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Marionetas de la oposición de Libia dicen que están por ganar

Publicado el 18 agosto 2011 en Especiales,Opinión,Política
Publicado por: Cubadebate

Las balas trazadoras sobre el cielo de Trípoli.

Las balas trazadoras sobre el cielo de Trípoli.

La Arena

La guerra civil en Libia fue pasando por varias etapas, en lo político y en lo militar, convirtiéndose en guerra nacional.

Primero fue una guerra civil o enfrentamiento de dos bandos internos que dirimían sus diferencias a los tiros. Eso fue en febrero de este año, y por diferencia de peso específico, el gobierno de Muamar el Gadafi llevó allí la mejor parte. Los rebeldes se atrincheraron en Benghazi, al este, aunque también promovieron levantamientos en Brega, Misurata y la capital, Trípoli.

Otro momento se inició en marzo, con la intervención armada de la OTAN. La guerra civil tomó aspectos de guerra nacional, pues las potencias imperiales intervenían a favor de los “rebeldes”, ahora con comillas porque se develaba que eran peones de los grandes países interesados en el petróleo libio. La combinación de guerra civil con guerra nacional dejaba un margen político para Khadafy, que buscaba reverdecer laureles anticolonialistas de la década del ´70. Se sabe que en los últimos veinte años el presidente se reconcilió con los peores jefes de los imperios, George Bush incluido.

Sin embargo esa ventaja política para el gobierno, que aparecía como “patriota” a los ojos de una parte de su población, se redujo en el plano militar. Es que los constantes bombardeos de la OTAN afectaron a sus tropas, tanques y aviones, que ya no tuvieron la capacidad de moverse a voluntad.

De todos modos las tropas gubernamentales siguieron dominando el escenario. Entre marzo y mayo pasado, los hombres de Khadafy recuperaron varias de las ciudades que habían perdido, algunas de importancia como las ciudades portuarias de Brega y Ras Lanus. Los opositores confiaban en la llegada de armas y dinero de EE UU y la OTAN, así como de los gobiernos árabes más alineados con Washington (Arabia Saudita y países del Golfo).

Además se concentraron en pedir los reconocimientos políticos a su Consejo Nacional de Transición Libia (CNT) con asiento en Benghazi. Eso buscaba apoyo diplomático pero también financiero. Si eran reconocidos como autoridad legítima podrían quedarse con los depósitos del país en el mundo, calculados en 160.000 millones de dólares.

Y en eso tuvieron éxito. Francia fue la primera potencia en reconocer el CNT. Hasta la primera quincena de junio ese reconocimiento había sido hecho por once países: además de aquélla, Qatar, Gran Bretaña, Italia, Gambia, Malta, Jordania, Senegal, España, Australia y EE UU.

Ese apoyo político dio más respaldo a los raids criminales de los aviones de la OTAN, cuyo secretario Anders Fogh Rasmussen se limita, de vez en cuando, a decir que lamenta la pérdida de vidas de civiles. Las bombas siguen cayendo sobre la población. Esas cínicas declaraciones parecen un revival de los “daños colaterales” teorizados por el Pentágono, la OTAN y sus voceros en casos similares de Iraq y Afganistán.

Desastroso CNT

Los jefes del CNT han demostrado aptitud para negociar que la coalición atlántica intervenga en Libia, pues de lo contrario la guerra civil iba a cerrarse con una segura victoria de Khadafy. Y también han sido eficaces para tramitar cuantiosa ayuda militar y financiera que no se ha visto en el campo de batalla; muchos piensan que esos fondos fueron a parar a cuentas personales.

Y hay mucha plata en juego. Francia anunció millones de dólares en concepto de ayuda, seguida de EEUU, Holanda e Italia. Esta última, poco bondadosa, aclaró que los 400 millones de dólares que aportaría estaban garantizados por depósitos de Libia en sus bancos. O sea que no ponía ni una moneda propia…

Las armas modernas entregadas a los “rebeldes” podrían haber sido revendidas a contrabandistas, que las harán plata en otros frentes bélicos del mundo o quizás en la misma Libia.

Así de mercenarios y poco dados a la lucha son los amigos libios de Hillary Clinton, Nicolas Sarkozy, David Cameron, Silvio Berlusconi y Angela Merkel.

Lo que los integrantes del Consejo de Transición tuvieron claro de movida, o se lo clarificaron sus jefes europeos y estadounidenses, es que necesitaban armas extranjeras para bombardear. Y que eso demandaba de agencias de publicidad y medios de comunicación para lavar esos crímenes propios y endosarlos a Gadafi, poniéndolo como el “malo de la película”.

