Derecho de veto: ¿Coraza o cadalso para la Comunidad de Naciones? (II)
Si la década recién concluida fue difícil y compleja para la humanidad en todos los órdenes, la que comenzó con el siglo XXI y el 3er milenio vislumbra serlo mucha más. La transformación de la ONU constituye un imperativo, pues es uno de los pocos escenarios donde los países del mundo podrían en efecto canalizar sus inquietudes y concertar sus intereses, así como encontrar soluciones a lo acuciosos problemas que confronta la sociedad global, que dejan cada vez más acentuada impronta medioambiental con gravísimas consecuencias para el presente y futuro previsible, lo que pudría incluso condicionar la subsistencia del propio ser humano como especie de no lograrse la sostenibilidad que necesitamos, para poder fraguar con optimismo la esperanza de hacer algún día realidad el sueño de prosperidad y paz (todavía bien distante para la mayoría de los terrícolas) al que aspiraron genuinamente muchas personas de bien en el mundo cuando se concibió la Organización de Naciones Unidas.
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