La elección de Alan García, por segunda vez, como Presidente del Perú, marca el ápice de una profunda crisis institucional y financiera que viene gestándose desde que Fernando Belaúnde Terry asumió el poder, tras el gobierno progresista del general Juan Velasco Alvarado. En aquél lapso de Velasco se nacionalizó el petróleo, se recuperaron los recursos naturales, se realizó una reforma agraria, se creó un sector económico de propiedad social, se nacionalizaron los grandes periódicos y se desarrolló una política exterior independiente.
Velasco fue depuesto por el general Francisco González Bermúdez quien atendió las reclamaciones de la oligarquía deseosa de recuperar el poder. Tras las elecciones de 1980 Belaúnde asumió de nuevo la presidencia y siguió una política dócil a las instrucciones del FMI, el desempleo creció, devolvió los medios de comunicación a sus antiguos propietarios, la inflación aumentó y propició el resurgimiento de la lucha armada de Sendero Luminoso.
En 1985 fue electo Alan García, quien intentó algunas reformas: la estatización de los bancos y las aseguradoras pero ello facilitó la aparición del desempleo y la recesión, la economía informal creció desmesuradamente. La inflación alcanzó el 7,200%, suficiente para devaluar el ahorro individual y anular el patrimonio nacional; el subempleo llegó al 73,5%. García demostró su corrupción y venalidad depositando fondos públicos en cuentas a su nombre.
Alberto Fujimori, su sucesor, gustaba de usar ponchos y sombreros nativos y retratarse disfrazado así ante las multitudes, populista irresponsable Durante su presidencia (1990-2000), se cometieron numerosas violaciones de derechos humanos cuando la tortura fue una práctica generalizada en Perú, y cientos de personas "desaparecieron" o fueron ejecutadas extrajudicialmente.
Fujimori halló al Perú en un período incierto con 7,500% de inflación y la acción de "Sendero Luminoso", que sembraba el terror y el desconcierto con métodos supuestamente maoístas. Fujimori logró arrestar a Abimael Guzmán, el líder faccioso, y redujo la inflación a niveles de un dígito. Sus duras medidas de ajuste económico, conocidas como el "fujichoque", trajeron alteraciones del orden. Hubo saqueos populares en Lima. Las tensiones le llevaron a apoyarse en el ejército para disolver el Congreso y desmantelar el Poder Judicial, lo cual le atrajo muchas críticas. Sin embargo logró reelegirse frente al conocido diplomático Javier Pérez de Cuéllar, ex secretario general de Naciones Unidas.
El punto culminante de su mandato fue la derrota del comando que mantuvo rehenes en la embajada del Japón durante varios meses. El asalto espectacular y la represión brutal --fue asesinado en su totalidad el grupo insurgente--, muchos lo atribuyeron a la eminencia gris de su régimen, Vladimiro Montesinos.
Perú se convirtió en una de las nuevas bases de los traficantes de coca. Montesinos llevaba muchos años al servicio de la CIA. En 1977, siendo capitán de la inteligencia, fue expulsado de ese servicio por haber vendido secretos del gobierno peruano a la institución de Langley. Al volver a la vida civil ejerció su profesión de abogado otorgando servicios legales a la mafia. Al regresar a la vida militar rindió excepcionales favores a Fujimori. Montesinos se hallaba envuelto en un tráfico de armas (rifles de asalto rusos AK-47 provenientes de Jordania, con destino a las guerrillas colombianas). La crisis final del régimen de Fujimori comenzó cuando Montesinos se entrevistó con el congresista Alberto Kouri y le entregó un sobre con veintidós mil dólares, para comprar su adhesión al gobierno. Todo ello quedó grabado en un video que fue entregado a la prensa.
En su segundo intento reeleccionista, Fujimori se enfrentó a Alejandro Toledo, economista egresado de la aristocrática Universidad de Stanford. profesor de Harvard y consultor del Banco Mundial. Toledo ha actuado con una manifiesta subordinación a los mandatos de Washington y se ha enfrentado a un extendido desprestigio ante el fracaso de su gobierno y el incumplimiento de sus promesas.
Cuando ascendió a la Presidencia, en 1985, Alan García contaba solamente 36 años y venía pleno de buenas intenciones. Heredaba tradiciones de la izquierda peruana que había tenido figuras tan poderosas como José Carlos Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre, pero su mandato culminó en un desastre generalizado. Al asumir el mando de la nación anunció que reduciría el pago de la enorme deuda externa del país que ascendía a 14 mil 500 millones de dólares.
Fujimori emprendió una persecución de Alan García y lo obligó a refugiarse en la embajada de Colombia y huir hacia aquél país. García fue, entonces, acusado de latrocinio: de haber escamoteado decenas de barras de oro del patrimonio nacional y de haber comprado una isla en Miami. Enjuiciado por la Corte Suprema de Justicia fue absuelto de todos esos cargos. Ahora vuelve al poder gracias a la amnesia histórica de los peruanos.
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La elección de Alan García: Perú de nuevo en la encrucijada
Lisandro OteroOpinión
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