
Freddy Asiel Álvarez
A veces me han tildado de "hipercrítico". Y tal vez tengan razón. Pero ocurre que no puedo contenerme cuando veo ciertas cosas que veo. Cosas que, decididamente, me parecen muy mal.
Hago esta introducción porque hace unas horas presencié con horror el manejo del pitcheo en el juego contra Italia. Fue una movida absurda, insensata y arcaica. Algo que, la verdad, no esperaba que le ocurriera a Urquiola.
El pinareño, como he dicho en no pocas ocasiones, es el manager más convincente que han tenido los team Cuba en muchos años. Por lo menos, desde los tiempos en que dirigía su coterráneo Jorge Fuentes. Y justo por eso se me antoja más ilógica su decisión de anoche.
Usted sabe: me refiero al capricho de dejar a Freddy Asiel abrir la octava entrada, una vez que el encuentro ya estaba cinco a cero. Todavía no entiendo la razón. Dicho literalmente, fue por gusto.
No pretendo ofrecer una clase de táctica, porque no estoy capacitado para ello. Pero de sobra sé que, hace ya bastante tiempo, la norma dicta que el relevo está para emplearlo, y que no siempre hay que acudir a él cuando el agua comienza a colarse en la nave.
¿Para qué, entonces, llevamos a diez pitchers? Si han transcurrido cinco choques y aún Hinojosa y Norberto no han subido al montículo, y otros como Jonder y Odelín apenas han tenido actividad. Nada, que nos aferramos a los abridores como el náufrago a la tabla...
Vuelvo al juego de marras. Freddy salió al box en el octavo, y unos minutos antes la televisión había captado a Norberto y a Pedroso en el bullpen. Es decir, que existía la intención de relevarlo. Pero, intuyo, esa intención se limitaba al caso de emergencia.
Al derecho naranja le pegaron hit y doble en ese inning, no sacó ningún out y fue sustituido por Alberto Soto. Llevaba trece ceros sucesivos en la Copa y, sin necesidad alguna, vio rota la racha.
Es un mal que no afecta solamente al equipo absoluto. La enfermedad golpea a toda la pelota nacional. Se habla constantemente de especialización, pero no se respeta ese concepto.
Ojalá que, más pronto que tarde, empecemos a jugar la pelota moderna.