Un cámara con credenciales de prensa de la CBS es la última víctima de la "libertad de prensa" de Estados Unidos en Irak. A pocos días de que se cumplieran dos años del asesinato del camarógrafo español José Couso, en el hotel Palestina, la historia casi vuelve a repetirse. El técnico acreditado por la televisora estadounidense fue detenido, tras ser tiroteado por las fuerzas de la coalición, por que, según una declaración pública del ejército, su cámara fue confundida con un arma.
El cámara, que sufrió heridas leves, es acusado ahora de sospechoso de ayudar a los terroristas porque entre sus cintas se encontraron escenas de cuatro ataques de la resistencia, y sus captores han tratado de justificar el incidente alegando que el camarógrafo recibía con antelación información por parte de los rebeldes de cuándo y dónde ocurrirían los ataques.
Durante su detención puede que el camarógrafo de la CBS reciba los malos tratos con que las fuerzas iraquíes y del ejército norteamericano, suelen emplear con la prensa. Un ejemplo de cómo se "atiende" a los reporteros en el Irak ocupado es el caso de los tres empleados de la agencia Reuter que aseguraron haber sido golpeados, privados de sueño y obligados a adoptar posturas humillantes a lo Abu Graib cuando fueron detenidos en Faluya, en enero del 2004.
En caso de que le ocurriese algo similar, el trabajador de la CBS podría considerarse un hombre dichoso si se tiene en cuenta que su suerte bien pudo ser la de los 26 profesionales de la prensa que murieron el pasado año en el país que sigue siendo el lugar más peligroso de mundo para ejercer el periodismo.
A los periodistas muertos durante el 2004 en Irak se suman 16 operarios, traductores y técnicos, la mayor parte de ellos locales, que perdieron la vida en los enfrentamientos entre las fuerzas insurgentes y las tropas de ocupación. Según un reporte de un comité dedicado a la protección de los periodistas, desde abril del pasado año, 30 periodistas han sido secuestrados y dos fueron ejecutados por sus captores. El último incidente de este tipo es el de los tres periodistas rumanos -Marie Jeanne Ion, Sorin Dumitru Miscoci y Ovidiu Ohanesian- raptados a finales de marzo en Bagdad y cuyo paradero sigue siendo una incógnita.
Pero un factor determinante en la falta de seguridad de los informadores en Irak sigue siendo la hostil actitud de los soldados norteamericanos hacia los reporteros. Los sucesos del Hotel Palestina o el tiroteo en el que perdió la vida un guardia de seguridad italiano y en el que resultó herida la periodista de Il Manifesto Giuliana Sgrena, tras ser liberada, no son hechos aislados.
En noviembre del 2004, Dhia Najim, un camarógrafo de Reuters, murió a causa de los disparos de los soldados estadounidenses en un enfrentamiento entre la insurgencia y el ejército en Ramadi. Los marines justificaron el ataque alegando que el cámara estaba con quienes les atacaron. Reuter no comparte la misma visión del asunto. Según las evidencias recogidas por la agencia, la lucha ya había terminado cuando Dhia Najim recibió el disparo mortal.
Otras víctimas han sido Taras Protsiuk, Mazen Dana y Dhia Najim, de la agencia Reuters, y Tareq Ayyoub, de la televisión Al-Jazeera. También Terry Lloyd, Fred Nérac y Hussein Osman, de la cadena de televisión ITN; Ali-Abdel Aziz y Ali Al Khatib, de la televisión Al-Arabiya; Assad Kadhim y Hussein Saleh, de la televisión Al-Iraqiya; Dler Karam Ali, del periódico Al-Ittihad Al-Isalmi, y el independiente Mazen Al-Tomeizi.
El asesinato premeditado de periodistas en Irak toma ya dimensión de escándalo. "Acusamos a EEUU de incumplir sus obligaciones de justicia y trato igualitario para con las víctimas de la violencia de sus propios soldados", afirma el secretario general de la FIP, Aidan White, en una carta que le enviara al Presidente Bush.
En la misiva, la FIP considera el 8 de abril, día del asesinato de Couso, como un "símbolo de la impunidad" con que muchos periodistas son asesinados en "actos premeditados" cada año, y acusa al gobierno de EEUU de "endulzar" los informes sobre los asesinatos, que " siguen un esquema poco creíble y escasamente convincente". La FIP exige "una respuesta rápida y convincente a las dudas surgidas alrededor de estas muertes acabaría con las especulaciones sobre la persecución de periodistas y medios de comunicación".
Lo más probable es que las dudas sobre la posición del gobierno estadounidense respecto a los asesinatos de periodistas en Irak perduren más de la cuenta. La actual administración ha demostrado tener una visión bien ambigua y confusa sobre la libertad de expresión. Mientras convierte -en cursos de tres días ofrecidos en la Oficina de Intereses de La Habana-, a mercenarios en periodistas, permite que sus tropas aniquilen a verdaderos profesionales en Irak.
Por lo visto, para Casa Blanca todo depende del ángulo con que las lentes apunten a la realidad.