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EN MIAMI, EL "INTOCABLE" CLEMENS TIENE TELA POR DONDE CORTAR

LA prensa de Miami no se cansa de elogiarle y de construirle una fama de super cop especialista en terrorismo y en corrupción. The Miami Herald y El Nuevo Herald señalaron sus hazañas con un candor inhabitual por parte de órganos de prensa que no se distinguen por su ingenuidad.

El nuevo director del FBI para el Sur de Florida, Michael S. Clemens, fue quien cerró el caso, con su tropa, de Gloria Alba y María Peñalver, dos jurados en el juicio de Salvador Magluta y Augusto Guillermo "Willy" Falcón, quienes habían aceptado dinero para absolver a estos dos famosos capos del narcotráfico miamense.

Clemens también cerró el último capítulo del caso de los 13 agentes de la policía de Miami que, en 1995 y 1996, tenían el funesto hábito de matar a supuestos sospechosos (preferiblemente negros) para luego "plantar" armas al lado del cadáver, y hacer creer que el muerto estaba armado y justificar así su ejecución.

Nacido en Pennsylvania de una familia con ocho hijos, Clemens, de 47 años de edad, integró el FBI en septiembre de 1983 como técnico de contabilidad en Alexandria, Virginia, pero después de nueve años, con 35 años de edad, fue llamado al cuartel general para ocupar el puesto de Supervisor de la "corrupción pública" (public corruption) para el Sudeste. Pasó a ser el jefe anticorrupción para el país entero en 1999.

Cuando es designado para ocupar el puesto de Special Agent in Charge (SAC) del buró estratégico de Miami, el quinto en importancia en el país, ocupaba un cargo similar en la ciudad de Baltimore.

EN MIAMI, EL INCORRUPTIBLE TIENE TELA POR DONDE CORTAR

En Miami, el intocable Clemens -para retomar el título de la famosa serie televisiva norteamericana- sí tiene tela por donde cortar. Y hasta sin salir de su oficina.

Vino a reemplazar al neoyorquino Jonathan Salomon, quien abandonó sorpresivamente su puesto después de unos meses. Salomon había sustituido en diciembre del 2003 a Héctor Pesquera, uno de los SAC más desastrosamente excepcionales que tuvo el privilegio de mantener en Miami la Policía de J. Edgar Hoover.

Excepcional por la forma en que se entregó, como nadie lo hizo antes, a la mafia cubanoamericana de Miami, al punto de ignorar totalmente, durante meses, la presencia en Florida de 14 de los 19 terroristas de Al-Qaeda que preparaban lo que fue el 11 de septiembre. Prefería dedicarse a perseguir a los cinco cubanos que se habían infiltrado en las organizaciones extremistas cubanoamericanas.

Los Cinco luchaban contra organizaciones como las del pediatra asesino, Orlando Bosch Avila y su Partido Protagonista del Pueblo (6850 Coral Way, suite 308), de Rodolfo Frómeta, jefe de los Comandos F-4 (1412 W. Flagler Street, oficina A, segundo piso), y de Ernesto Díaz Rodríguez, jefe de Alpha 66 (1714 W. Flagler Street), quienes se jactan regularmente de sus crímenes y lanzan llamamientos al terror en los canales de la televisión local.

Fue también Pesquera quien llegó a tergiversar el juicio de los terroristas, miembros de la FNCA, del yate La Esperanza, arrestados en Puerto Rico con rifles, hasta obtener su absolución. Celebró luego con los acusados aunque fueron identificados, por el propio FBI, como elementos extremistas. Así como festejó después de la

condena de Los Cinco en una celebración organizada por connotados terroristas, entre ellos sus socios Horacio García y José Basulto, ambos también con antecedentes violentos contra Cuba.

Pesquera, fuera de todas las convenciones humanitarias y las propias reglas del sistema carcelario, mantuvo 17 meses a estos mismos luchadores contra el terrorismo amarrados en el fondo de celdas de castigo antes de organizar, después de su condena a sentencias delirantes, su reclusión en cinco cárceles del país situadas a miles de kilómetros unas de otras.

