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Dilma Rousseff, sí van lejos los de atrás

Dilma Rousseff, candidata presidencial en Brasil

Dilma Rousseff, candidata presidencial en Brasil

Casi a pasos de gigante, a pesar de las múltiples piedras que le están colocando sus adversarios en el camino, Dilma Rousseff, la candidata del Partido de los Trabajadores (PT), se apróxima a una victoria electoral que, de conseguirla como aseguran todos los analistas y encuestas, la convertiría en la primera mujer en ocupar la presidencia de Brasil, ese gigante sudamericano, devenido respetado e imprescindible como representante de la región en el escenario político mundial.

Venida de abajo, con escasos índices de intención de votos al inicio de la campaña electoral frente al tradicional y principal contendiente, el socialdemócrata José Serra, la ex presa política de la dictadura militar brasileña y hasta ahora jefa del gabinete ministerial del presidente Lula, emprendió sin tregua  el ascenso en la preferencia del electorado.

De acuerdo con las últimas consultas públicas, la Rousseff, de 62 años, se sitúa con una ventaja de entre 22 y 24 puntos porcentuales en intención de voto por encima de su principal contendiente y opositor José Serra, de 68 años, ex gobernador de Sao Paulo.

Según el politólogo David Fleischer, profesor de la Universidad de Brasilia cuya opinión comparten varios expertos y observadores políticos,  tendría que ocurrir un descalabro muy grande para que la candidata del PT no gane en la primera vuelta el 3 de octubre próximo, fecha en la que no solo se elegirá al Ejecutivo del país sino a 513 diputados, dos tercios de los 81 senadores, 27 gobernadores y todos los diputados provinciales.

Por su parte, datos de Ibope, consultora de referencia en estas lides, arrojan que Rousseff "aventaja al opositor José Serra en 20 de las 27 provincias brasileñas, incluido el distrito federal Brasilia y el estratégico Sao Paulo; empata en 6 y pierde solo en una: Paraná". Asegura que de mantenerse esta tendencia, -que a esta altura dicen es ya irreversible-, el triunfo de la candidata oficialista sería "más espectacular" que el de Lula en la histórica elección de 2002.

Y mucho debe tener de cierto esta afirmación cuando la oposición ha comenzado con sucias escaramuzas que han llegado al punto de presentar ante el Tribunal Electoral una denuncia con vista a anular la candidatura de Dilma, acusándola de la "ruptura del secreto fiscal de la hija de Serra", moción que no prosperó por considerar el órgano rector electoral que no existían  pruebas suficientes de la parte acusatoria para tal solicitud.

En días más recientes, el senador Alvaro Dias, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), el mismo de Serra, anunció su decisión de convocar a la Comisión de Constitución y Justicia del Senado a Rousseff para que explique la denuncia hecha pública en la revista Veja, según la cual un funcionario de la Casa Civil,- ministerio coordinador que hasta marzo comandó la candidata del PT-,recibió un soborno de 117 dólares.
La fuente sugiere que este funcionario habría recibido el dinero como una comisión ilegal a raíz de su participación en la compra del remedio Tamiflú contra la gripe A.
Los adversarios comienzan a dar patadas de ahogado para generar un escándalo tal que influya en el resultado de las urnas así como deslegitimar a la candidata del PT.

Como insisten las encuestas, el hecho inédito es que los socialdemócratas, desorientados en su propia campaña, podrían perder sus tradicionales bastiones electorales como son los estados de Sao Paulo, Río Grande do Sul o Minas Gerais.

En el caso de Sao Paulo, gobernado en los últimos 16 años por el Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB) y donde el propio Serra fue gobernador con buenos niveles de aceptación hasta su renuncia para entrar en la carrera presidencial, el último sondeo de Datafolha revela un giro a favor de la Rousseff. No hay que olvidar que en  ese estado se concentra una buena parte del Producto Interno Bruto (PIB) de Brasil.

El gran tema es que la oposición, con Serra a la cabeza, no ha logrado articular un programa coherente y alternativo a la obra dejada por los dos mandatos del PT y del presidente Lula.

Enemigo acérrimo del actual mandatario, Serra, sin embargo, no ha podido desmentir los resultados de la gestión del Presidente y su legado y aval a un eventual y al parecer inevitable triunfo de la candidata oficialista.

