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Reunión de anexionistas en la cueva de Washington en La Habana

Una vez más un minúsculo grupo de anexionistas cubanos fue convocado e incluso transportado a la Oficina de Intereses de Estados Unidos (SINA) en La Habana con el propósito de "conversar" con sus históricos amos de Washington para tratar sobre cómo continuar la subversión interna en la isla caribeña.

Esta vez, los mercenarios al servicio de la Casa Blanca fueron citados por Craig Kelly, subsecretario de Estado adjunto para asuntos del hemisferio occidental, quien presidió la delegación de su país a una nueva ronda de conversaciones migratorias EEUU-Cuba celebrada la víspera en la capital de la nación caribeña.

Llama la atención que en la reunión subversiva escenificada en la en la sede de la SINA estuvieron presentes, en su mayoría, los mismos anexionistas que en esa legación diplomática participaron hace pocos años en un simulacro de votación, en ocasión de las elecciones norteamericanas, en el cual apoyaron al entonces candidato republicano, George W. Bush.

A la cita anticubana asistieron los mismos contrarrevolucionarios que no sólo reciben financiamiento y prebendas de los fondos millonarios que Washington emplea para intentar destruir la Revolución en la isla desde hace más de 50 años, sino también de otros aliados europeos de Estados Unidos empeñados en el mismo frustrado anhelo.

Es igual que W. Bush o el actual mandatario Barack Obama estén en la silla presidencial norteamericana, el problema de los desprestigiados llamados "disidentes", siempre presentes en la SINA cuando los llaman, es conseguir como mantienen abultados sus bolsillos a costa de hacer la guerra sucia contra su país.

Herederos de una minoría anexionista que a lo largo de la historia de Cuba siempre sirvieron a las pretensiones de Estados Unidos de apoderarse de esa isla, los mercenarios dijeron lo que repiten como papagayos: "no creemos que el gobierno de la nación caribeña responda positivamente a los gestos de Obama", "ni tampoco esté dispuesto a trabajar para la normalización de la relaciones entre ambos estados".

Por supuesto que no pueden decir otra cosa, pues de lo contrario se les acabaría el negocio de la contrarrevolución del que viven hace años, mientras Washington mantiene hasta hoy intacto el ilegal y cruel bloqueo económico, comercial y financiero que impone a Cuba desde 1959.

A esos mercenarios no les sigue interesando para nada  que como  consecuencia de ese prolongado cerco, su país sigue teniendo serias dificultades para obtener medicamentos vitales para niños  y ancianos enfermos, y tenga que pagar precios más altos que otras naciones para comprar alimentos y repartir equitativamente entre su población, además de otros productos y tecnologías vitales para su desarrollo.

Sus bolsillos es lo único que les importa a tales "personajes" aunque, como sus predecesores anexionistas, tengan que vivir eternamente sumidos a Washington.