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La voladura del avión cubano en Barbados fue una acción premeditada y cobarde

Palabras en la presentación del libro "Crimen en Barbados

Pocos lugares hay tan propicios en Cuba, por su carga de simbolismo y razones, como Granma para la presentación de la quinta edición de Crimen en Barbados, de la Editorial Ciencias Sociales, escrito por Nicanor León Cotayo, y momento tan oportuno, como este, a solo 48 horas de cumplirse 30 años de un hecho que avergonzará para siempre a la especie humana.

Aquí palpitaron con toda intensidad las primeras noticias del crimen. Todo el personal del diario estuvo al tanto, minuto a minuto, de los despachos del teletipo, de las trasmisiones por onda corta, de las versiones, especulaciones, manipulaciones, de las primeras sospechas y el estupor ante lo que el pueblo cubano y el mundo se resistía a creer.

La incertidumbre y la esperanza de encontrar sobrevivientes eran sentimientos que se movían entre nosotros, junto a las imágenes, recurrentes en la mente de todos, sobre los últimos minutos vividos por pasajeros y tripulantes a bordo, donde la explosión ya había dado muerte a varios de ellos antes de que la nave se hundiera, despezada y para siempre, en las profundidades del mar, a la vista de decenas de testigos en la orilla de la playa.

Es posible que dentro del avión se repitiera la escena de los esposos Jelínek, contada por Julius Fucik en su memorable Reportaje al pie de la horca, cuando la Gestapo los apresó en su casa de Praga durante una cacería de militantes antifascistas.

Ella, encañonada también y con los brazos en alto, volvió la cabeza a su marido y le preguntó:

"--Pepe: y ahora ¿qué va a pasar?

"El fue siempre poco hablador --cuenta Fucik. Encontraba con dificultad las palabras. Hablar le inquietaba. Pero en ese momento respondió tranquilamente y sin ningún esfuerzo:

"--Vamos a la muerte, Maña."

Es posible. Nada puede asegurarlo como nada puede negarlo. Lo que sí no deja espacio a la duda es la ceguera común, por odio e intolerancia extremas, que movió a los nazis al exterminio de millones de personas y a los autores de los actos de terrorismo que han causado miles de víctimas y cuantiosos daños en Cuba. La crueldad y la injusticia con las que han sido tratado nuestros cinco héroes encarcelados en Estados Unidos por neutralizar los efectos de las acciones vandálicas de los grupos de extrema derecha que actúan con gran impunidad en territorio de ese país, son ejemplos de que a nuestro pueblo se le mide con un doble rasero.

En esta redacción se escribieron los editoriales y artículos sobre el derribo intencional de la aeronave cubana; las páginas de Granma reflejaron el luto y la repulsa nacional y mundial. Desde aquí también se hizo temblar la injusticia. Los archivos de este órgano guardan con celo las imágenes y testimonios del horror. Tres décadas después nos impresiona, como el primer día, el peso de tanto dolor contenido en aquellas ediciones, donde vibra todavía la denuncia valiente del líder de la Revolución ante más de un millón de cubanos en la Plaza. Toda la prensa cubana se convirtió en tribuna acusadora de tan bárbaro proceder, con nuevas revelaciones, cada día, del crimen y sus autores.

Ningún otro exponente del reino animal, únicamente el hombre, diría alguien, puede en un instante, conscientemente, desandar milenios de evolución y obrar como en las etapas más primitivas de su aparición. Pero diría mal: en aquellos primeros tiempos nuestros, la violencia hacia los semejantes solo estaba motivada por el instinto de sobrevivencia.

La voladura del avión cubano en Barbados, el 6 de octubre de 1976, fue una acción, premeditada y cobarde, para infligir dolor, infinito dolor; para matar a seres indefensos, privados de toda posibilidad de hacer algo para salvar su vida; para castigar a personas inocentes; para condenar al sufrimiento perpetuo a decenas de familias; para hacer llorar y poner a temblar de indignación a millones de otros seres.

¿Qué torceduras de la conducta humana, qué desnaturalización de la cultura de los hombres, o qué potenciación de la maldad pueden surgir en determinadas relaciones sociales para que se produzcan actos de tales características, y cuánta degradación para justificarlos y ampararlos?  

Como solo es posible medir el dolor con el dolor mismo, nos conmueve el mensaje que los familiares de las víctimas de la voladura del avión  cubano a los familiares de los muertos del 9-11, que aparece en esta nueva edición.

"Sabemos que nadie puede comprendernos como ustedes --escribieron. Acompáñennos en nuestra demanda. Ayúdennos a evitar que un terrorista como Luis Posada Carriles, asesino confeso, reciba protección e inmunidad donde tantos lloran todavía a las víctimas del terrorismo que derribó las Torres Gemelas…"

Hay un creciente y universal rechazo por la inconciencia de los que pretenden dominar el mundo, mediante el terror, enarbolando cínicamente los estandartes de la lucha antiterrorista. El crimen es mayor porque se aprovechan y abusan de los sentimientos y las sensibilidades de millones de personas necesitadas de paz, seguridad y tranquilidad, sobretodo en las sociedades donde el sistema se impone mediante la violencia física y moral.

Pero no es el momento de generalizar o agotar el camino hacia la raíz, como nos gusta a los periodistas cubanos, pues solo hemos hecho un breve alto para recordar a los hermanos caídos, presentando el trabajo de un colega que nos ayuda, precisamente, a profundizar en aquellos hechos, para que seamos consecuentes con la historia, con nuestra profesión y reclamemos la justicia que merecen nuestros mártires queridos.     

