
Yasel Puig, de Cienfuegos. Foto: Ricardo López
Cuentan los zoólogos que el elefante siente un extraño respeto por la muerte. Dicen que el animal vislumbra el fin y se separa de la manada para exhalar el último suspiro en solitario. Justamente por eso, la mitología africana sustentó la creencia de los cementerios de elefantes, lugares donde los paquidermos moribundos se despedían de la vida. Lugares, usualmente, muy próximos al agua de los ríos. Algo de cierto debe haber en la leyenda, pues Cienfuegos "murió" en las inmediaciones del Cuyaguateje...
Fue un play off emotivo, en el que los bandos probaron su destreza con armas diferentes: ora un fildeo memorable, ora un batazo tremebundo, ora una gran faena desde el box. Un play off que, inclusive, cerca estuvo de llegar al séptimo partido.
Cienfuegos dio batalla, y cayó con la dignidad del elefante. Le puso alma y corazón a su juego final en Pinar, y logró que la serie regresara a sus predios. Pero allí, con la ilusión a tope, vio encaramarse en la lomita a un domador apellidado Torres. El mismo que, poco tiempo antes, les había quitado las espuelas a los Gallos.
Esa noche, poco pudo la tropa sureña ante su público. Poco, aunque de todos modos casi logra la victoria, si no fuera porque a Leyva le decretaron un out inexistente en la intermedia. Mas no valen las justificaciones: en verdad, Pinar lució mejor en el combate.
La novena que dirige Iday Abreu pinta en grande. Pronto -de seguro en la temporada venidera- volverá a abrirse un hueco en los play offs, y volverá a llenar de sueños a su gente. Arsenal sobra allí para sacar boleto rumbo a la esperanza. (Ojo: el rolling que pifió Erisbel Arruebarruena lo pifiaban Germán y Giraldo, Willy Miranda y Ozzie Smith. No le quedaba otra que ir hacia delante, y la bola dio un bounce brusquísimo y artero. No es su culpa).
Muchos años llevaban en la Perla a la espera de un momento como éste. Lo tuvieron, olisquearon el perfume del trofeo, y aun algunos se apuraron en repicar campanas. Ello, empero, no se me antoja censurable: la pelota se vive con esa fuerza más.
El asunto es que solamente uno podía seguir en el camino. Sobrevivió Pinar; cayó Cienfuegos. El terreno favoreció a la historia. Viejo hábito.