Los serios acontecimientos ocurridos en el Cáucaso y las excesivas reacciones de algunos gobernantes europeos, dieron sentido a varias movidas internacionales que no serán las únicas en este contexto. No se ha divulgado ni expuesto criterios públicos en torno a lo que Rusia considera su agenda de política exterior en lo adelante y que abarca lo siguientes puntos:
En primer término "Rusia reconoce la primacía de los principios fundamentales del Derecho Internacional, que definen las relaciones entre naciones civilizadas". En segundo lugar establece que "el mundo debe ser multipolar. Es inadmisible un mundo unipolar. Es inaceptable la dominación de uno sobre los demás. No podemos tolerar un orden mundial en que todas las decisiones las tome un solo país ( ) Un mundo así es inestable y fuente de conflictos".
Tercero, "Rusia no quiere tener confrontación con ningún país. Tampoco tenemos la intención de aislarnos. Vamos a desarrollar, hasta donde sea posible, nuestras relaciones con Europa, con Estados Unidos y los demás países del mundo". Además, se señala en el comunicado del Kremlin: "es prioridad absoluta defender la vida y la dignidad de nuestros ciudadanos, estén donde estén. ( ) Y todos deben tener en claro que quien nos agreda, recibirá una adecuada respuesta".
Por último y como quinta premisa, se plantea: "Rusia, como muchos otros países, tiene regiones con intereses privilegiados. En estas regiones hay países a los que nos unen lazos tradicionales de amistad y buena vecindad, vamos a trabajar con especial esmero ahí e impulsar nuestras relaciones con esos estados". Según parece, Rusia desea resarcirse de cierta ingenuidad cometida en los 90 cuando supuso que sus nuevos socios serías equitativos y fieles.
Las máximas eran emitidas solo horas antes de que se iniciara en Bruselas la reunión de la Unión Europea, adonde sus 27 miembros llegaron, como es frecuente, con opiniones divididas. Un reducido grupo formado por Polonia, el Reino Unido, los tres estados bálticos y Suecia, optaban por darle un mazazo en varios terrenos a la Federación, en tanto el resto consideraba que lo adecuado es negociar, alternativa facilitada por la administración Medvedev al adelantar una invitación para que la Organización para la Seguridad y Cooperación de Europa (OSCE), la única entidad con mandato internacional para operar en el área, ubicara cuantos observadores deseen en la zona del conflicto.
El presidente de Francia Nicolas Sarkozy, al frente de la UE durante el semestre, apostó por "un diálogo firme" con Moscú, coincidiendo con la postura del jefe de la diplomacia alemana, Frank-Walter Steinmeier, quien puso sobre el tapete una visión de mayor realismo: "en esta complicada situación política hay que mantener un resto de sentido común. Rusia continuará siendo nuestro vecino y es necesario, en nuestro propio interés, retornar a unas relaciones normales", expuso.
Ese cálculo moderó las expresiones de la canciller federal Ángela Merkel, alineada de inicio a la postura norteamericana que, de forma misteriosa, bajó de tono luego de haber vociferado contra Moscú y puesto las cosas peores al precipitar la firma con Polonia y la República Checa para la definitiva instalación del llamado escudo antimisiles. Acto más provocativo que conveniente según demostró el ensayo de un proyectil ruso capaz de perforar cómodamente el susodicho paraguas y poniendo en evidencia que su empleo por parte de EE. UU. tiene otros designios y no es en defensa de nadie.
De todos modos, imposible pasar por alto la renovación de la puja norteamericana en un espacio donde tiene compromisos con sus empresas petroleras y no exactamente con los georgianos. Por eso el vicepresidente Richard Cheney, emprendía viaje el martes 2 de septiembre hacia Georgia, para revalidar el "firme compromiso de Estados Unidos" de seguir fortaleciendo las relaciones "no sólo ahora sino también en el futuro". El segundo al mando en la administración Bush fue acusado por algunos medios de ser uno de los instigadores del bombardeo ordenado por Mijail Saakashvili contra la capital de Osetia del Sur, como parte de una trama para favorecer a John McCain en la carrera por la Sala Oval.
