielder, habida cuenta de que el staff de Ciego no dispone de zurdos abridores. Tomás sería séptimo y antesalista, al tiempo que Rudy pasaría al campo corto. Y, lo creo firmemente, no hay otra alternativa que encaramar a Odrisamer en el montículo.
Machado, a pierna suelta: A diferencia de los Leones, los Tigres no requieren modificaciones sustanciales. El equipo avileño está bateando y, lo que es más importante, produciendo. Y más propicias no le pueden ser las circunstancias: ganan la serie dos a cero, juegan ante su público, y tendrán al lanzador más sólido de la campaña en el volcán de los martirios. ¿Algún retoque? Personalmente, Isaac se me antoja demasiado bueno como para ocupar el séptimo peldaño de la tanda. Tal vez aportaría más "tapando" a Fiss.
Hablando en plata: Nadie, ni el industrialista más acérrimo, duda que existe un alto porcentaje de posibilidades para que Ciego se corone por primera vez. Sobre todo porque la novena de la capital está forzada a tener éxito en cuatro de las cinco batallas restantes. Cosa que no es imposible, pero se da muy poco. Poquísimo. Lo que sí está muy claro es que el revulsivo de la situación azul aparece o se esfuma definitivamente en el próximo partido. Por derrotar a Vladimir pasa todo el futuro inmediato de los hombres de Vargas. Cierto es que contra el Cañón de la Trocha apuntan las probabilidades -quince victorias en fila son bastante-, mas ganarle es tarea complicada. No es imposible, pero cuesta muchísima energía. Y reclama calidad. Y lleva, como si fuera una receta de cocina, una pizca de buena fortuna.