Por estos meses de intensa campaña electoral en Estados Unidos han salido nuevamente a la palestra pública de ese país hechos que evidencian la falsedad y la doble moral del llamado sistema democrático norteamericano, que los sucesivos regímenes de Washington han pretendido se imponga como modelo en el mundo.
Medios de prensa estadounidenses revelaron en los últimos días la noticia de que los candidatos a la presidencia en los comicios de noviembre próximo, el demócrata, Barak Obama, y su contrincante, el republicano John McCain, deberán devolver sumas de dinero que recibieron de ciudadanos extranjeros para sus respectivas campañas multimillonarias por la ascensión a la Casa Blanca.
Según subrayaron los mismos reportes, las leyes de Estados Unidos prohíben que un político acepte financiamiento procedente del exterior, e incluso podría llegar a ser considerado un agente extranjero si lo admite de las autoridades de otro país.
Sin embargo, las legislaciones norteamericanas permiten que el régimen de Washington y sus ciudadanos nacionales hagan importantes "contribuciones financieras" para influir en los asuntos internos de otras naciones, y conseguir así desestabilizarlas, en franca violación de las normativas internacionales.
Has lo que digo y no lo que hago, reza un refrán popular con el que se puede ilustrar el embustero sistema de Estados Unidos, cuyos gobiernos han gastado colosales fortunas en invasiones militares ilegales, agresiones sangrientas, y guerras sucias de todo tipo contra diferentes países para intentar imponer gobiernos títeres a su gusto y antojo.
Las injerencias de Washington en los asuntos internos de otras naciones son innumerables, y ejemplos a lo largo de la historia se sobran, como es el caso de Cuba, que desde el triunfo de su Revolución, en 1959, vive bajo un asedio constante de los continuados regímenes norteamericanos.
La Casa Blanca, el Pentágono y las agencias de inteligencia de Estados Unidos han hecho lo imposible por intentar destronar a la Revolución cubana, y no han escatimado gastos millonarios en frustradas invasiones, agresiones y el férreo bloqueo que impone a la isla caribeña, así como en la fabricación de supuestos opositores internos herederos del anexionismo.
Mercenarios cubanos al servicio de Washington, acuñados también con el calificativo de disidentes, son mantenidos financieramente, y han hecho de prestar sus servicios a la mayor potencia extranjera del mundo un oficio o un modo de vida deshonroso.
Del vociferado sistema democrático estadounidense existen suficientes argumentos para llegar a la conclusión de que es engañoso e hipócrita, y también sobraría preguntarse, tomando en cuenta las legislaciones norteamericanas, qué son en realidad los llamados opositores cubanos.