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Israel y el estado de la democracia en Miami

El patrón de congraciarse con el poder en The Miami Herald es mucho mayor de lo que los críticos pueden imaginar. Cuando se trata de satisfacer a los sectores más conservadores en determinadas comunidades, marginalizar las voces contrarias y suprimir el debate en las páginas editoriales, The Miami Herald y El Nuevo Herald, no se limitan a Cuba o incluso a Latinoamérica.

Cada vez más, la misma estrechez del espectro de opiniones se aplica no sólo a Cuba, sino también a los comentarios acerca de otros países de Latinoamérica, especialmente Venezuela. Si el balance de las fuerzas políticas de Venezuela fuera reflejo de la relación de artículos favorables y contrarios al gobierno en las páginas de opinión de El Nuevo Herald, Hugo

Chávez perdería cualquier elección con aproximadamente el 100% de los votos en contra. Los editoriales, columnas y comentarios de The Miami Herald acerca de Venezuela son casi tan parcializados como los de El Nuevo Herald y casi tan estridentes como los que se publican acerca de Cuba. Es más, acerca de Cuba, Venezuela y en general de Latinoamérica, las páginas editoriales de The Miami Herald han estado convergiendo hacia el modelo monolítico de El

Nuevo Herald.

No es de extrañar. Alberto Ibarguen era director de El Nuevo Herald antes de asumir la dirección del Herald. Durante su estancia en El Nuevo Herald estableció nuevas normas de complacer a la derecha cubana y de deslealtad cuando publicó una sección especial del periódico en ocasión de la muerte del presidente de la Fundación Nacional Cubano-Americana, Jorge Mas Canosa, quien había realizado una guerra sin tregua contra The Miami Herald y el jefe de Ibarguen, el director del periódico David Lawrence. Bajo la dirección de Ibarguen, El Nuevo Herald también alcanzó nuevas cotas de incompetencia y falta de responsabilidad cuando publicó un artículo de primera plana un domingo, acerca de un médico que supuestamente había atendido a Fidel Castro, cuando se encontraba en coma en un hospital de La Habana.

Todo lo que se aseguraba en el detallado reportaje resultó ser falso, pero el periódico nunca investigó el engaño ni se excusó con los lectores. Pero ninguna fechoría queda sin recompensa en la era de la codicia total de las corporaciones. Knight-Ridder, la compañía a la que pertenece el Herald, que acababa de mudar su sede de Miami para San José, California a fin de huir de la exasperante muchedumbre cubana, pronto promovió a Ibarguen. No debido a sus inexistentes logros periodísticos, sino porque Ibarguen prometió que podría obtener una ganancia anual del 22 por ciento, aunque tuviera que destripar la tradición periodística del Herald o hacer un pacto con los demonios derechistas de la ciudad, desde la Fundación Nacional Cubano-Americana hasta las ultraderechistas personalidades de la radio.

Para cuando se realiza la operación federal para extraer a Elián, Ibarguen se había convertido en el director de The Miami Herald y tenía el control tanto del Herald como de El Nuevo Herald . Se aprovechó del hecho para publicar una edición especial de El Nuevo Herald con un enorme titular: "¡Vergüenza!"

Pero la el patrón de complacencia provinciana del Herald no se detienen en Latinoamérica. Cuando se trata del conflicto israelo-palestino no es sólo que el Herald publica la visión pro-israelí y casi excluye la perspectiva pro-palestina. Ni siquiera es sólo el hecho de que entre los colaboradores regulares de las páginas editoriales y de opinión se incluyen a columnistas israelíes mientras que los columnistas palestinos ni siquiera aparecen en el periódico como columnistas invitados. Es también, y de manera especial, el hecho de que las columnas de opinión del periódico se inclinan fuertemente hacia las posiciones de línea dura, mientras que casi invariablemente excluyen las voces críticas de Israel y de la comunidad judía norteamericana.

Acerca de lo dicho anteriormente, la reacción editorial del Herald al asesinato del Jeque Ahmed Yassin, líder espiritual del grupo militante palestino Hamas, por parte de militares israelíes es reveladora. O mejor dicho, la ausencia de reacción del Herald: el periódico que posiblemente sea el que más comentarios publica acerca de Israel en Estados Unidos, no expresó su opinión editorial acerca de un hecho tan importante. El silencio puede ser más significativo que las palabras. ¿Hubiera permanecido en silencio el Herald si este tipo de ejecución extra judicial lo hubiera realizado cualquier otro estado?

El pase editorial del periódico refleja la máxima "Si no puedes decir algo bueno, no digas nada". ¿Y cómo se podría decir algo bueno? La eliminación de Yassim fue condenada por casi todo el mundo, incluyendo nuestros mejores amigos y aliados, como el Ministro del Exterior del Reino Unido, Jack Straw. Hasta la administración Bush, que en la persona de la Asesora de Seguridad

Nacional Condoleezza Rice inicialmente trató de racionalizar el asesinato, se vio obligada a dar marcha atrás al comprender lo extendido que estaba el rechazo en el mundo entero. El gobierno de Estados Unidos, por medio de un vocero, finalmente se pronunció como "profundamente preocupado", una reacción mucho más débil que la de otros gobiernos. Una resolución del

Consejo de Seguridad condenando el asesinato no fue aprobada debido al veto de Estados Unidos. El Presidente Bush ni siquiera protestó simbólicamente. Continúo con sus planes de reunirse con Sharon el 14 de abril. Mientras, en el Reino Unido, un miembro del Parlamento judío, el Sr. Kaufman, denunció la visita como un sello de aprobación a la política de Sharon de "matanzas indiscriminadas de palestinos".

