La presión de la olla electoral en Cuba sigue aumentando. Y será mucho mayor aún cuando el próximo 15 de febrero se exponga en los lugares de mayor afluencia de público dentro de las más de 15 mil circunscripciones electorales en todo el país el Registro Primario de Electores, donde aparecerán los nombres y apellidos de millones de cubanos con capacidad legal para elegir y ser elegido en los comicios para delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular, fijados para el próximo 17 de abril.
Tal Registro no es el definitivo. Su exposición pública hasta el 17 de marzo es para que todos los residentes en una circunscripción tengan la posibilidad de revisar si aparecen en el listado o si sus nombres y apellidos son los correctos, así como también para que puedan detectarse posibles exclusiones o inclusiones indebidas como, por ejemplo, personas fallecidas o que se hayan trasladado a un domicilio fuera de la circunscripción en que aparece inscripto. Durante todo un mes, e incluso hasta el mismo día de las elecciones, las comisiones electorales procesarán todas las observaciones al Registro y llevarán a cabo su actualización. Lo que se busca es que a ningún ciudadano, mayor de 16 años, se le vete la posibilidad de elegir o resultar electo delegado a la Asamblea Municipal del Poder Popular en su territorio de residencia.
Según fija la Ley Electoral vigente en Cuba -la aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular en 1992--, tienen derecho a ser postulados y elegidos todos aquellos cubanos, hombres y mujeres mayores de 16 años residentes permanentes en el país que se encuentren en pleno goce de sus derechos políticos, incluidos los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y del Ministerio del Interior.
De tal manera, limpia y transparente, con la participación del pueblo y con el apoyo de las organizaciones de masas y sociales, se confecciona en Cuba el Registro Electoral, donde ningún elector tiene que pasar por engorrosos trámites burocráticos, abandonar su horario laboral o pagar una determinada suma por su inscripción, tal como sucede en numerosos países.
¿Cuán diferente fue en la Cuba anterior a 1959 y en los "paraísos" democráticos del mundo actual?
Hace unos días, un periodista del diario Granma reseñaba los vericuetos que debía recorrer un aspirante a elector en 1953 ante la Junta Electoral de su municipio para poder votar en la farsa montada por el dictador Fulgencio Batista. Debía pasar por un proceso de verificación por si no había sido ya registrado. De no estar inscripto, era citado para que llevase fotografías, se le tomasen las huellas digitales y cumplir otros requisitos. Tiempo después es que le entregaban la cédula electoral. Claro, todo esto se facilitaba si ese aspirante a elector iba a votar por el candidato de gobierno, o sea por Batista.
En varios estados de Estados Unidos, por ejemplo, hay empresarios que no dan permiso a sus trabajadores para ir a las oficinas de inscripción electoral cuando saben que son simpatizantes de un partido opuesto al suyo. Escandaloso, igualmente, es lo que sucedió en La Florida en las últimas elecciones donde fueron excluidos del Registro 600 000 ex sancionados, en su mayoría negros, y por consecuencia simpatizantes del Partido Demócrata. El pasado 17 de enero, el candidato presidencial demócrata John Kerry denunció que miles de estadounidenses fueron "purgados" de las listas electorales. De esto, por supuesto, se habla poco en la prensa norteamericana, como tampoco se hace mucho énfasis en lo ocurrido en Ohio con el padrón electoral y los votos contabilizados. En ese estado ejercieron el sufragio 600 personas, y las máquinas dieron los siguientes resultados: 300 lo hicieron por Kerry y 3 400 por Bush.
Esas arbitrariedades y esos escándalos no tienen cabida en Cuba, país del cual el señor Bush y sus acólitos dicen y repiten la mentira de que no hay elecciones libres y democráticas. Este el duodécimo proceso electoral desde 1976, aunque de ello los grandes medios de comunicación y los voceros de la Casa Blanca han guardado casi un absoluto silencio. En cambio, en estos días, vemos como dedican grandes titulares, amplias informaciones y comentarios a las elecciones en Iraq, una auténtica farsa electoral, un engaño al pueblo iraquí, a la opinión pública norteamericana y a la opinión pública mundial, con la cual el señor Bush pretende legitimar una administración títere, apoyada por los cañones y la metralla de la aviación, los tanques y los fusiles de un ejército de ocupación.
Otro momento importante en el proceso electoral cubano lo será cuando se celebren las asambleas de nominación de candidatos a delegados. Esto ocurrirá desde el 24 de febrero al 24 de marzo. Con orgullo podemos afirmar que ningún país en el mundo tiene un sistema de democracia directa y de participación masiva de los electores como ése, donde los candidatos a delegados no son nominados por partidos políticos ni son postulados por grupos o políticos adinerados, sino por el pueblo, en asambleas de vecinos, donde se hacen las propuestas de candidatos entre los mejores y más capaces, y a mano alzada, se nomina el que más votos obtenga. Pero de esto prometemos hablarle en una próxima nota.