Se está desatando una controversia alrededor de lo que puede llegar a ser un validísimo evento cultural por no decir político.
El cantautor Juanes (Juan Esteban Aristizábal Vásquez) está organizando un concierto por la "paz" en la Habana dándole continuidad a uno que promoviera en la frontera entre su Colombia natal y Venezuela. Busca atraer a un grupo conocido de artistas provenientes de América Latina y quizás incluso de los Estados Unidos.
Paz sin Fronteras puede que resulte ser más que un puente entre gustos musicales, porque aunque la isla es realmente un santuario musical (considerada entre las tres naciones más prolíferas en el mundo de la música conjuntamente con Brasil y los Estados Unidos) no está llena de iconos de la música pop como los que pudieran, próximamente, agraciar la Ciudad de La Habana.
El concepto de Paz sin Fronteras no es nuevo. Hace poco más de una década Alan Roy Scott y Todd Smallwood dos nativos del Sur de California, un promotor de eventos y un abogado trajeron a artistas de los Estados Unidos a la Habana para participar en lo que los organizadores llamaron un intento de "construir puentes entre pueblos en conflicto." La idea era la de formar parejas al azar de ambas naciones y que estas sin otra ayuda que un traductor ocasional y la música como único puente de comunicación compusieran canciones que luego serian interpretadas ante el publico.
Durante casi una semana el Hotel Nacional fue la sede de un taller musical creativo, demostrando así que la música no tiene fronteras y que no entiende de otra lengua que no sea la de la corchea y la semi corchea, la fusa y la semi fusa, la negra, la blanca y la redonda.
Para Juanes el concierto de Paz sin Frontera es parecido, pero más simple, él solo pretende venir y cantar. Tan sencillo como eso. Lamentablemente hay un problema, cuando del Caribe se trata casi siempre lo hay. Ir a Cuba no es siempre todo lo que uno se imagina, y si no me creen a mi, pregúntenselo a Jackson Browne.
Durante los pasados cincuenta años, la Guerra de las Rosas ha parecido un juego de muchachos si se tiene en cuenta la animosidad entre Cuba y su vecino más cercano a menos de 90 millas. Comenzó con un genuino recelo, convirtiéndose en ira abierta y directa. Ahora es algo que solo puede compararse con una vendetta italiana, de las que se ven en largometrajes sobre la Cosa Nostra o en el neorealismo italiano. ¿Y quienes son los protagonistas en este drama? Nada más y nada menos que los cubanos americanos de vieja escuela, esos que abandonaron la isla en los años 1960 y eternizan su resentimiento.
Estos cubanos llenos de animadversión ahora están enfilando su ira contra Juanes y todo aquel que quiera compartir el escenario con él en La Habana. Con el uso de groserías e infamias y a veces hasta francas tontadas muchos de estos ya están atacando a cualquiera que participe o defienda este empeño. Olga Tañón,[1] una de las voces más conocidas de Puerto Rico se sintió en la necesidad de publicar una carta abierta en respuesta a estos ataques y en una muestra entrañable mostró su solidaridad no solo con un colega sino también con su causa. El cantautor Willy Chirino, [2] un artista cubanoamericano que no reside en la isla desde hace 45 años, también ha salido en defensa de la idea de Juanes al igual que otros que por razones más que validas deben permanecer en el anonimato.
La realidad es que cuando Juanes tuvo la idea, vino a Cuba, se reunió con aquellos que podían ayudarlo a hacer su proyecto realidad, hablaron del tema y concluyeron él y ellos que, si el gobierno cubano no tenía nada en contra, este concierto podía ser la manera perfecta de contribuir a la construcción de puentes de mejor entendimiento. Ahora resulta que muchos lo acusan de "andar buscando promoción personal" a niveles que rayan en la demencia. Por supuesto que un artista va de alguna manera a buscar la promoción personal y un cierto grado protagonismo. Por supuesto que Juanes conoce bien que un concierto como este le va a dar mucha publicidad; también le dará mucha publicidad a la causa de la paz, la tranquilidad y la calma, algo muy socorrido por estos tiempos a ambos lados de las costas del estrecho de la Florida.