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Felipe Pérez Roque y la ONU

El pasado 24 de septiembre Felipe Pérez Roque, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, intervino en nombre de su país en la Asamblea General de la Organización de las naciones Unidas (ONU), y denunció las muchas mentiras que difunden los poderes dominantes, singularmente la Casa Blanca, en torno a los grandes problemas de nuestro tiempo. Fue rotundo y conmovió a quienes lo escucharon y a los que leímos sus palabras en los medios de información. Después de la agresión a Irak, dijo con enérgica serenidad, Naciones Unidas no existe más "como foro útil y diverso, basado en el respeto a los derechos de todos y con garantías también para los estados pequeños".

Recordemos que uno de los principios centrales del organismo mundial es el de la igualdad soberana de sus miembros, y que éstos tienen el deber de arreglar sus controversias internacionales por medios pacíficos a fin de no poner en peligro ni la paz y la seguridad ni la justicia; y consecuentemente ninguna de las partes puede hacer a un lado a Naciones Unidas, utilizar su fuerza militar y agredir a otro u otros países, pues tal comportamiento inmoral y condenable sería brutalmente violatorio de las más altas instancias axiológicas que sustentan y guían la convivencia mundial. Y en el caso del conflicto con Irak, atacado después de Afganistán, el gobierno estadunidense repitió la infamia cometida por Hitler cuando burló a la Liga de Naciones, rearmó a Alemania, agredió a los países vecinos en nombre de una supuesta raza pura y desató la Segunda Guerra Mundial y sus consecuencias desastrosas para la humanidad. Precisamente al concluir el trágico conflicto, en 1945, se procuró recoger lo mejor de los ideales de la Liga y fundar una nueva organización: Naciones Unidas, orientada a cimentar una paz bienhechora para todos. Socialistas y capitalistas así lo juraron al suscribir la Carta de la ONU, en 25-26 de junio, que entraría en vigor el 24 de octubre de ese año.

Exhibiendo el mismo desprecio de Hitler, el presidente George W. Bush, luego de amenazar al Consejo de Seguridad de la ONU con hacerlo a un lado si no secundaba y aprobaba el ataque a Irak, cumplió la amenaza ignorando el derecho internacional, difundiendo la falacia de las armas de destrucción masiva en manos de Saddam Hussein, aniquilando con sus tropas la cultura y la organización del pueblo heredero de la gran civilización mesopotámica, creadora de la escritura y de no pocos valores que hasta el presente forman parte de nuestros arquetipos supremos.

Así fue como Bush y el grupo que lo rodea dinamitaron el segundo gran proyecto que la sociedad edificó para practicar la tolerancia y convivir en paz uniendo las fuerzas de todos en el mantenimiento de la seguridad, mediante la aceptación de normas y métodos que excluyan el uso de las fuerzas armadas y exalten el progreso económico y social de los pueblos, de acuerdo con las finalidades aprobadas por quienes suscribieron la mencionada Carta.

Los resultados de esa perversa conducta del gobierno estadunidense son bien conocidos. Afganistán e Irak siguen en guerra. En Afganistán mandan los caciques del poder bélico, que se reparten influencias y riquezas, mientras los habitantes hundidos están en la desesperación y la indigencia, y en Irak se ha generado y ampliado una resistencia que los ejércitos aliados no pueden controlar; al revés, la multiplicación de grupos chiítas y sunitas en oposición a las tropas ocupantes de su patria está transformando la contienda en un gigantesco cementerio al lado de los contingentes ineptos de un gobierno pelele y de los comandantes estadunidenses e ingleses que nada pueden hacer ya para superar la extendida rebelión árabe.

Entendemos con claridad ahora que la anulación de la ONU por el gobierno del Tío Sam podría conducir a los hombres a un enfrentamiento global entre las elites neonazis, dueñas de la verdad única y de las mayores armas de destrucción colectiva imaginadas por los belicistas de todos los tiempos, y las masas humanas cada vez más conscientes de la aviesa situación prevaleciente, que se niegan a ser convertidas en un insumo más de la tasa de utilidades y beneficios que acumulan día a día los barones del dinero trasnacional.

Con mucha razón el ministro Pérez Roque señaló que no serán cumplidos los objetivos de la Declaración del milenio. Hubo el propósito de disminuir para 2015 los mil 276 millones de seres en pobreza extrema que había en 1990; la realidad es que entre este año y 2000 ese número creció en 28 millones de gentes. Se aspira a lograr que en 2015 la enseñanza primaria sea universal; sin embargo, más de 120 millones de niños no van a la escuela, y no hay seguridad de que el porcentaje disminuya. Lo mismo sucede con la mortalidad de menores, la epidemia del sida y las calamidades que azotan al Africa y otras regiones del planeta. Un desequilibrio grave es el de la deuda externa. El dato es aterrador. Aunque los deudores han pagado 4.1 millones de millones de dólares por servicios de la deuda en los pasados 13 años, el pasivo creció de 1.4 millones de millones a 2.6 millones de millones. Se ha pagado tres veces la deuda y hoy es del doble.

¿Quién ayuda a quién?, preguntó Pérez Roque en la asamblea de la ONU. Los países no ricos recibieron para apoyo al desarrollo 68 mil 400 millones de dólares y pagaron por deuda 436 mil millones.

Esas y otras son las verdades expuestas por el ministro cubano, y para finalizar recordó que los desequilibrios del mundo no se resuelven con armas. Las bombas matan millones de gentes, pero jamás exterminan la justa rebeldía de los pueblos. El discurso de Pérez Roque fue aplaudido por los asambleístas y continúa siendo aplaudido en todos los meridianos de la Tierra. La historia lo prueba: jamás ha triunfado el Estado criminal.