- Cubadebate - http://www.cubadebate.cu -

The Washington Post: Benevolencia para un posible asesino

The  Washington Post, publicado el viernes, 11 de mayo de 2007, pág. A19

Traducido por: Ana María Acosta y revisado por Roxana Plasencia, del Equipo de Traductores de Cubadebate y Rebelión

El  gobierno de Bush afirma que su política de cero tolerancia contra el terrorismo es válida para todos los malhechores sospechosos, no sólo para los malhechores musulmanes, y que su política de cero tolerancia contra Cuba es una posición de principios, no sólo un ejercicio para consentir a los implacables exiliados anticastristas en Miami. Desde ambos puntos de vista, las pruebas sugieren lo contrario.
En realidad, Luis Posada Carriles, terrorista acusado que entró en los Estados Unidos de forma ilegal y fue detenido, no permanece incomunicado ni es sometido a la tortura del submarino (asfixia por inmersión). En el momento de redactar este artículo, Posada Carriles es un hombre libre.
Hacía mucho tiempo se sospechaba que Posada, de 79 años, se oponía al régimen de Castro con violencia. Fue acusado de planear y organizar la voladura en pleno vuelo de un avión civil de Cubana de Aviación en 1976, acto terrorista que provocó la muerte de 73 personas. Asimismo, se sospecha que, en 1997,  participó en una serie de atentados con bomba en hoteles y centros nocturnos de La Habana. A la sazón, varias personas sufrieron heridas, y un turista italiano resultó muerto.
Nuestro gobierno constantemente nos recuerda que el terrorismo es el flagelo de estos tiempos. Entonces, ¿cómo es qué un hombre calificado por nuestro gobierno de "criminal impenitente y reconocido como autor intelectual de conspiraciones y ataques terroristas contra instalaciones turísticas" aspira a ser recibido como un héroe en Miami por sus compañeros de Playa Girón?
Posada penetró subrepticiamente en el país en 2005 y tuvo la temeridad de hacerle publicidad a su presencia ofreciendo una conferencia de prensa. Tras cierto titubeo, funcionarios de Seguridad Interna lo detuvieron. En enero se le imputaron cargos federales de fraude migratorio, alegando que había mentido con respecto a la forma en que entró en los Estados Unidos.
El martes, en El Paso, donde estaba detenido, la jueza de distrito de los Estados Unidos, Kathleen Cardone, desestimó la acusación contra Posada, con el argumento de que el Gobierno había recurrido a una "artimaña" inconstitucional para reunir sus pruebas contra él. Fue la orden de desestimación de Cardone lo que puso en libertad a Posada.
Cardone consideró que, en la entrevista oficial a Posada sobre la inmigración, después que los federales lo hicieron desaparecer rápidamente en 2005, el Gobierno no pudo proporcionar una traducción adecuada de las preguntas y respuestas. Lo que según el Gobierno afirmaba eran mentiras sobre cómo Posada había entrado en los Estados Unidos, hizo que su entrada en el país pareciera más un malentendido, concluyó Cardone.
Vale la pena señalar que esta no es la primera vez que Posada ha esgrimido como excusa su supuesto pobre dominio del inglés: Posada afirma que no comprendía lo que decía años atrás cuando alardeaba ante un reportero del papel que había desempeñado en los atentados con bomba en La Habana.
¿Entonces la jueza fue engañada hasta el punto de dejar en libertad a un terrorista inveterado por un tecnicismo? Realmente no.  Se trata más bien de que la jueza se negó a cooperar.
El argumento de Cardone era que si el Gobierno realmente quería mantener a Posada en prisión porque era un terrorista de carrera, los fiscales deberían haberlo procesado como un terrorista. Entonces, mas rápido de lo que se puede decir "Ley Patriótica", las autoridades podrían haberlo hecho desaparecer en el bajo mundo de la detención por tiempo indefinido, donde mantienen a los sospechosos de terrorismo nombrados Muhammad.
Apostaré a que las pruebas contra Posada, que a mi juicio son convincentes, son más sólidas que las pruebas secretas contra la mayor parte de los detenidos en Guantánamo. Sin embargo, los supuestos crímenes de Posada fueron cometidos contra el régimen de Castro. La posición de George W. Bush con respecto a Cuba ha sido cada vez más obstinada y contraproducente que las políticas de sus antecesores. Este gobierno ha recrudecido la prohibición de los viajes, ha intensificado las presiones económicas y ha hecho un gran alarde de su planificación con vistas a una Cuba posterior a Castro.
Entretanto, Castro (por lo visto se recupera lentamente de una cirugía intestinal) y su hermano, Raúl, están más firmes que nunca en el poder. La táctica de línea dura del Gobierno apenas ha logrado resultados,  en Cuba, al menos.
Sin embargo, la política de cero tolerancia hacia el gobierno de Castro ha sido popular entre los exiliados más estridentes en la Florida, a saber,  los ancianos que saludarán  a Posada cuando regrese a casa en Miami y disfrute de una confortable jubilación.
Según  se informa, un gran jurado de Nueva Jersey está investigando la presunta participación de Posada en los atentados con bomba en hoteles de La Habana, y es posible que algún día Posada enfrente una nueva acusación. Entre tanto, nuestro gobierno ha proporcionado a Castro otro caso célebre para las vallas publicitarias y las manifestaciones.
El Gobierno está a punto de aumentar el financiamiento de sus transmisiones hacia Cuba, aunque son pocos los cubanos que las ven y las escuchan, porque la gente de Castro ha llegado a saber interferirlas muy bien. El mensaje es que los Estados Unidos se oponen al régimen de Castro, pero tiende su mano amistosa al pueblo cubano.
Es una idea difícil de vender cuando nuestro gobierno no llama a un terrorista por su nombre, y cuando a un anciano implacable, que probablemente provocó la muerte de muchísimos civiles cubanos, se le permite andar libremente.
 
eugenerobinson@washpost.com

 

 

© 2007 The Washington Post Company