Así fueron contratados “los servicios de al menos dos de las principales agencias de relaciones públicas Norteamericanas, para ´asesorarlos y ayudarlos´: The Harbour Group de Nueva York y Patton Boggs, de Washington”, asegura Alfredo Embid en su artículo “Desconstruyendo las justificaciones de los crímenes de la OTAN” (Boletín CIAR).

El panorama de la guerra se fue haciendo un poco favorable a los enemigos de Khadafy, luego de cinco meses de bombardeos. Pero vieron afectada su imagen ante el mundo al asesinar a su propio jefe militar, el ex ministro del Interior del gobierno libio, general Abdel Fattah Younes. Sumado a la oposición proestadounidense, fue asesinado por sus subordinados el 28 de julio en Benghazi. Aparentemente la autoría fue de la Brigada Obaida Ibn Jarrah, sospechada de vínculos con la red Al Qaida.

Los hijos de la víctima reclamaron justicia para con los verdugos amenazando que, en caso contrario, su tribu (Obeidi) y sus 400.000 miembros, lo harán por cuenta propia. Que los “rebeldes” se fagocitaran a su jefe militar y dos oficiales de su círculo íntimo, dio una idea de las diferencias internas que tienen y el modo brutal de dirimirlas. ¿Estos son los que acusan de “dictador” a Gadafi?

Solucionen su crisis

…en vez de cometer genocidio en el norte de Africa. Eso dan ganas de decirle a la administración Obama y sus aliados de la Unión Europea, que gatillan bombas y misiles contra Libia, preocupados dizque por “dramas humanitarios” en esa zona, mientras millones de estadounidenses y europeos están sufriendo horrores por la crisis internacional incubada por esos gobiernos.

La OTAN siembra la muerte en bombardeos que matan familiares de Gadafi, periodistas en la televisión, familias enteras y hasta a 13 soldados “rebeldes” que cometieron el error de andar en tanques y no informarlo a los cráneos de la fuerza extranjera. “No voy a pedir disculpas”, dijo sobre ese incidente el subcomandante de las operaciones de la OTAN en Libia, el contraalmirante británico Russell Harding.

El 30 de julio los aviones imperiales atacaron en Trípoli a la oficina de la TV, matando a tres periodistas libios e hiriendo a otros quince. El vocero de la OTAN, el coronel canadiense Roland Lavoine, no tuvo mejor argumento que decir que el objetivo del ataque era suspender “las emisiones del terror”. “La intervención era necesaria ya que la televisión era una parte importante del régimen de Khadafy que servía para aterrorizar a la población civil”, añadió. Más ridículas sonaron sus justificaciones de la matanza del 8 de agosto en Zliten, donde fueron asesinados 85 personas de unas veinte familias.

Lavoine dijo: “teníamos informes de inteligencia de que era un objetivo militar”.

A pesar de estos antecedentes, la Corte Internacional de La Haya, por decisión del argentino Luis Moreno Ocampo, emitió orden de arresto internacional contra… Gadafi, un hijo suyo y otro funcionario. No hay peor ciego que el que no quiere ver. O al que le pagan para no ver.

¿Caerá el presidente libio en manos de sus enemigos? Las agencias internacionales afines a la OTAN vienen agitando en los últimos días con que habría un avance imparable de los “rebeldes” y que éstos habrían sitiado Trípoli. Esos informes aseguran que las ciudades de Zawiya y Sorman habrían sido ocupadas; la primera queda a 50 kilómetros de la capital. La especie fue desmentida por el vocero gubernamental Musa Ibrahim.

El jefe del Pentágono, Leon Panetta, dando por válidas las noticias que más le convienen, se entusiasmó con que “los días del dictador libio están contados”. Más grosero fue el vocero de la Casa Blanca, Jay Carney, quien expresó: “el pueblo libio tiene el derecho a decidir sobre su futuro”.

Justamente, Libia tiene derecho a decir su futuro, sin potencias extranjeras bombardeando sin cesar desde marzo con el afán indisimulado de apoderarse de su petróleo y plantar otra base militar contra cualquier revolución árabe. Haber tardado tanto tiempo en lograr esos objetivos contra un gobierno de poco prestigio mundial como el de Gadafi, revela que los viejos imperios son voraces como siempre pero tienen los dientes picados por la crisis.


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