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¡Que realmente se pongan de pie los verdaderos terroristas!

17 abril 2011 | 2

Lawrence Wilkerson Hace varias noches (el 6 de abril), vi el documental “Que se pongan de pie los verdaderos terroristas” en el West End Cinema en Washington. Seis meses atrás, Saul Land, su realizador, me había entregado una versión en DVD sin editar la cual vi, pero no estaba preparado para la versión final con todas las secuencias obtenidas en el reciente viaje de Saul a Cuba y la impresión de verlo en pantalla grande.

Pero las secuencias adicionales de la isla y la pantalla grande no fue todo lo que hizo a la versión final más electrizante. Fue, en definitiva, el aspecto pro-cubano de la película lo que me asombró.

Y estaba claro que este aspecto pro-cubano no estaba invocado por el realizador sino por la historia. Quizás, me dije, yo sabía mucho de esta historia, intelectualmente, académicamente, pero nunca lo había visto frente a mí de forma tan gráfica, en un paquete cinematográfico tan riguroso que parecía salirse de la pantalla casi en sincronía con el latir de mi pulso.

El telón de fondo del documental son las relaciones Estados Unidos-Cuba desde la Revolución de 1959 hasta la actualidad. Esas relaciones fueron descritas con bastante exactitud, sin dejar ninguna duda acerca del por qué, cuando Theodore Roosevelt se refirió a la isla como “esa infernal pequeña república cubana”, aunque Roosevelt fue de una generación muy anterior a la revolución. Esto es principalmente porque la naturaleza unilateral de la política de Estados Unidos ha sido la misma desde 1823 hasta el presente. El comentario de Roosevelt demuestra lo mal que Estados Unidos había tratado a su vecina isla desde los comienzos de nuestra república, mucho antes de la revolución cubana, mucho antes del dictador Fulgencio Batista, mucho antes de que la mafia norteamericana tomara La Habana, mucho antes de que Fidel Castro gritara “¡Basta!” desde la Sierra Maestra, mucho antes de que Jesse Helms desplegara su latente racismo contra los cubanos. Un tratamiento tan malo, de hecho, que el retrato del mismo que hace un experto director de cine, aunque fugaz, lo hace a uno llorar por su país y su política. Dudo que haya habido una sola persona en la audiencia esa noche que sintiera algo diferente, excepto quizás los varios cubanos que estaban presentes, quienes probablemente lloraron por “el coloso del norte” también, aunque por razones diferentes.

Y después estaba el punto principal, el punto expresado en el título de la película.

Mostrado de una forma clara y documentado vívidamente estaba el hecho de que Estados Unidos patrocina el terrorismo. Posada Carriles y Orlando Bosch tienen matices que los asemejan con Osama bin Laden y Aman al-Zawahiri, los viles líderes de Al-Qaeda. En la película Posada y Bosch llegan incluso a decírnoslo en sus propias palabras. Además, parecen regocijarse en ello, mientras viven hoy en día tranquilos y sin ser molestados en Miami; de hecho, como héroes entre los ignorantes batistianos que reniegan de quién los sostiene. Ninguno de estos hombres tiene siquiera a su favor el ascetismo religioso que algunos argumentarían que les da a bin Laden y Zawahiri un reticente respeto; por el contrario estos dos terroristas parecen ser precisamente lo que el documental describe, hampones criminales.

Ya sea derribando un avión civil cubano con más de 70 personas a bordo- incluyendo los miembros del equipo juvenil cubano de esgrima- o asesinando un joven italiano en un hotel de La Habana, estos terroristas parecen regocijarse con lo que han hecho, declarando, tanto con sus palabras como con sus expresiones faciales, que tales muertes son daños colaterales de la guerra.

¿Guerra? Sí, una guerra hecha desde territorio de Estados Unidos – principalmente desde el estado de La Florida- y contra otro país soberano. Una guerra que continúa hasta el día de hoy sin que Estados Unidos haga prácticamente nada para detenerla y, como el documental describe de forma sutil, de vez en cuando incluso ayudando e incitando a los terroristas que la llevan a cabo.

En su día, por supuesto, los dictados y miedos de la Guerra Fría ofrecieron un viso de credibilidad a esta Guerra llevada a cabo desde nuestras mismas costas y en contra de las leyes de nuestro propio país. Como soldado de Estados Unidos durante 31 años, participé en esa pelea ambigua la mayor parte de mi vida profesional, así que comprendía que sus exigencias, aunque de forma imperfecta, algunas veces se satisficieran. Pero la Guerra Fría acabó hace casi 20 años. No es el caso, sin embargo, con la Guerra no declarada contra Cuba.

Quizás el mejor resumen cinematográfico de esta realidad fue presentado en el documental por nada menos que la actual presidenta del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Ileana Ros-Lehtinen, quien declaró, para que todos la escucharan y vieran, que ella le daría la bienvenida al asesinato de Fidel Castro. Sin importar cuán cínico uno pueda haberse vuelto, ese es un escándalo increíble. Una congresista de Estados Unidos pidiendo el asesinato de un líder de otro país- la demostración más increíble y atroz de esta Guerra no declarada con Cuba.

