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Más alla de la pérdida

No retuve su nombre. Se que eran las cinco y veinte de la tarde de este conmovedor 19 de junio. Lo único que sí puedo decirles es que era una mujer sencilla, una mulata adulta, de hablar pausado, quizás ama de casa, enfermera o maestra. Pudo ser  lo que quiso,  y precisamente por eso la vida y hasta la muerte de Vilma son trascendentes.

Al responder a una pregunta de una reportera de la Televisión Cubana sobre lo que significaba para ella estar allí, en la base del Monumento a José Martí rindiéndole  postrer homenaje a la heroína de tantas batallas, con palabras que me impactaron dijo: siento que no se ha ido, que ahora es más libre porque su espíritu podrá visitar a nuestros Cinco Héroes allá en las cárceles del imperio sin tener que pedir permiso.

"No, le digo adios, porque ella siempre estará con nosotros, en cada marcha y en cada combate".

Esta mulata adulta, de hablar pausado, trasmitió con sus palabras sencillas  la esencia de todo por cuanto luchó la indoblegable guerrillera, la misma que a pesar de su muerte nos resistimos a dejarla ir.

Y esta mujer, de quien no se su nombre, confirmó la convicción que nos anima de que Vilma Espín seguirá entre nosotros.