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Menos mal que existen los que tienen mucho que perder

Adán, Parlamento Europeo

En algo coinciden las malas y las buenas novelas policiales para encontrar al asesino: el camino más corto es buscar al beneficiado.

El reciente aluvión mediático desatado contra Cuba no es la excepción: en enero comenzaría el mandato español en la Unión Europea, y el gobierno ibérico había anunciado su propósito de impulsar un cambio en la aznarista «posición común» que subordina la normalización de las relaciones con la Isla al cumplimiento de condicionamientos acuñados en la Casa Blanca; en diciembre, como si  se calculara macabramente el tiempo para llegar al clímax en enero, Orlando Zapata era alentado a mantener hasta la muerte una huelga de hambre con exigencias (teléfono, televisor y cocina privados)  imposibles en cualquier prisión, incluyendo las del Primer Mundo. EE.UU., y sus ventrílocuos de la República Checa y  Alemania, habían adelantado su oposición a modificar la política hacia Cuba, por lo que la presencia de sus diplomáticos en las puestas en escena -dizque manifestaciones-  para los medios acreditados en La Habana sería innecesaria y hasta torpe sino contara con la complicidad de los disciplinados corresponsales que acuden a  cumplir al pie de la letra las instrucciones recibidas sin hacer ni hacerse demasiadas preguntas.

El titular impactante para sus coberturas sería: «Funcionarios de gobiernos involucrados en la ‘Guerra contra el terrorismo'» junto a personas pagadas por terroristas procesados en tribunales norteamericanos», pero tanto corresponsales como diplomáticos saben muy bien que la conexión «Luis Posada Carriles-Santiago Álvarez- Damas de Blanco- Diplomáticos Occidentales en La Habana», documentada hasta con audio y video, no puede ser noticia para una prensa tan libre que está obligada a utilizar el eufemismo de «militante anticastrista» para el autor confeso de la voladura en pleno vuelo de un avión de pasajeros.

Creada la corriente, el gobernante Partido ¿Socialista? ¿Obrero? Español terminó sumándose al coro anticubano en el Parlamento Europeo y tras leer las declaraciones de sus dirigentes nos preguntamos seriamente si Cantinflas dejó descendencia entre los políticos de la Península; es muy previsible que, alentada por su consecuencia, la campaña en marcha dure hasta junio, fecha en que concluye la jerarquía hispana en Bruselas.

Para algunos es muy sencillo hacer campaña contra Cuba. La repetición de determinados clichés que se apoyan en reflejos condicionados por la propaganda anticomunista y la magnificación de las carencias económicas originadas en primer lugar en el bloqueo norteamericano, facilitan presentar ante su público la demonización del socialismo cubano. Magnifican las consecuencias de las acciones del gobierno estadounidense, convirtiéndolas en materia prima de los estereotipos con que todos los días operan los grandes medios para referirse a lo que ocurre en la Isla:

1. Cincuenta años de agresiones obligan a organizarse para la defensa: «sociedad militarizada».

2. Bloqueo económico, sin acceso al comercio y los créditos: «el país está en ruinas, la Revolución es un fracaso económico».

3. Crean una quinta columna con financiamiento exterior y apoyo de algunas embajadas la cual actúa de manera provocadora, cuando en última instancia se actúa contra ellos: «se reprime a los luchadores por las libertades y los derechos humanos».

4. Se exagera y saca de contexto determinada coyuntura, por ejemplo, el desabastecimiento de productos del agro posterior a los huracanes de 2008 hizo a algunos medios pronosticar «hambrunas» en Cuba. En 2009 la UNICEF ubicó a la Isla como la nación con menor índice de desnutrición infantil en América Latina pero la gran prensa no se enteró.

El diario madrileño El País es quizá el que más se preocupa y ocupa por hablar sobre Cuba, tanto que ha llegado a confundir a Elpidio Valdés con un vampiro. Sin embargo, su compromiso no puede ser con la libertad de expresión de los cubanos: el mismo periódico que «descubrió» y distinguió precozmente el blog de Yoani Sánchez con el Premio Ortega y Gasset, ha censurado sistemáticamente a relevantes intelectuales de la Isla como Fernando Martínez Heredia y Guillermo Rodríguez Rivera, mientras que su cercana Editorial  Alfaguara -también, como El País, propiedad del Grupo PRISA- tiene prohibido publicar a quienes viven en Cuba.

Tampoco es la preocupación por la vida ajena lo que moviliza la jauría mediática: si en marzo y abril de 2003, en plena masacre de W. Bush en Iraq y  con los extremistas de Miami gritando Iraq Now, Cuba after, disfrutaron la piratería contra barcos y aviones cubanos, y tres secuestradores de una embarcación civil fueron convertidos por la industria mediática en «disidentes», hoy los piratas del Cuerno africano mueren entre los aplausos de los mismos medios que entonces condenaron a Cuba por aplicar leyes y coartar el pretexto para una agresión en marcha. A quienes entonces se manifestaban contra la guerra, les cuestionaron por qué si condenaban la invasión a Iraq no lo hacían con Cuba; Joan Manuel Serrat y Gabriel García Márquez, entre muchos otros, fueron emplazados en público en una verdadera cacería que esta vez mordió aire con Willy Toledo y Miguel Bosé y terminó volviéndose contra los cazadores.

Quienes retornan a atizar el fuego contra Cuba parecen ignorar que desde el 2003 el mundo ha cambiado y no precisamente en el sentido de sus aspiraciones. Esta vez la campaña que lidera El País encuentra otra realidad en América Latina, un capitalismo en crisis y una credibilidad cada vez menor en los grandes medios. Cierto que -a diferencia de ahora- en 2003, junto a los anticubanos de siempre, consiguieron algunas firmas con tradición de izquierdas; en este 2010, por más que escandalizan, están solos entre los empleados de PRISA y algún que otro personaje empeñado en que se olviden de que alguna vez tuvo una idea consecuente.

«Y menos mal que existen…», como PRISA, como la Unión Europea, los que tienen mucho que perder, sordos a los cambios que les pide a gritos el mundo bajo los palos de los policías antimotines en Copenhague, cansado de las estafas de los políticos y magnates que devoran el planeta. Cuba hará cambios, los que entendamos los cubanos, no los que El País quiere tramposamente vendernos; seguramente sus comentarios, como los del State Deparment y el Parlamento Europeo nos ayudarán a orientarnos sobre lo que nos conviene o mejor dicho sobre lo que no, porque si alguien perderá con una Cuba mejor serán precisamente ellos, que derrota tras derrota llevan muchos años augurándonos el fin y confundiendo sus deseos con la realidad.