Rodolfo Livingston y Rosa Miriam Elizalde
CARACAS.-Nos encontramos en el elevador del hotel, fruto de esos azares "concurrentes" de los cuales hablaba José Lezama Lima. Le comento a Rodolfo y él cita a Borges: "todo encuentro casual es una cita " Y añade: "¡Cómo extraño mi columna en Juventud Rebelde!" "Empieza hoy", respondo. "Hagamos juntos la crónica de la inauguración del Encuentro." Y aquí va.
El Teatro Teresa Carreño es una explosión de cantos y banderas flameando sobre un mar de camisas rojas. Y Chávez que no llega, y no llega. "Es que está hablando en otro acto", comenta alguien. El locutor nos entretiene, nombrando a todos los países que están representados, y cada grupo agradece con gestos a la multitud que los aplaude.
Livingston se levantó, saludando, cuando nombraron a Argentina, y también cuando se derrumbó el teatro entre aplausos a Cuba. Mientras tanto, la orquesta -todos vestidos de negro-, acompañaba a un coro inubicable: "Yo nací en esta ribera del Arauca vibrador, soy hermano de la espuma, de las rosas y del sol "
En el escenario un enorme cartel de vivos colores: APRENDER DEL MUNDO Y DIVULGAR LO NUESTRO. Es el Tercer Encuentro Mundial de Solidaridad con la Revolución Bolivariana. Sigue la orquesta: "Toy'contento", es lo que tocan y cantan, y continúan llegando los "disidentes", los verdaderos disidentes frente al Imperio. Todos queremos escuchar a Chávez, quien finalmente aparece y saluda de pie en el escenario con un saco de un color, un pantalón de otro, la camisa roja asomando en el centro. Parece un gladiador.
El escenario sorprende a Rodolfo, argentino acostumbrado a los escritorios rococó de la monarquía francesa, detrás de los cuales hablan los presidentes de este mundo, custodiados por crispados edecanes. Nada de escritorio para Chávez. Una sillita no más, de plástico, y al fondo, muchas plantas tropicales y un gran ramo de flores.
La abogada y escritora norteamericana-venezolana Eva Golinger, quien habla en nombre de los invitados internacionales, nos recuerda las palabras del Presidente bolivariano unos años atrás, en Nueva York: "Amo la vida, amo la justicia, amo la paz." Poco después, con voz firme y clarísima, Chávez hilvana sus ideas. Cita a Cristo, a Fidel, a Emiliano Zapata, a Pancho Villa, a Trosky, a Gramsci, a Bolívar. "Esta Revolución -dice- es hija de la Revolución mundial."
Se acuerda de 1989. Había mucho frío en el mundo y una gran incertidumbre en el planeta. "Y fue en ese momento en que salió el pueblo pobre de Venezuela a decirle NO al Fondo Monetario. NO al neoliberalismo. NO a la sumisión." Y añade: "Si no hay Patria para todos, no habrá Patria para nadie."
Recuerda una anécdota de los días del Golpe de Abril de 2002. Una anciana -con cinco hijos y muchos nietos- había caminado kilómetros hasta Miraflores y en la madrugada del 14 de abril, avanzaba por la autopista, a pie firme. "¿Y usted cómo piensa regresar a su casa, señora?", le preguntó el Presidente, que acababa de retomar el poder. Ella le respondió, sosteniéndole la mirada con infinito amor: "Mira, mijo, si tú no hubieras regresado, yo tampoco."
Parece que está por terminar. Levanta su voz sonora, como la de un toro poderoso -si los toros hablaran- y en medio de los aplausos, nos dice: "Después de muchos años de observar al mundo, pues " -y hace una pausa-, "me he hecho socialista".
Miramos el rostro firme de este morocho, peleador, de pie frente al Imperio, y creemos ver en él la antigua rebelión de la sangre negra y de la sangre india, 500 años postergada. Llegó al poder por las vías legales, impuestas por la cultura de los blancos, y allí está hoy este disidente verdadero, representándonos a todos. Frente al FMI, el Banco del Sur. Frente a las multinacionales, PDVSA. Frente a la CNN, Telesur. Frente al ALCA, "ya existe el ALBA". Está amaneciendo.