Strike 3: La culpa no es de Urquiola
Como se ha hecho habitual en la última década, perdimos otro torneo beisbolero. Fuimos con el equipo grande, el resto no, pero perdimos. Entrenamos durante varios meses, los demás no, pero perdimos. Ha llegado, otra vez, la “hora del lloro y el crujir de dientes”.
Por supuesto, cada cual tiene sus argumentos para explicar este nuevo fracaso. Y la mayoría de las tesis, porque la derrota no es huérfana, recalan en el manager.
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