Por Randy Alonso Falcón
Cuando el mundo recuerda con dolorosas huellas el inicio de la Segunda Guerra Mundial hace 70 años, con la invasión nazi a Polonia el 1 de septiembre de 1939, vuelven a resurgir los intentos de sepultar el heroísmo y la enorme contribución del pueblo soviético en aquellos difíciles años.
Algunos medios y especialistas de la Europa Occidental, en algunos países del Este y de las naciones bálticas, minimizan alevosamente el papel de la URSS en el combate al fascismo y lo reducen al papel de vulgar invasor. El mes pasado, la Asamblea Parlamentaria de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) aprobó una resolución que culpa a partes iguales a la Alemania nazi y a la Unión Soviética del inicio de la conflagración mundial, por la firma del Pacto Ribbentrop-Mólotov en 1939.
"Esto es nada más que un intento de reescribir la historia de la Segunda Guerra Mundial", dijo Konstanti Kosachyov, jefe de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Duma rusa.
"Es una cínica mentira", espetó este fin de semana en una entrevista televisada el Presidente ruso Dimitri Medvedev y añadió: "Nadie puede cuestionar quién empezó la guerra, quién mató a la gente y quién salvó millones de vidas: quién, en un análisis final, salvó a Europa."
La participación soviética fue decisiva en la derrota del fascismo. El Ejército Rojo se enfrentó a 201 divisiones del adversario y a más de 4,5 millones de soldados alemanes. El 70 por ciento de las bajas humanas y el 75 por ciento de los carros blindados, piezas de artillería, aviones y material de guerra que perdió el ejército nazi en la guerra fue provocado por la acción de las tropas soviéticas.
La Unión Soviética perdió unos 27 millones de personas en la guerra; soldados soviéticos cayeron en Polonia, Budapest, Praga, liberando a sus pueblos, cuando ya los soldados nazis habían sido expulsados de la URSS.
En una de sus misivas a Stalin, el premier británico Winston Churchill reconoció la valía de la hazaña soviética: "Fue el Ejército ruso el que sacó las tripas a la máquina de guerra alemana".
Más allá de los errores que cometió Stalin, nadie puede borrar de un plumazo las hazañas liberadoras de un pueblo que resistió el bloqueo a Stalingrado y el asedio a Moscú, que libró y ganó la batalla del Arco de Kurks, que tomó y develó los horrores de los campos de concentración como Auswitch y Terezín. La humanidad tiene que rendirle tributo a ese heroico pueblo y seguir alerta para que no se repitan los horrores del fascismo.