Por Michel Contreras

El granmense Luis Ferrales batea para .800 en plan de emergente
Pedro Medina, quien siempre me ha parecido un personaje inteligente, lo dijo por estos días en un diario: "El regular siempre tiene que jugar (...) El resto son suplentes, y el suplente tiene que estar consciente de que lo es. Claro, también debe tratar de ganarse un puesto y tener presente que en cualquier momento lo pueden poner. Lo más importante para el que no juega es tratar de mantenerse en forma".
El comentario del ex receptor me puso a pensar en la poca importancia que se concede con frecuencia a los jugadores sustitutos, e inclusive en el menosprecio que muchos de ellos mismos sienten por su rol dentro del equipo en que militan.
Craso error. Un campeonato largo es muy difícil de ganar si no se cuenta con emergentes capaces de esgrimir el madero a la "hora buena", jugadores aptos para ocupar el puesto del compañero lesionado, o peloteros suficientemente rápidos que suplan en las postrimerías del choque a algún corredor lento.
¿Cuántos juegos no se han decidido por el hit oportuno de un hombre salido del dugout? ¿Cuántos equipos no han perdido campeonatos por no poder suplantar eficazmente al titular que sufre, por ejemplo, una fractura?
Sin embargo, se sigue subestimando al jugador del banco. Me han contado que en ciertos planteles, los entrenadores de bateo no ponen todo el énfasis en su preparación, confiados acaso en que los regulares son invulnerables e infalibles. Vaya disparate: el mismísimo Linares, un portento, conoció la agonía del slump...
El primero que tiene que darse su lugar es el propio pelotero que aguarda por su oportunidad de juego. Eche un vistazo a los dugouts, y verá que la mayoría de los suplentes no están concentrados en cada detalle del partido, y presencian un inning tras otro en un limbo imperfecto que a menudo les pasa factura cuando tienen que jugar su papel.
La Serie Nacional en curso atestigua con números lo que antes he intentado demostrar con palabras: los equipos que marchan a la cabeza de cada una de las zonas, Cienfuegos y Ciego de Ávila, son justamente los que exhiben mejores promedios ofensivos de sus emergentes.
¿Será casualidad?