De una forma más gráfica y desconcertante, sin embargo, el documental va a mostrar esta continua guerra ilegal a través del caso de los Cinco cubanos. Estos son los cinco agentes cubanos de inteligencia que en los años 90 fueron enviados a la Florida para ayudar al gobierno en La Habana a defenderse mejor en esta guerra no declarada.

Sabemos un poco de esta historia. Después de infiltrarse en las filas de los terroristas cubano-americanos en La Florida, ellos reunieron información acerca de las actividades terroristas planificadas contra Cuba. Alarmados de lo que habían conocido, informaron a su gobierno en La Habana. Ese gobierno, alarmado a su vez, confió en el FBI, con la esperanza de que esa agencia de orden público actuara a partir de la evidencia acumulada y disolviera los grupos terroristas en La Florida. Por el contrario, el FBI – seguramente a instancias de la Casa Blanca – utilizó la información para identificar a los cinco agentes cubanos y arrestarlos. Más tarde ellos fueron juzgados en un tribunal de Miami, que es como juzgar a un espía israelita capturado en Irán en un tribunal de Teherán.

Sorpresa, sorpresa, los Cinco no sólo fueron hallados culpables, sino que 12 años después ellos todavía se pudren en prisiones federales norteamericanas, donde el “peor” de ellos tiene un premio de dos cadenas perpetuas.

En el peor de los casos, estos cinco cubanos eran “agentes extranjeros operando en territorio norteamericano”, un delito que equivale a 18 meses de cárcel bajo las leyes norteamericanas. Como el documental deja bien claro, sin embargo, la práctica norteamericana normal – para los rusos como Anna Chapman, por ejemplo- es la deportación. Por el contrario, estos hombres todavía languidecen en prisión. ¿Quizás si hubieran sido mujeres provocativas…?

Cuando el documental termina y las viñetas cortas y escuetas aparecen, intercaladas entre los créditos, los principales puntos son recalcados hábilmente por algunos de los principales caracteres del documental.

Mientras estos caracteres recapitulaban desde la pantalla, no creo que haya quedado ninguna duda en la mente de nadie en esa audiencia- cubanos o norteamericanos- acerca de quién realmente es el “verdadero terrorista” en las relaciones Estados Unidos-Cuba.

Sin embargo, la pregunta que tenía que estar dando vueltas en la mente de todos mientras salían del teatro – de nuevo cubanos y norteamericanos- era ¿qué hacer acerca de esto?

De la misma forma que la incapacidad de cerrar la prisión norteamericana en Guantánamo, la extensión de las medidas draconianas de la metodología para el “encubrimiento de seguridad nacional” en los tribunales a lo largo de Estados Unidos, las partes de la Ley Patriota que usurpan las libertades civiles, los tribunales militares para personas como Khaled sheik-Mohammad, y una letanía interminable de actos peligrosos e ilegales por parte del gobierno de Estados Unidos en nombre de una seguridad perfecta y corrupta, los intereses políticos especiales, el caso de los Cinco cubanos, y todo lo que representa para las relaciones Estados Unidos-Cuba, mancha la estructura misma de nuestra república democrática.

Recientemente, un veterano de la CIA con una larga hoja de servicios escribió unas memorias, que aunque redactadas duramente, son extremadamente elocuentes y convincentes de sus días en esa agencia, días que incluyeron el más intenso período de nuestra llamada Guerra Global contra el Terrorismo durante las administraciones de George W. Bush. Esta es una de sus conclusiones finales en esas memorias:

“Vi que algunos de nuestros líderes, en su estrechez de conceptos y certeza moralista, corrompieron las leyes y comenzaron a corroer nuestro pacto social. Nosotros, sin embargo, podemos llevar a cabo acciones para reducir a esos hombres, y reafirmar así el compromiso de nuestra sociedad con nuestros principios, nuestras instituciones y el estado de derecho.”

Esa es la respuesta a nuestra pregunta y Saul Landau ha llevado a cabo una poderosa acción.

(Tomado de The Havana Note)

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  • JoséM dijo:

    Lawrence, no conozco el documental (pero si la historia), pero si al menos en la cuarta parte de los que lo vieron y lo verán produce el mismo resultado, entonces creo que hemos avanzado algo. ¿Alguien pensó que lo que decimos aquí era mentira y exagerado? No, es crudo, esa “guerra” ha hecho mucho daño. Me alegro que al menos usted salió convencido de quiénes son los terroristas. Lo que quizás hay algo que no dice el documental; esa guerra es un negocio para muchos allá, incluyendo los que pudieran ponerle freno.

  • Vicente dijo:

    Que se ponga de pie el gobierno terrorista de los EE.UU.

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