Los errores cometidos por Serra no han sido pocos, entre ellos la sugerencia de que una vez en el poder Brasil realinearía sus relaciones diplomáticas y se alejaría de algunos de sus aliados actuales como Venezuela, Cuba, Bolivia o Irán. De igual forma se ha referido a la necesidad de privatizar servicios básicos que bajo los dos mandatos de Lula fueron restituidos al Estado al tiempo que le fue devuelto algunas de sus más importantes responsabilidades de las que el neoliberalismo salvaje aplicado en ese país lo había despojado.

En ese sentido, Ricardo Ribeiro, analista político de la consultora MCM ha expresado  "no solamente Rousseff construyó una ventaja muy grande, sino que también hay circunstancias positivas para el oficialismo: la economía está bien en términos generales, hay expectativas muy grandes y el electorado parece claramente inclinado a favorecer la continuidad".

Y es cierto, el presidente Luiz Inacio Lula da Silva no es un presidente saliente porque haya sido derrotado en las urnas, sino porque la Constitución le impide aspirar a un tercer mandato consecutivo, pero abandona el Palacio del Planalto con una popularidad de un 80% entre los brasileños, un esperado crecimiento económico de 7% para este 2010, el mayor de los últimos 24 años y con un crecimiento de empleos superior a los dos millones en sólo un año.

Aunque  algunos de sus aliados consideran que un gobierno del PT pudo haber hecho más en materia de justicia social, lo cierto es que bajo la presidencia de Lula 50 millones de brasileños, uno de cada tres, recibieron apoyo con programas como el de Bolsa Familia y logró librar de la pobreza a 21,8 millones de personas.  Datos de prensa apuntan que en el 2008 un total de 18,7 millones de personas vivían con menos de un salario mínimo, cifra que hubiera sido de 40,5 millones de no haberse aplicado las llamadas políticas de transferencia, es decir asistencia social. Agregan que en 1978 sólo el 8,3% de las familias recibían "transferencia de riqueza", mientras que en 2008 esa cifra abarcaba ya al 58,3%.

Las mismas fuentes indican que en los años de mandato del presidente Lula la riqueza del 10% de los más pobres creció seis veces más rápidamente que la del 10% de los más ricos. Cuando hablamos de "riqueza" en las capas pobres estamos refiriéndonos a niveles de  ingresos superiores,  a acceso a la canasta básica sin dificultad, a programas de salud, educación  u otros beneficios de corte social.

No obstante, Brasil sigue siendo el país más desigual del continente en cuanto a la distribución de la riqueza y ocupa el lugar 15 en el mundo en ese rubro.Lo cierto es que los 135,8 millones de brasileños empadronados para votar el 3 de octubre próximo tendrán que hacerlo convencidos de que un gobierno de José Serra sería regresar al modelo neoliberal puro, el más salvaje, el de políticas de shock, el "rompe grupo" de la política regional porque él mismo lo ha prometido.

Un gobierno de Dilma Rousseff sería la continuidad de un modelo que, sin dejar de ser capitalista y favorecer al empresariado y la oligarquía -que se han  beneficiado durante estos dos mandatos de Lula-, ha abierto puertas a la justicia social, se ha impuesto como el negociador por excelencia en el escenario mundial como vocero de la región, forma parte del importante BRIC, grupo de países emergentes integrado, además, por China, India y Rusia con todo el peso que esto representa, ha impulsado al interior de la región el nuevo proceso de integración que lidera la Revolución Bolivariana y que todo el tiempo ha estado apoyado por Brasil, integra con sólidos criterios la UNASUR, embrión de la nueva e impostergable organización regional que no tendrá el malsano tutelaje foráneo y ha llevado al gigante latinoamericano a ejercer un liderazgo continental con el que soñaron siempre todos los sectores brasileños.

El peso que hoy tiene Brasil en la política mundial nunca fue alcanzado por los gobiernos de la burguesía y del neoliberalismo. Dilma Rousseff sería, de alzarse en las urnas con la victoria, una continuadora de fiar.

Las cartas están echadas y el futuro depende de cómo los brasileños ejerzan el voto. De lo que no hay dudas es de que Brasil y el Palacio de Planalto están preparados para recibir a la primera mujer en ocupar la primera magistratura.