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El reciente triunfo…el próximo combate

Triunfó en Ginebra la posición de La Habana de no permitir que laceren su soberanía, frente a las sucias manipulaciones de Washington que durante varios lustros intentó por todos los medios falsificar la verdad sobre los  derechos humanos en la Isla, a los fines de justificar el bloqueo y su constante endurecimiento, sobre todo durante la actual administración yanqui.
   Tal fue el descrédito de aquella Comisión de Derechos Humanos que la Asamblea General de Naciones Unidas creó el flamante Consejo de Derechos Humanos, estrenado hace un año, con el afán de mejorar la imagen en ese tema.
  Este nuevo cónclave ginebrino hizo naufragar los intentos de Estados Unidos en las últimas décadas de dar a la Isla un tratamiento diferente y suprimió -mediante el consenso de los cuarenta y siete estados miembros- el mandato de la representante personal de la Alta Comisionada de los Derechos Humanos para Cuba.
El Palais de Nations a orillas del lago Leman, fue testigo durante muchos años de los ires y venires enloquecidos de los funcionarios yanquis y sus marionetas. Los miembros de la desprestigiada Comisión fenecida el año pasado, tuvieron hasta que soportar la presencia de delincuentes como embajadores representantes de Washington. Así fue el caso del fantoche ex presidiario Valladares cuya simulación como inválido mientras estuvo en la cárcel por contrarrevolucionario fue descubierta ante la opinión pública mundial por las autoridades cubanas. Ésa y otras vejaciones impusieron los yanquis a los miembros del desacreditado cónclave.
 Falacia, mendacidad y extorsión dibujaron la oportunista maniobra yanqui en la tristemente célebre CDH, pero en las últimas horas quedó demostrado el rotundo fracaso de los esfuerzos de Washington por hacer valer, repitiendo una y otra vez las infamias que, sobre Cuba, las distintas administraciones gringas han intentado hacer creer al mundo.
  El desprestigio de Estados Unidos llegó a tal grado que el año pasado mientras Cuba obtuvo ciento treinta y cinco votos -más de las dos terceras partes de los ciento noventa y un países miembros de la Asamblea General- para integrar el actual Consejo de Derechos Humanos, Washington no se atrevió a poner a consideración su candidatura.
 "Ante el temor de recibir un voto de castigo de la comunidad internacional como respuesta a su conducta violatoria de los más elementales derechos humanos, y de desprecio al multilateralismo y al Derecho Internacional que lo sustenta, Estados Unidos ni siquiera pudo presentar su candidatura a integrar el Consejo". Así consta en la declaración del MINREX publicada el 10 de mayo del 2006.
Deben estar furiosos por allá por la Casa Blanca y el Departamento de Estado y, por supuesto, los legisladores cubano-americanos de la Florida que, histéricos, piden que Washington suprima el financiamiento al Consejo y que incremente las cantidades de dólares destinados a pagar a los mercenarios que mantienen en Cuba. Como es sabido, todos los que forman la oxidada cadena que une al imperio con sus lacayos en la Isla, se quedan con la gran parte del dinero.
Es el colmo del cinismo que los que gritan por la justa decisión del Consejo, sean los mismos que apoyan vehementemente a quienes tienen la primacía en cometer monstruosidades contra el género humano. Hoy masacran a la población inocente de Iraq. ¿Y mañana?
Son los mismos que asisten sin inmutarse a las torturas en la prisión de la ilegal base naval de Guantánamo, a las barbaridades cometidas en Abu Ghraib, a las cárceles secretas en el mundo y a tantos otros actos contra la humanidad dentro y fuera de su territorio.
Vayamos en un breve flash back en la historia. ¿Qué peor acto de terrorismo y contra todos los derechos humanos que las explosiones atómicas en Hiroshima y Nagasaki? ¿O las descargas de NAPALM -sustancia química que arde sin cesar y no se puede extinguir fácilmente por lo que sus víctimas se consumen ante el pavor de los observadores- que utilizaron en Vietnam?
Cuba gana otra batalla diplomática frente a Estados Unidos y continúa en el combate.
 Washington sigue haciendo trizas de los derechos humanos.