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Pidamos un deseo

Guillermo Heredia de Occ anota la carrera. Foto: Ismael Francisco

Guillermo Heredia de Occ anota la carrera. Foto: Ismael Francisco

Algo, una promesa secreta, debió incidir sobre las estrellas para que dirimieran un encuentro de tanta rivalidad.
No sé, había un plus sideral en el partido del domingo (los domingos son días melancólicos, no días de vértigo). Entradas fuertes en el home, ventajas de un lado y de otro, estrategias acertadas y fallidas, pero todas propias de un juego vivo. Lo que no es común en los duelos cubanos de estrellas, presas de la desidia, incluso del relajo o, en caso de que no sea lo mismo, de una bajísima calidad.

Se añora, no obstante, un duelo de esta índole donde el pitcheo llegue a dominar. Es decir, un duelo cerrado y de pocas carreras. Pero no le pidamos peras al olmo. Esto no era una presentación de magia, y si no hay pitcheo, no lo hay. Bastante que se regaron por el suelo y que mantuvieron el estadio bastante repleto hasta las postrimerías de la tarde.

Claro, después, a menos de una cuadra del Victoria de Girón, tocarían los Van Van. La serie nacional -dispensen el aparte- debiera aprender de los Van Van, que se renueva cuando hay que renovarse y mantiene una vitalidad pasmosa y lo dirige un hombre de lujo como Formell.

Me satisfizo del encuentro más de una figura. Ningún consagrado, lógicamente. No Yuliesky, no Rudy, ni Cepeda. Solo los jóvenes con mucho por demostrar, y además con talento para hacerlo, pudieron dejarme pleno.

Pablo M. Fernández y Alain Delá, por ejemplo, sendos portentos donde los haya. El control del primero y la curva del segundo; la ecuanimidad de ambos. Comparable, a su vez, con la explosividad inherente en Guillermo Heredia, que lo hace todo, y todo lo hace bien. Y solo le falta batear a la zurda y, quizás, pegar otro tanto de jonrones.

Cuestión esta última de la que no padece Yosvani Alarcón, quien, a mi juicio, debiera dejar lo arreos, no vaya a ser que le estén robando tiempo. Físico limpio este tunero.

Eso sí, no me gustó que Lednier Ricardo jugara tan poco, y mucho menos que no lo mencionaran en la presentación de los atletas. ¡Que se paren ahí, a anunciar las figuras, y que la lista sea una lista vieja!

El del domingo, no obstante, fue un juego diferente. A partir del martes, con la reanudación de la nacional, bajaremos a la tierra.

Cuando una estrella cae, la tradición, la costumbre o el cliché popular dicta que se debe pedir un deseo. El telón, foristas, acaba de caer. Pidamos entonces por nuestro béisbol. Y el que tenga un Elegguá, que le inmole un chivo y que luego lo eleve a la altura de un montículo.

Y oremos, si se quiere, en silencio, porque aquí todos saben lo que hay que pedir.