La mejor de las carreras, o un sueño por las carreteras del cielo

Increíble. Nostradamus no lo habría predicho. Ni Rubiera. Ni el más presuntuoso de los especialistas. Ni tampoco el inventor de las bicicletas. Nadie intuyó jamás que Cuba iba a copar el podio de la ruta ciclística panamericana. Nadie, puesto que de pensarlo solamente, cualquiera se daría una vueltecita por la consulta del siquiatra. Era un pasaje onírico que envidiaría Marcel Proust. Pero la realidad construye palacios donde termina la ficción (creo que eso se lo leí a Sabina alguna vez).