Pesquera, el hombre de la investigación chapuceada del Anthrax, del bochornoso caso del "espía" Faget, quien nunca lo fue, de algunas visitas so

spechosas al campo de concentración de Guantánamo y otras joyas que ilustraran para siempre la poco gloriosa historia del FBI floridano.

¿Y DAVID BUCKER, SIR?

Si el juicio de Sal Magluta y Willy Falcon justificó una profunda investigación, el de Los Cinco, orquestado por Pesquera, tiene que ser, para un especialista del terrorismo y de la corrupción como Clemens, lo que es un ratón a un gato.

El juicio de Los Cinco tiene, es cierto, una execrable similitud con el de los dos famosos capos: lo sospechoso del comportamiento de David Bucker, presidente del jurado en el proceso apañado hecho a Los Cinco en Miami, es evidente.

El jurado, luego de escuchar a más de 92 testigos durante siete meses -¡un record!- se tomó un solo día para decidir sobre la acusación de espionaje que culminó con la imposición de sentencias a cadenas perpetuas. Ni Bucker ni ningún otro miembro del jurado tuvo siquiera una sola pregunta. Tampoco fue leído un solo párrafo de la gigantesca transcripción de los testimonios. ¡Ni se examinó evidencia alguna!

Cuando recibió las instrucciones de la jueza el lunes 4 de junio del 2001, Bucker tuvo la desfachatez de afirmar que el viernes 8 de junio, a las 4:30 de la tarde, iba a tener el veredicto. Algo nunca visto. ¡Y así fue!

Pero todavía no se había alcanzado el colmo de la desvergüenza: el primer día de las vistas de sentencias, el mismo Bucker se exhibía en la sala de audiencia… ¡Sentado junto con el connotado terrorista José Basulto y otros conocidos personajes vinculados a la mafia cubanoamericana!

¿Y QUE DECIR DEL CASO DE JOSE GUEVARA?

Por encima de lo anterior, Pesquera también le dejó a Clemens el caso de las misteriosas negociaciones con el Gobierno de Perú que él desarrolló para entregar a Vladimiro Montesinos, secuestrado en Venezuela por ex policías, para quien se ofrecía una recompensa de un millón de dólares.

Su cómplice en estos extraños trámites, de los cuales se abstuvo sospechosamente de informar al Gobierno venezolano, fue José Guevara, ex policía de la Inteligencia venezolana a quien el FBI primero arrestó para luego gratificarle con el título de "testigo", poniéndole bajo su protección y dándole el derecho de quedarse en los Estados Unidos.

Guevara, que sigue en Miami, acaba de reaparecer entre los principales sospechosos del asesinato, en Caracas, del fiscal Danilo Anderson.

En una entrevista con el Nuevo Herald, Clemens afirmó con aparente convicción que combatir el terrorismo es "su máxima prioridad". Lo que sería un cambio dramático en el nivel del Buró del FBI que dirige.

Hay que recordar cómo Judy Orihuela, portavoz de su oficina, al ser interrogada en abril del 2003 por el Sun Sentinel, declaró fríamente que, para el Buró del FBI, los terroristas de Miami "no son una prioridad". Lo que explica la escandalosa llegada, el 26 de agosto último, al aeropuerto de Oppa-Locka, de Pedro Remón, Guillermo Novo y Gaspar Jiménez, tres de los más peligrosos terroristas del continente.

En una entrevista reciente otorgada al Miami Herald, Clemens subrayó que en su lucha contra el terror "los puertos y aeropuertos" de Miami constituyen una absoluta prioridad. Son a la vez "un posible blanco" o "una base de operación" para los terroristas, afirmaba.

Ahí sí el ex marine Clemens tiene un serio problema.

A Héctor Pesquera acaban de contratarle (con 175 000 dólares anuales) como jefe de la Seguridad del sistema de puertos y aeropuertos de la región… que no son sólo un blanco para terroristas sino también un conocido terreno de juego para los oficiales y negociantes corruptos, como lo evidenciaron varios escándalos.

Verdad que, para el intocable Clemens, hay en Miami tela por donde cortar!