Una de las tácticas policíacas más elementales para descubrir al autor de un crimen es buscar al beneficiario. La semana pasada el atentado contra la mezquita dorada en Samarra, santuario que guarda los restos de los imanes Hali Hadi y Hassan Askari, fue dinamitada. Inmediatamente se abrió una reacción en cadena de disturbios y asesinatos indiscriminados. La cifra oficial fue de 119 muertos, pero extraoficialmente se considera que las víctimas excedi! eron las doscientas. A la vez se sucedieron atentados contra las mezquitas de los sunitas en todo el territorio. Los chiítas se lanzaron a un frenesí vengativo de represalias para lavar con sangre la profanación inferida.
La ominosa sombra de una pavorosa guerra civil asomó su feo rostro. La pregunta básica es ¿a quién beneficiaría ese conflicto interno? La respuesta es obvia: al ejército ocupante extranjero, a Estados Unidos y Gran Bretaña. La división de las fuerzas de resistencia patriótica debilitaría el rechazo a las potencias invasoras. Las actuales guerrillas urbanas, los esfuerzos coordinados de enfrentamiento al invasor, se amortiguarían notablemente. Por tanto no es muy insensato suponer que la CIA esté detrás de ese intento divisionista. Poco después del episodio de Samarra se intentó volar otro santuario en Kerbala. El plan es di! námico y pertinaz.
Irak nunca ha llegado a ser dominado completamente por las fuerzas expedicionarias norteamericanas. Ahora ofrece la triste degradación de todo país vencido y avasallado. Enfermedades, carencia de luz y agua, enfrentamiento entre pandillas armadas de delincuentes. El tráfico de heroína ha reaparecido con una intensidad de torbellino. Junto a la droga ha hecho su entrada el juego. Los imanes piden la instauración de una jerarquía islámica en la dirección del país.
Millares de bombas racimo antipersonales permanecen sepultadas en los patios y baldíos, sin ! explotar, constituyendo una amenaza potencial. Las escuelas destruidas por los bombardeos aún no han sido reparadas y por tanto niños y jóvenes han visto interrumpido su proceso educacional. El caos social ha propiciado que antiguas vendetas familiares puedan ser resueltas sangrientamente sin que ninguna forma de orden ciudadano pueda impedirlo. Las divisiones religiosas entre chiítas y sunitas se han profundizado. Vagabundos y lumpen están usurpando viejas residencias y apartamentos en Bagdad, creando comunidades urbanas regidas por la ley de la selva. Los oportunistas florecen intentando ocupar algún espacio en la nueva jerarquía administrativa instaurada por los ocupantes. En el mercado pueden adquirirse libremente muchos de los tesoros artísticos que fueron s! aqueados de los museos. Este cuadro de desorden y desconcierto está nutrido por un sentimiento de frustración y amargura.
Durante muchos años Washington confió en el despótico Shah de Irán y le proporcionó armamento para que fuese el eje de su política en el Golfo. Desde la revolución de 1979, Irán, bajo el liderazgo del ayatollah Jomeini, se convirtió en un implacable enemigo. Los años en que los británicos, y luego los norteamericanos, fueron aliados y sustentadores de la opresión del pueblo persa se convirtieron en una fuente de odio, largamente reprimido. Los Estados Unidos se volvieron a Irak para debilitar a Irán y atizaron la guerra de 1980 al 88. Saddam Hussein se lanzó contra Jomeini con la ayuda del gobierno estadounidense. Esa entente pereció con la invasión de Irak a Kuwait en agosto de 1990
Ahora el gobierno de Bush está pagando el precio de muchos años de errores, de muchas maniobras pérfidas contra los pueblos árabes. Aunque persisten en el lenguaje mixtificador de que su misión es propagar la libertad y la democracia, cuando todos saben que se trata de apoderarse del petróleo del Medio Oriente, cada día el aborrecimiento antiyanqui crece en todo el mundo y especialmente en Irak.
Por eso una de las alternativas que no han explorado es la de propiciar la guerra civil para frenar la resistencia nacionalista y se disponen a hacerlo. Pero no cuentan con que los propios iraquíes no quieren ver su país arrasado doblemente por un conflicto interno. Los propios ulemas se están poniendo de acuerdo para evitar la catástrofe y parece que sus esfuerzos tendrán éxit! o. La CIA no podrá desembarazarse tan fácilmente de la pesadilla iraquí.
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