- Cubadebate - http://www.cubadebate.cu -

América Latina: ¿Populismo o confederación de identidades?

Hace una década, no más, Eduardo Galeano se quejaba amargamente de que América Latina había dejado de ser una amenaza. "Hemos dejado de existir. Rara vez las fábricas universales de opinión pública se dignan a echarnos alguna ojeada." Y era verdad. El continente ocupaba titulares solo cuando era arrasado por huracanes o dictadores, por terremotos o marines, por narcotraficantes o "escuadrones de la muerte", por refinados torturadores o por mafias que secuestran y asesinan niños para vender sus órganos. La catástrofe había sido hasta ahora nuestra única carta de presentación.

Sin embargo, a contracorriente de la maldición de los medios que siguen reservándonos el espacio del clima y la crónica roja, en los últimos tiempos Latinoamérica empieza a colarse con otros titulares verdaderamente inquietantes. "Venezuela entrega petróleo a los pobres de Estados Unidos", "Bush y el ALCA sufrieron duro traspié en Mar del Plata", "Cuba envía médicos a Haití; Estados Unidos manda más soldados", "Bachelet congela en Chile ley de Punto Final", "Exitosa gira internacional de Evo Morales"…

¿Qué está pasando en el Nuevo Mundo? ¿Por qué andan apresurados los Bush y las Condoleezzas imperiales, intrigando y amenazando a la región, mientras la guerra perpetua contra el terrorismo cada vez más se enreda en Iraq? ¿Por qué sale Aznar de gira contra el "populismo latinoamericano? ¿Qué significa esta emergencia insólita de la izquierda latinoamericana en el poder? Por lo pronto, que nuestros países poco a poco van llegando a la conclusión de que el rumbo político deberán resolverlo por sí mismos. De que las ofrendas neoliberales y la promesa del ALCA son callejones sin salida. O mejor, callejones con una única salida: la revolucionaria. Con votos o sin votos, pero revolucionaria.

Los golpes enseñan. Las actuaciones de los Estados Unidos han sido, a través de los años, notorios factores de irritación en el mundo, y especialmente en el continente, tradicional traspatio donde se probaron todas las tácticas criminales de las administraciones norteamericanas. No hay manera de ocultar que la Operación Cóndor se parece, como una gota de agua a otra, a los traslados masivos de prisioneros a cárceles secretas de todo el mundo; que las torturas en Guantánamo y Abu Ghraib fueron diseñadas en la vieja Escuela de las Américas, y que el castigo contra la población civil en Faluya, por ejemplo, tiene como antecedente el genocidio en El Salvador y en Guatemala.

Si bien Estados Unidos sigue en posesión de la máxima fuerza militar, es obvio que no goza de una paralela hegemonía económica. América Latina empieza a asimilar que debe depender primordialmente de sí misma. El ALCA es un soberano fracaso. Europa está desmoralizada. Las ayudas y los convenios equitativos, sin intereses leoninos y sin ofensa a nuestras soberanías, parecen que solo pueden lograrse en la región. El nuestro es uno de los continentes más ricos, con mejor material humano, con rasgos culturales propios, con suelos fértiles y subsuelos nobles, con espacios verdes y patrimonios ecológicos, gracias a los cuales la humanidad respira (todavía). ¿Por qué entregar toda esa fortuna material a la codicia de los modernos conquistadores?

Es extraordinario que cuando apenas comenzamos a salir del eterno catastrofismo americano, al bloque de gobiernos que desafían las políticas de Washington se les cuelga el rótulo de "populistas", como si la palabreja fuera nueva al sur del Río Bravo y no hubiéramos padecido hasta el hartazgo a gobiernos "nacionalistas" que, en las décadas neoliberales de los 80 y los 90, en nombre de la democracia y el libre mercado allanaron el camino de la perpetua injusticia. Eso no excluye que la retórica populista pueda confundirse con verdaderas propuestas de cambio en pueblos marcados a fuego por crisis de todo tipo. Sin embargo, nunca ha sido más evidente aquel dictamen sociológico del Che Guevara: "Las burguesías autóctonas han perdido toda su capacidad de oposición al imperialismo -si alguna vez la tuvieron- y sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer; o revolución socialista o caricatura de revolución." ("Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental". Abril de 1967)

Pero hay otros elementos de la realidad ejemplarizantes para los nuevos políticos latinoamericanos. El Nuevo Desorden Internacional y sus guerras asesinas están provocando que mientras unas naciones se desintegran, otras caminan hacia la integración por mero instinto de conservación. Frente al crecimiento galopante de la muerte, las torturas y las xenofobias, todavía América Latina puede presentar, al margen de esos atolladeros, relaciones comerciales beneficiosas (el ALBA), programas para devolver la visión a decenas de miles de ciegos (Operación Milagro), un frente político común frente a Estados Unidos (la Cumbre de Jefes de Estado en Mar del Plata), el rescate de sus riquezas naturales (la nacionalización del gas en Bolivia) y otras irreverencias que asaltan los titulares y prueban que América Latina existe más allá de las catástrofes.

Ahora sí es una amenaza, por más que la principal noticia todavía escapa de los servicios cablegráficos. El cambio de rumbo que se está produciendo en el continente y en el Caribe no hará otra cosa que afirmar su identidad, o más bien sus identidades. Más que una sola nación, como concibieron los románticos, América Latina empieza a ser una confederación de identidades con los Chávez, los Lula, los Tabaré, los Kirchner, los Preval, los Evo y todos los que van subiendo al carro de la independencia del Norte, al margen del pelaje izquierdista de cada cual y de la singularidad política de cada país.

El gran titular que todavía se escapa es que esta confederación de identidades, mientras más matizada, mayores posibilidades tiene de unidad; y mientras más unida, más posibilidades tiene de existir. Y, por supuesto, no solo en las noticias.