El ministro ruso de exteriores, Serguéi Lavrov, en tanto, advertía que "Si EE UU y sus aliados finalmente optan, no por sus intereses nacionales o los del pueblo georgiano, sino por el régimen de Saakashvili, que nada ha aprendido, será un error de magnitud histórica". Hay varias e importantes razones para el aviso.
De notar en medio de ambiente tan recargado que, otra vez, Gran Bretaña asume un lamentable rol. El retiro de de Anthony Blair hizo suponer que quien le sustituyera no iba a subordinarse tan a pecho a la Casa Blanca. Con graves problemas económicos dentro del país y un enorme rechazo ciudadano, Gordon Brown repite la historia y se erige en uno de los principales censores del Kremlin, como si Londres no hubiera participado de la entusiasta aceptación de Kosovo en calidad de república independiente hace solo meses.
La UE al menos de momento, se mueve dentro de los marcos asentados por el mandatario galo con el plan para el fin de las hostilidades. Sobre el punto de mayor controversia, el actual primer ministro, Vladimir Putin, dijo: "Cuando hablamos con el presidente Sarkozy durante su visita a Moscú le dijimos que no queríamos anexarnos ningún territorio georgiano y que, por supuesto, nos iríamos de los sitios en que nos encontrábamos. Pero que retornaríamos a la zona de seguridad, definida en acuerdos anteriores", sitio donde "Tampoco tenemos la intención de quedarnos eternamente" apostilló, añadiendo que el objetivo es garantizar la seguridad en esa región, no permitir que se vuelva a concentrar ahí armamento de manera sigilosa e impedir que "se repitan las premisas para un nuevo enfrentamiento armado".
Rusia tiene varias cartas si es hostilizada o se provocan nuevos hechos en el espacio postsoviético. Es el principal abastecedor de gas y petróleo del Viejo Continente y tiene importantes negocios con varias empresas, entre ellas de aeronáutica, a las cuales suministra piezas de titanio. No es menor el rango de su cooperación con proyectos en el cosmos o a la planta nuclear ubicada en Francia, que va a reproducir la actividad solar para obtener electricidad sin desechos radioactivos, programa internacional destinado a solucionar el problema cuando se agoten los hidrocarburos.
Enorme importancia tienen los corredores aéreos y ferroviarios rusos para el suministro a las tropas de la OTAN en suelo afgano. Prescindir de tales facilidades sería costoso y complejo en momentos en los cuales la insurgencia está en auge. Por eso y pese a que la OTAN desactivó sus vínculos con Rusia, se espera que vuelvan a la normalidad. Medvedev quien también puso en el congelador esos nexos, no se negaría a revivirlos siempre que se les tenga en pie de igualdad.
El desempeño de Rusia como mediador en conflictos relevantes como el de Corea del Norte, entre otros, o la importante cantidad invertida en bonos del Tesoro y otros compromisos oficiales de EE. UU. son factores que entran en juego directa o tangencialmente, y deben comenzar a ser apreciados en su justo valor.
Por su parte las autoridades y ciudadanos surosetas y abjasos, en cuyos criterios y sentimientos nadie parece muy interesado, están felices por el reconocimiento de su independencia y aunque solo sea el coloso ruso el que refrenda lo que en los hechos ocurre hace 16 años, la rápida y efectiva reacción militar que puso freno a un acto agresivo contra civiles desprevenidos, les aporta cierto sentido de seguridad contra embates georgianos futuros.
Otro factor trasciende y es que Rusia parece inclinarse hacia un accionar práctico, con sus propias conveniencias por delante aunque no coincidan con las de Occidente. Todas las épocas y situaciones no son iguales, aún cuando algunos no quieran percatarse de ello.