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Juego de tronos (+ Fotos)

Si yo no entendiera el béisbol hubiera dejado mi sitio en el Latinoamericano durante el primer cara a cara entre Pinar del Río e Industriales para irme a dormir. Sin carreras hasta el séptimo capítulo, solo cuatro hits en la pizarra, demasiados strikes y los brazos de Yosvani Torres y Odrisamer Despaigne con el absoluto control del partido.

Si yo no entendiera el béisbol este panorama sería aburrido, pero yo entiendo, al menos eso creo, particularmente el cubano, en el que los jonrones sobran y los duelos a ceros andan por el mismo camino de la extinción de los Tiranosaurios rex. Por eso, cuando caigan argollas una tras otra no se acueste, la emoción puede llegar al instante, sobre todo si los contendientes se empeñan en desatar un verdadero juego de tronos.

Tal es el caso de Pinar del Río e Industriales, dos novenas tan bravas como exitosas, capaces de arrastrar, en una noche ligeramente fría y con escaso transporte en la capital, a casi 30 mil aficionados para colmar las gradas del imponente Latino. Sus duelos han quedado enmarcados ya como uno de los clásicos del béisbol cubano y este martes demostraron los motivos.

Excelente defensa, magistral pitcheo y por consiguiente un bateo mermado caracterizaron el primer pleito entre el actual campeón nacional y el cada vez más líder de la Zona Occidental. Pativerdes y azules dieron uno de esos choques que proveen una bocanada de aire al marchito torneo, que a veces da la sensación de estar detenido en el espacio y su movimiento lastrado por una fuerza soberana.

Los clásicos son mágicos, desatan la pasión y aceleran los latidos de la serie, más cuando los involucrados palpitan la rivalidad palmo a palmo, sin dar tregua en el diamante. Odrisamer y Torres lo interpretaron así mientras la mente y las fuerzas los acompañaron. El derecho vueltabajero fue víctima de un atrevido corrido de bases de Lisbán Correa, quien desafió todas las leyes físicas con la bola escuchando la conversación.

El máscara giraldillo no corre, se transporta en el aire impulsado por brisas tan suaves que a veces parece no avanzar, como si estuviera sujetado con firmes cadenas. Aún así llegó a tercera y anotó después la primera del desafío impulsado por uno de los Chirinos, dicen que Irakli, quien perfectamente podía llevar el traje de Irait. Ventaja mínima y Odrisamer a ritmo de no hit no run inyectaron a Industriales, que en el octavo acto amplió la brecha y decidió el choque.

Lo que vino después, si yo no entendiera el béisbol, me hubiera abrumado hasta tal punto que nunca más incurriría en el esfuerzo de comprender este deporte. David Castillo rompió el encanto de los ceros en la casilla de los hits cuando más duele, a tres outs del triunfo, y después, en duelo irrespetuoso, dejó en evidencia el brazo de Carlos Tabares.

Lorenzo Quintana soltó otro cohete y hurgó en el orgullo herido de Odrisamer, quien debió abandonar antes el box con la faena cumplida, ocho entradas con un sencillo y victoria en el bolsillo. Pero Lázaro Vargas no lo vio así y ya fue demasiado tarde para evitar la debacle que el propio serpentinero capitalino desencadenó con una actitud reprochable.

Golpes, empujones, gestos desagradables, palabras bien pronunciadas aunque fuera de lugar, agresiones verbales y físicas del público, y lo que es peor, agresiones de los peloteros al "respetable", desenfundando bates cual espadas del verdadero Juego de Tronos (la serie), desdibujaron uno de los mejores encuentros del presente campeonato.

Al jugador, como a cualquier mortal, le corre sangre por las venas y permanecer inamovible ante ofensas e insultos es una cuestión bien difícil, pero deben tener muy claro que conservar la compostura es un deber tan sagrado como correr acertadamente las bases o despachar cuadrangulares.

No menciono nombres, sería una total indecencia hacerlo sobre la base de la especulación sin conocer realmente a los protagonistas. Las cámaras de la televisión pueden esclarecer los hechos, tanto como la opinión y el criterio de los árbitros que controlaron según pudieron el barullo que opaca un gran partido entre dos destacables novenas, cuyo comportamiento es lamentable, pues pisaron sus coronas, totalmente irreverentes a su pasado y a su historia.

Si yo no entendiera el béisbol, todos estos hechos apenas trascenderían para mi y no estaría, a las dos de la madrugada, despierto y escribiendo mientras intento llegar a la casa. Pero no se preocupe, afortunadamente yo lo entiendo, por eso hoy estaré de nuevo en el Latino, tal vez disfrute otro juego de tronos.

Foto: Yamil Lage/Cubadebate

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