Crimen en Barbados es el resultado de una selección minuciosa del amplio volumen de información relacionada con el criminal sabotaje que llegó a manos del compañero Nicanor León, jefe de Información en aquellos días de la Agencia Prensa Latina. El propio autor nos ha explicado que concibió este libro el 15 de octubre de 1976, cuando fueron sepultados en La Habana los pocos restos que pudieron recuperarse de las aguas del mar Caribe.

Sin abandonar su trabajo en PL, el autor dedicó todas las noches y todos los fines de semana durante seis meses a investigar y escribir sobre el tema, con la ayuda de la Corresponsalía en Caracas, la cual remitió muchos datos de interés y material gráfico aparecidos desde la edición inicial de la obra, presentada en el primer aniversario de la masacre, en l977.

"Para mi fue muy duro -me contó-- compartir aquellas noches con las fotos de jóvenes esgrimistas, algunos de los cuales no llegaban a los 20 años de edad, a todos los cuales sintetizo en Virgen María Felizola, quien solo tenía 17. Pero mi deber como revolucionario --agregó-- me obligaba a cumplir la promesa que hice de aportar una denuncia más sobre aquel acto salvaje, miserable y cruel que involucró muy claramente a la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos y a las pandillas ultraderechistas de origen cubano."

El propósito de Nicanor, desde un principio, fue redactar el libro con lenguaje objetivo, desprovisto de adjetivos innecesarios y hasta de opiniones directas suyas, evitando que la pasión nublara la claridad de las pruebas que iban señalando no solo a los mercenarios que colocaron los explosivos sino a los que  organizaron y dirigieron el macabro plan, con pleno conocimiento de la CIA, los terroristas Orlando Bosch Ávila y Luis Posada Carriles

Con el libro de Julio Santana Alonso, quien hizo un riguroso análisis criminalístico sobre el sabotaje, y más tarde Pusimos la bomba… ¿y qué?, de la periodista Alicia Herrera, Crimen en Barbados integra una trilogía de investigación que desnuda toda la perversidad de la política anticubana de sucesivas administraciones norteamericanas, empeñadas inútilmente en impedir que nuestro pueblo mantenga su rumbo independiente y soberano. 

Esa misma irracionalidad, con marcados patrones hereditarios, se expresa en la postura del actual equipo de Gobierno atrincherado en la Casa Blanca. No hay en esencia diferencia alguna entre aquella conducta que condujo a la voladura del avión y el hecho insólito de pretender legalizar, en pleno siglo XXI, sufrimientos medievales como la tortura.

Someter a tomento a personas indefensas, secuestrarlas, humillarlas, quebrantarlas, desaparecerlas y despojarlas de derechos que les asisten como seres humanos, reconocidos internacionalmente tras siglos de experiencia civilizatoria, es de una repugnancia tal que no cabe otra respuesta que el rechazo tajante a ese monstruoso proceder, más vergonzoso si va acompañado, como vemos, del engaño y la mentira.

No han respondido a la solicitud de extradición a Venezuela de Posada Carriles y han argumentado cínicamente el temor a que el acusado pueda ser torturado allí; sin embargo, es precisamente en Estados Unidos donde se está instrumentando legalmente la utilización de esos métodos. Lo interesante ahora es que, en virtud del Plan Bush para las "nuevas técnicas de interrogación" por parte de la CIA, Posada Carriles podrá ser torturado en Estados Unidos, solo que, si lo hacen, será para que no hable. Si lo someten a martirio será, vaya paradoja, para que no confiese todo lo que sabe.  

En el derribo del avión cubano con 73 personas a bordo (74 si contamos la criatura que se gestaba en el vientre de una de las deportistas), también la mentira y el mercenarismo mediático desempeñaron un papel de aliados. No resultó casual que fuera The Miami Herald el medio escogido por los asesinos para reivindicar la masacre, ni que en el periódico El Mundo, de Caracas, se justificara abiertamente el hecho terrorista. Tampoco, en estos días, hay mucha diferencia en eso. Contra Cuba todo vale en el negocio de la gran prensa, dependiente, cada vez más, del dinero contante y sonante, que adquiere la forma de soborno o mesada mercenaria.

Esta quinta edición actualizada de Crimen en Barbados, como dice Alicia Herrera en el Prólogo, incluye la carta de la Oficina de Inmigración de Estados Unidos a Luis Posada Carriles, la denuncia el pasado año del encargado de negocios de Cuba en la ONU sobre este terrorista, el texto de la mencionada carta de los familiares de la víctimas del crimen de Barbados, así como documentos parcialmente desclasificados por el Gobierno de Estados Unidos relacionados con el caso. 

Se me pidió que pronunciara las palabras centrales de esta presentación, precisamente en este periódico. Es una deferencia que nunca olvidaré y que cumplo con honor como representante de los periodistas cubanos, quienes les dan a sus colegas del órgano del Comité Central un gran abrazo al celebrarse hoy el aniversario 41 de haber salido a la calle por primera vez.

Además este año se cumplen cuatro décadas del arribo de un grupo numeroso de jóvenes, hoy ya en edad de jubilación, que llegaron a este diario como refuerzo en 1966 y se formaron como periodistas combinando el estudio y el trabajo. Entre ellos estábamos en el compañero Nicanor y yo. Juntos laboramos, él como jefe y yo como redactor, en la sección de artículos y comentarios.

Unamos pues los recuerdos de aquellos años, que como los de ahora, son de desafíos y de compromisos, a las tareas del momento, con la certidumbre de que el adversario, más cruel y despiadado que nunca, es el mismo que sigue segando vidas inocentes y vomitando mentiras por doquier.

Y nosotros, los periodistas cubanos, armados por las mismas ideas de Fidel, de Raúl y de nuestro Partido, seguiremos defendiendo la humanidad y la verdad, aunque nos cueste la vida.

*Tubal Páez es el Presidente de la Unión de Periodistas de Cuba.