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¿Adónde lleva tanta soberbia e impunidad?

Por Elsa Claro

ASEGURAN en Tel Aviv que Israel es la única democracia en todo el Medio Oriente. Si fuera así, habría importantes razones para no proponerse duplicar un sistema que ha puesto al mundo (casi) entero en su contra, según afirma el presidente Shimon Pérez, no sé si jugando con la carta de "la víctima incomprendida" o en estéril coartada para actos deleznables en cualquier lengua, religión o filosofía.

Culpa, y de las grandes, tienen Estados Unidos y Europa. Si las autoridades israelíes imaginaran que esos dos centros de poder mundial iban a reprobarlos en serio, con dureza, no habrían cometido el asesinato múltiple del grupo humanitario que llevaba ayuda para los bloqueados habitantes de la Franja de Gaza.

La conducta del comando de asalto israelí habla de infamia. Dispararon contra un grupo donde había desde un joven turco-estadounidense hasta un anciano con más de 90 años, el arzobispo de Jerusalén, y destrozaron los cráneos de varios, como revelan los estudios forenses. Dejaron tras su abrupta incursión a pacifistas desarmados mal heridos y echaron por la borda a un número impreciso (no se sabe si ya cadáveres o vivos). Todo ello prueba la adopción de una mentalidad y proceder típicos de quienes están habituados al atropello.

Se confirma en enfoques como el de Sicham Leventallos, joven israelí miembro de la organización Rompiendo el Silencio, cuando, al juzgar los acontecimientos de marras, consideró: "Lo más grave es que no se trata de un caso aislado. Lo grave es la normalidad" de esos actos de fuerza. Una normalidad en la que los palestinos carecen de derechos. "Yo tengo una casa, sé que nadie va a entrar en ella. Los palestinos, no. A veces un comandante ordena entrar en una casa de noche porque sí. Para que no olviden quien manda. Y no entramos llamando a la puerta con una sonrisa sino con armas, con golpes, con registros, gritos y patadas. Para que aprendan".

El grupo al cual pertenece Sicham está conformado por ex reclutas que al término de su servicio militar decidieron denunciar las acciones desmesuradas y abusivas del gobierno israelita, usadas de forma cotidiana contra los palestinos. Privarles de sus derechos y dignidad no nos hace mejores, dice el activista, para quien "la ocupación tiene un precio" y provocar miedo en los otros genera a su vez temor y bajeza en aquellos que lo practican sin cuestionarse su moralidad.

Durante décadas, Israel ha venido incautando barcos en aguas internacionales entre Chipre y el Líbano, matando o secuestrando a pasajeros, a veces trasladándolos luego a cárceles israelíes, incluso a prisiones/cámaras de tortura secretas, y manteniéndolos a veces como rehenes durante muchos años, opinó a su vez Noam Chomsky, afamado lingüista radicado en EE.UU. (país al que acusa de permitir lo que hace Israel). El también politólogo es de origen judío y pese a ello y al reconocimiento internacional del cual goza como respetado académico, le vetaron hace poco su ingreso a Cisjordania adonde iba a impartir varias conferencias.

Uno de los pretextos esgrimidos por el gobierno Netanyaju para justificar su asalto a la Flotilla de la Libertad es que transportaba materiales susceptibles de ser usados en la fabricación de búnkers para cohetes. Dejando de lado lo absurdo del argumento -enfatizó Chomsky-, si Israel estuviera realmente interesado en detener los cohetes artesanales de la organización palestina, sabe exactamente lo que debe hacer: aceptar las ofertas de alto el fuego. En ese terreno el profesor recuerda que en junio del 2008, Israel y Hamas pactaron una tregua de ese tipo. "El Gobierno israelí reconoce formalmente que hasta tanto Israel rompió dicho acuerdo el 4 de noviembre e invadió Gaza y mató a media docena de activistas de Hamas, ellos no dispararon ni un solo cohete".

Hamas ofreció armisticio similar después -insiste Chomsky- y el gabinete israelí rechazó la oferta, "prefirió lanzar su asesina y destructiva operación Plomo Fundido el 27 de diciembre" (2008). Desde el 2006 habían impuesto el bloqueo de Gaza, acción emprendida también como castigo por la "osadía" del maltratado pueblo al elegir como sus legítimos representantes a los de Hamas. No es sólo penitencia, forma parte del plan para separar Gaza de Cisjordania, apuntan otros especialistas.

Varios políticos sudafricanos, tras visitar ese trozo de territorio bloqueado por mar y tierra, consideraron que lo impuesto a los habitantes de Gaza podía considerarse peor que el mismísimo apartheid. Es una opinión calificada y da medida del castigo impuesto y qué mueve a emprender el envío de medicinas, alimentos, materiales de construcción, por parte de personas ("derechistas, izquierdistas, liberales, conservadores, ateos, islamistas, musulmanes, cristianos, judíos y budistas de todos los rincones del mundo"), según Bülent Yildirim, presidente de la IHH organizadora de la flotilla, ONG con un amplio expediente: socorrió a las víctimas del Katrina en EE. UU., a los damnificados por los terremotos en Italia, Grecia y Haití y ha llevado ayuda a Afganistán, Iraq, Bosnia y diversos estados de Africa.

¿CONTRA EL MARMARA?

La tibieza de la Administración Obama, fiel al postulado estadounidense de cubrir las espaldas de Israel haga lo que fuere, llegó al extremo de ni siquiera exigir una investigación fiable sobre los hechos perpetrados fuera de sus aguas patrimoniales y, por lo tanto, violaron también en ese extremo la legislación internacional.

De acuerdo con los trascendidos hasta el momento de emprender este razonamiento, se pretendía crear una comisión sólo formada por israelíes o de éstos con un fiador norteamericano pese a que la ONU propuso que se hiciera una comisión con expertos de varios países para buscar una neutral objetividad en el estudio de los sucesos.

Es de imaginar que si desde el inicio el Gobierno de Benjamín Netanyaju ha querido tergiversar la índole de los componentes de la flotilla, acusándolos de tener vínculos con Al Qaeda o hasta de ser terroristas, y si tiene en su poder, de forma manipulable, las embarcaciones, muy difícilmente resulte algo serio de una autoinvestigación mediatizada desde el inicio por criterios en parte dirigidos hacia la propia población judía, ante la cual deben justificar los agresivos actos y afirmar que se defendían de una "amenaza externa". Las decisiones políticas oficiales del siniestro abordaje quedarían sepultadas en la explicación más pusilánime.

Sobre todo, para ocultar factores como los expuestos por algunas fuentes con un dato escalofriante: las tropas elites que avasallaron a los voluntarios desarmados llevaban una lista de 16 personas sentenciadas de antemano. Todas destacados activistas defensores de los derechos del pueblo palestino.

Si se comprueba, sería otro elemento de acusación para darle base al posible enjuiciamiento de Israel, propuesto por algunos cooperantes que, en principio pretenden incriminar al Estado hebreo por cargos como piratería y el asesinato de por lo menos diez civiles. De antemano cabe dudar del éxito de esa empresa dado el casi completo silencio de los máximos gobernantes -avezados o recientes- de los países más poderosos. Las protestas han corrido a cargo de las diferentes poblaciones. Faltan voces de talla que hagan otro tanto.

Si sobre algo no hay dudas es en cuanto al rechazo que acumula Israel y el poco margen que les deja a sus protectores, excesivamente tolerantes con este agresivo socio al cual continúan escudando, o por ocultar ellos también culpas parecidas a las cometidas por tan avezado pupilo