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Vivan las madres en pie

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Hoy quiero ceder el espacio de los lunes para que hablen las palabras que pronunció mi madre frente a la Embajada de EE.UU. en la concentración por el noveno aniversario del asesinato de José Couso, mi hermano.NUEVE AÑOS SIN JOSÉ

Estoy otra vez delante de esta embajada y aquí estaré cada año mientras no se juzgue a los militares que asesinaron a mi querido hijo. Yo, su madre, pido JUSTICIA para JOSÉ COUSO, exijo que reconozcáis que fue un claro crimen de guerra, que no disfracéis la verdad manipulándola y versionándola a vuestra conveniencia.

Tenéis impunidad para matar, porque este mundo es tan sucio y corrupto que sigue permitiendo: genocidios, matanza de civiles, torturas y violaciones de todos los derechos humanos. ¿Por qué no impide que sigáis haciéndolo? ¿A cuántos periodistas habéis matado?, ¿a cuántas familias habéis destrozado?

Han pasado nueve años desde aquel trágico ocho de abril y aunque intento llevar mi pena y mi dolor con dignidad, a veces siento que me faltan las fuerzas para seguir con esta lucha. Lloro con desesperación, con amargura y otras veces con rabia. Pero, ¿sabéis lo que me ayuda a continuar? la imagen de mi hijo desangrándose, con una cadera arrancada. Se estaba muriendo y no paraba de repetir «han sido los americanos, han sido los americanos, han sido los americanos».

Su sangre, su dolor, su muerte están siempre conmigo y me acompañarán el resto de mi vida.

Por eso continuamos con nuestra lucha, a pesar de todas las trabas y zancadillas que nos han puesto los diferentes gobiernos de este país. Quiero decirles a todos aquellos que intentaban disuadirnos, que hemos conseguido muchas cosas, que es la única causa que continúa abierta contra militares estadounidenses; y a las madres que me daban consejos como, pasa página, olvídalo y vive, no pienses etc, etc ¿sabéis lo que les contesto? pues que al cuerpo sin vida de JOSÉ le pongan la cara de un hijo suyo.

Qué no daría yo, todo lo que soy, todo lo que tengo, por poder mirar de nuevo su sonrisa un solo instante, por recibir de él un solo abrazo, por poder escuchar su voz, por poder decirle que me hubiese gustado estar a su lado en sus últimos momentos.

Cuando asesinasteis a José sus hijos eran todavía unos niños, ahora son unos hombrecitos que han crecido preguntándose el porqué de esa muerte, por qué les habéis privado de un padre tan bueno, cariñoso y trabajador. No querría que mis nietos llevasen en su corazón odio o venganza, en cambio sí me gustaría que cuando fuesen mayores continuasen esta ardua pero digna lucha, gritando muy fuerte:
JOSÉ COUSO CRIMEN DE GUERRA
JOSÉ COUSO INVESTIGACIÓN Y JUSTICIA