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Este Son Homenaje

El Comandante Juan Almeida Bosque conversa con la periodista Lil Rodríguez. Foto Cortesía de la autora

El Comandante Juan Almeida Bosque conversa con la periodista Lil Rodríguez. Foto Cortesía de la autora

Le venía siguiendo la pista porque me llamaba mucho la atención la picaresca de la mayor parte de su obra musical, tan pegadita a la guaracha. Pero, ojo, como se trataba de un Comandante, el asunto no sabía por dónde podía desembocar. “Dame un traguito” (Grupo Sierra Maestra), “Esa mujer” (Oscar D’ León) y “Lo que te dice un guajiro” (Los Van Van) hablaban de alguien pegado a raíces bien populares y tradicionales. Sin embargo sería “Este Son Homenaje”  (Pablo Milanés, Original de Manzanillo, Adalberto y su Son con Elena y Omara) el tema que haría duplicar mis esfuerzos para conseguir una entrevista con él.

Pasaron años hasta que me llegó la carta afirmativa.

Hablaríamos de música. Y eso hicimos una mañana lluviosa de junio de 1988. en su oficina del Consejo de Estado, en La Habana.

Como lo reseñé posteriormente, hasta ese momento todo fue difícil. Luego de conocerlo lo difícil fue despedirse, porque los gratos minutos transcurridos permitieron constatar la autenticidad de aquél hombre al que el grado de Comandante, alcanzado a sangre y fuego le realzó la vida, la sonrisa y la forma de ser.

Y hablamos de los orígenes, de lo duro de su vida en la juventud, de cómo fue jardinero y  albañil, de sus ganas de componer, cantar, escribir. Me dijo “: “Mi aptitud musical no fue una revelación ni una revolución. Fue una evolución”. Así, de a poquito y constante porque me dijo que no paró su actividad ni aún  en la lucha insurreccional. “Eso sí: se hizo menos notoria esta actividad musical y en la clandestinidad componía para mí solo con la esperanza puesta en el combate y en el tiempo.”

Ciertamente tenía temas asociados a la lucha. “La Lupe” es uno de esos temas. Fue compuesta en el exilio mexicano, y concebida como canción ranchera, con letra definitoria del amor a la patria por encima de todo. También están “Gran día de enero” y “A Santiago” como piezas que desnudan una intención social, sin caer en el canto de conciencia. En torno a ese concepto me dijo: “Hay una tendencia a llamar autores sociales a los que reflejan determinadas formas de lucha en sus composiciones, pero se es social cuando se le canta al exilio como cuando se refleja una costumbre. No debería haber divorcio entre los compositores. A fin de cuentas es la sociedad la que condiciona al autor. Milanés y Matamoros son autores de reflejo social, cada uno en la época en que ha vivido”.

Tocamos el tema de la picardía en la música, del bendito doble sentido que caracteriza al caribeño y que molesta a  algunos. Evocamos a Ñico Saquito y, por supuesto, a Faustino Oramas, “El guayabero”. “Queda mucho prejuicio suelto por ahí” coincidimos.

Y hablamos de Cuní, de Miguelito Cuní, el inspirador de “Este Son Homenaje”. Almeida evidenció su afecto por el legendario Sonero Mayor y añoranza por esa etapa de la música popular cubana cargada de mística, creación e historia. Le dije que me había sorprendido escuchar un son que no se hubiese escrito para el baile, y respondió: “La muerte de Miguelito fue algo que nos dolió a todos los músicos; el son tenía que callar un momento en memoria de quien tanto lo cantó”.  Sin duda alguna “Este Son Homenaje” será un tema que resistirá el paso de los años como la voz de Cuní, a quien fuera dedicado por Juan Almeida Bosque.

Le dejé al Comandante algunos discos y un buen ron venezolano. Él me obsequió unos libros de su autoría. Posteriormente me haría llegar la copia de una hermosa foto tomada en la Sierra Maestra.

Ninguno podía suponer que meses mas tarde la vida me llevaba a Cuba nuevamente para ponerme al frente de un programa radial, nocturno y ameno, diverso y pleno de cubanía y caribeñidad. Al saberlo me ofreció toda su solidaridad y estuvo pendiente, a veces escuchando, de ese Club Caribe de tan honda huella.

Hace cuatro años quedamos en vernos en Santiago para saludarnos. Nada de entrevistas. Pero no pudimos.  Le envié entonces un cargamento de producciones venezolanas nuevas y él me hizo llegar  un video de un trabajo que hicieron acerca de él…

Evocar al músico que parte, al hombre coherente, al revolucionario cabal, a la sonrisa amplia y solidaria es además intentar dejar en el Memorial José Martí la rosa blanca de la gratitud.

Y yo que pensaba que era una temeridad eso de “Este son no se ha escrito para el baile”...  Ahora lo escucho mientras busco en el mapa de Cuba la cabecera del municipio Tercer Frente, el Cruce de los Baños, la Comandancia donde Almeida  consolidó su mas grande creación: el impulso profundo, sístole y diástole de una patria que lo ama y reconoce. Mayor canción no se puede.