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La Mentira como arma política

Por Max  Lesnik

Se dice que en política todo vale. No importa si la afirmación que se lanza contra un adversario es calumniosa o si la verdad  de los hechos es obscurecida por una mentira repetida mil veces, envuelta en una campaña bien orquestada a través de   poderosos medios de comunicación, coordinados en un mismo fin y al servicio de quienes pagan para ello.

A los periódicos, revistas, emisoras de radio o de televisión hay que añadir ahora los nuevos medios cibernéticos de  comunicación, tales como las páginas Webs de los tradicionales órganos de prensa, así como los "Blogs" personales de periodistas o ciudadanos particulares, el "Facebook", el "Twitter" y tantos otros instrumentos informativos de nuevo cuño   que nos bombardean constantemente con noticias editorializadas o sensacionalistas, que si bien carecen de objetividad  y seriedad, sin embargo influyen decididamente en la mente y la conducta de los seres humanos, incapaces ya a estas  alturas de  desentenderse de tan abrumadora penetración manipuladora.

El más reciente hecho de carácter político que se ha intentado de trastocar para convertir una mentira en "verdad", acaba de ocurrir en una céntrica calle de La Habana cuando una veintena de mujeres familiares de Disidentes presos en Cuba, fueron confrontadas por una multitud de ciudadanos simpatizantes del gobierno castrista, que sin ejercer violencia física alguna  contra ellas -solo a voces de indignación- manifestaban así su apoyo a la Revolución cubana.

Lo que vimos en las pantallas de televisión o a través de la Internet sobre el desfile de las "Damas de Blanco" por las calles  de La Habana, así como la contra-manifestación de los simpatizantes de la Revolución, enseña bien claro que no hubo ninguna acción de violencia por parte de los castristas o de la  policía cubana contra la veintena de mujeres opositoras. Vista  hace fe. Y lo que vimos, no reflejó ningún acto de violencia física contra las manifestantes anticastristas. Afirmar lo contrario es mentir interesadamente.

Más adelante, en la secuencia de esos hechos, presentados por la televisión mundial, cuando llega la policía y en dos  autobuses urbanos agentes femeninos del Ministerio de Interior introducen a las mujeres opositoras en los vehículos para  conducirlas al domicilio de una de estas, tampoco en las imágenes que se vieron en la pantalla hay violencia física por parte  de las autoridades o de los simpatizantes revolucionarios.

Sin embargo, a pesar de que no hubo represión policiaca, las imágenes que nos presentaron por la televisión internacional  iban acompañadas de un audio descriptivo según el cual las "Damas de Blanco" eran salvajemente agredidas por la policía, arrastradas inmisericordemente con violencia por las calles, al  momento de ser introducidas en dos autobuses urbanos a golpes y patadas. Eso no corresponde a la realidad de los hechos.

Eso no es lo que se ve en las imágenes de la televisión. Pero es lo que se escucha decir al locutor que nos describe la noticia. Decía el Ministro de Propaganda de Hitler Joseph Goebbels, que una mentira repetida mil veces llegaba a convertirse  en verdad. La lección del cabecilla nazi ha sido muy bien aprendida por sus discípulos de las "democracias" de hoy.

Eso es lo que hacen. Dicen y repiten mil veces, que las "Damas de Blanco" han sido salvajemente golpeadas por la policía  cubana y por los simpatizantes de la Revolución. Que de tanto repetirlo, hasta ellos mismos llegan a convencerse de que lo falso es verdad.

La mentira ha sido siempre un arma política. Y ella es más eficiente y poderosa cuando detrás de la mentira hay una  cuantiosa inversión de millones de dólares y toda una red mundial organizada de grandes medios de comunicación instrumentados para el mismo fin.

Lo que anticipó Orwell en su novela futurista "1984" llegó tarde a nosotros pero llegó. La mentira convertida en "verdad". Y lo más grave es que no son pocos en el mundo de hoy, los que creen que la mentira es verdad. El sueño de Goebbels se hizo  realidad. El Siglo XXI. Y lo que por ver nos falta.