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Strike 3: SOS fildeo

Víctor Mesa

Víctor Mesa

Por alguna lamentable razón, el fildeo resulta menospreciado en relación con las faenas monticulares y el empleo del madero. Sin embargo, y en esto seguramente todos concordamos, engarzar la pelota tiene tanto o más de arte que lograr un batazo de jonrón o «clavar» una recta en la esquina del home plate.

Un equipo desastroso con el guante, difícilmente pueda aspirar al campeonato. Y eso es válido para cualquier liga del mundo. Dicho en pocas palabras: hacerlo bien al campo da infinita confianza a nuestro pitcher, al tiempo que preocupa en cierto modo al contrario que ocupa el turno al bate.

Ahora mismo, en Cuba no fildeamos bien, según corroboran los números. Y eso que, en sentido general, nuestros anotadores son remisos a atribuir errores, y todavía los hay que consideran hasta el llamado -e inexistente- «hit de fuerza».

Pues bien, pese a esa tendencia, la Serie Nacional en curso muestra un porcentaje defensivo de solo .971, con elencos como Metropolitanos y Las Tunas promediando por debajo de los .960. Digo más: digo que, entre las dieciséis escuadras concursantes, solamente Ciego de Ávila exhibe dígitos de encomio (.985, producto de apenas 15 pifias en 1002 lances).

Repasemos el estado de cosas en las Grandes Ligas norteamericanas durante los últimos tres años. En 2008, la media del certamen regular fue de .984, y en 2009 se repitió la cifra, para un año más tarde descender tan solo un punto.

Definitivamente, si se pretende llegar a la gloria, el fildeo colectivo debe estar por encima de los .980. Los dígitos de la llamada Gran Carpa hablan claro del interés que allá le ponen a la correcta explotación de la defensa: en 162 juegos calendariados, el torneo más reciente arrojó una media de 101 errores por equipo. Es decir, mucho menos de una pifia por encuentro.

Hay que ponerle énfasis al fielding. Verdad es que el mal estado de algunos terrenos puede propiciar un incremento en el número de errores, pero también lo es que muchos de los jugadores no se concentran lo suficiente cuando cumplen su misión en el cuadro interior o los jardines.

Ah, ¡qué tremendo era ver fildear a Víctor y a Germán! ¡Qué portentosas líneas centrales  disfrutamos en esta pelota! ¡Qué bonito sería que el fildeo -ese hidalgo del béisbol- volviera a enseñorearse entre nosotros!