Dariel "sopló" un jonrón por el centro del terreno
En uno de los partidos más absurdamente turbulentos de la historia -permítaseme la exageración, si es que la hay-, Cuba arrolló hace pocas horas a una Venezuela que trocó en afanes pendencieros lo que debieron ser deseos de jugar a la pelota.
Las primeras señales antideportivas del bando morocho aparecieron en el match que inauguró la competencia. Y este lunes, desafortunadamente, se amplificaron hasta los celajes.
Era temprano aún, y ya empezaba el show del moreno exaltado que manda en el equipo. Quién sabe por qué razones por nosotros ignoradas, salió de su dugout a darle bronca a uno de los árbitros, y a partir de ese instante convirtió el caminito en pasarela.
Como quiera que el choque encontró decisión en los comienzos -esta vez los cubanos no creyeron en pitchers de "apéame uno"-, la impotencia sembró la semilla de la rabia en el contrario, que empujó por la espalda a un hombre que anotaba, y tiró pelotazos a conciencia, y se irritó sobremanera cuando Dariel Álvarez permaneció en el home disfrutando un jonrón por el centro del mundo.
(Las reglas no escritas advierten que contemplar cuadrangulares significa irrespetar al lanzador. Pero esas mismas reglas dictan que la moneda "se devuelve" de otras formas, y no con una sarta de veladas amenazas al oído del supuesto infractor).
Voy a decirlo de una vez, puesto que de callarlo sería un demagogo oportunista: me desesperó la sangre fría que demostró el team Cuba. Sé que fuimos al http://www.juegosalba.org.ve/Medalls/ViewMedalTableLink.aspx?dia=07/18/2011">torneo del ALBA a luchar en buena lid. Sé que somos respetuosos del espíritu que rige en los deportes. Sé que no pretendemos empañar la imagen de un evento que apuesta por la integración de nuestros pueblos. Pero vamos, que todo tiene un límite.
Demasiadas payasadas debimos soportar para colmar la copa. Eso, hasta que el lanzamiento wild del matancero Yohan Hernández, con la consiguiente reacción del bateador venezolano, oxigenaron aquel fuego que llevaba rato ardiendo en las arterias del equipo cubano. Un equipo que entonces ya no pudo seguir acatando las órdenes de su dirección, plantó bandera y dejó claro que allá fuimos con ganas de abrazar, pero que igual sabemos apretar los puños.
Más allá de conatos de reyerta, protestas y expulsiones, poco que reseñar hubo en el juego. Desde el box adversario, un tal Sequea recibió más impactos que un elefante en un polígono, y el relevista Azócar -autor de veinticuatro muecas por segundo- compartió su suerte. Lo demás fue puro trámite.
Por la parte antillana, Iday Abreu hizo el cambio indicado y mejor no le pudo salir: colocó a Molinet de cuarto bate, y el santacruceño hizo fiesta y pachanga con par de jonrones y un doblete, más un chorro de carreras impulsadas. Además, el manager puso en el sexto turno a Southeran, con Eriel seguidamente. El nuevo line up pagó con creces: tanto, que del tercero al quinto bate no faltaron los jonrones.
A estas alturas, mis detractores dirán: "¡Qué milagro, Contreras, todavía no has empezado con las críticas!". Pues aquí van unas perlas: ¿Por qué Miguel Lahera salió a tirar el sexto, ya con el juego 8x1 y con tres lanzadores de reemplazo en el bullpen? ¿Y qué es eso de ponerse a esperar en el home plate una vez que el score es ampliamente favorable? Lo hicieron Barcelán y Monteagudo, y a los dos los dejaron con la carabina donde le gustaba ponerla a Salamanca...
Y ya que hablé de Lahera, les confieso una cosa que suele sucederme con el artemiseño: un día se me antoja colosal, y en la otra apertura tan solo me parece por encima de la media...
En el choque en cuestión, el muchacho dominó, repartió algunos ponches, apenas permitió una anotación, pero raras veces dio la impresión de estar arriba en la eterna batalla sicológica con el bateador. Esa batalla que, digamos, siempre vimos ganada en los ojos de Lazo, o en los gestos armónicos del Vera de antaño.
Es una apreciación muy personal que ojalá usted no comparta.