El silencio del Herald acerca del asesinato de Yassim es lo normal, pero es también una abdicación de la responsabilidad. De manera significativa Estados Unidos está implicado en la muerte del líder de Hamas. El helicóptero utilizado para matar a Yassim fue un helicóptero Apache norteamericano. Por medio de la asistencia militar, y enorme apoyo económico y el escudo diplomático del veto de EEUU en la ONU, Estados Unidos permite al gobierno de Sharon realizar su política de puño de hierro con total impunidad. Como ha escrito Tariq Alí en su nuevo libro, Bush en Babilonia: la recolonización de Irak:

Al convertir a Sharon en un co-líder en la "guerra contra el terrorismo", el régimen de Washington borró conscientemente la diferencia entre la liberación nacional y el terror. El resultado ha sido catastrófico. No pasa un día sin que un correo electrónico desde Israel y Palestina no me informen de la más reciente atrocidad.

Todos los árabes y musulmanes del mundo comprenden esta conexión, y está claro que el resentimiento por la complacencia norteamericana ante las brutales políticas de Sharon podría causar un enorme daño a los intereses del pueblo norteamericano y de EEUU en el mundo.

Aclaremos una cosa. Independientemente del hecho de que los palestinos viven bajo una ocupación humillante que hace miserable cada día de sus vidas, los numerosos actos indiscriminados de terror y asesinato contra civiles israelíes, realizados por extremistas palestinos, son abominables desde el punto de vista moral y contraproducentes desde el punto de vista político, al igual que el vil antisemitismo expresado por demasiados individuos en el mundo árabe. Sin embargo, incluso después del asesinato de Yassin, sesenta intelectuales palestinos firmaron una carta abierta de rechazo a la violencia y de llamamiento a la resistencia pacífica contra la ocupación.

No se trata de sostener un concurso de maldad y virtud entre israelíes y palestinos. El hecho es que por repugnantes que sean las atrocidades perpetradas por Hamas o la Jihad islámica, los contribuyentes norteamericanos no las están pagando y nuestro gobierno no está racionalizando o brindando cobertura política. ¿Puede decirse lo mismo con respecto a las acciones moralmente repugnantes del gobierno de Sharon en Israel?

Fiel a su política de complacencia mezquina, The Miami Herald mantiene silencio acerca de estos temas. Lo que sí publicó el periódico fue un gran número de cartas (todas menos una en apoyo al asesinato) y una patética columna por su colaborador habitual, Uri Dromi, director de extensión internacional del Instituto Democrático Israelí, en la que el autor justifica el asesinato enumerando las razones por las que "yo no simpatizaba con Yassin". Sin lugar a dudas, la mayor parte de la gente en el mundo árabe y musulmán podría mencionar miles de razones por las cuales no simpatizan con Sharon. ¿Justificaría esto que el gobierno de Siria o de Irán matara al primer ministro israelí? Y el hecho de que la muerte sucediera en el momento en que el líder israelí saliera de una sinagoga, ¿merecería una condena especial?

El artículo de Dromi abunda en clichés -ni siquiera faltan las 72 vírgenes- y no hay lugar para la duda o la sutileza. Dromi reduce las protestas del mundo entero contra el asesinato de Yassin a la noción de que "ahora algunas personas atacan a Israel por haberlo matarlo".

La columna de Dromi se lee como propaganda pura. Pero, después de todo, ¿qué puede ser un "coordinador de extensión internacional"? La complacencia del Herald alcanza aquí un nivel de descaro: el principal comentarista del periódico acerca de los temas israelo-palestinos es un propagandista de Israel. Valiente equilibrio.

El contraste no podría ser mayor entre la estrecha y gastada visión de la muerte de Yassin, expresada en la única columna del Herald acerca del asunto, y la amplia gama de opiniones expresadas en Israel, incluyendo agudas críticas en la prensa. Es más, incluso en el seno del gabinete de Sharon hubo un disidente que se opuso al asesinato. Comentaristas israelíes han cuestionado el hecho, sus repercusiones políticas y económicas y su potencial para escalar la violencia a un mayor nivel. Analistas israelíes no dejaron de plantear las preguntas más duras, y con una rigurosidad raras veces encontradas en la prensa de EEUU, fácilmente intimidada con las espurias acusaciones de antisemitismo hechas por los sectores de línea dura pro-Likud de Estados Unidos.

En una columna extraordinaria publicada en el periódico israelí Haretz el 26 de marzo, Doran Rosenblum plantea algunas preguntas fundamentales acerca de la relación entre las políticas de Sharon y los intereses a largo plazo del pueblo de Israel. Merece una larga cita.

¿Cómo fue que el estado de Israel, en una época uno de los países más prometedores, cautivantes y admirados de todo el mundo, cayó desde las alturas de la promesa y la esperanza hacia las profundidades del desespero, aflicción y fracaso? ¿Qué hizo que un país donde, todo el mundo concuerda, hay personas inteligentes -y en última instancia, material humano de igual calibre que en cualquier otro país-, se deteriore, deseosa y conscientemente, cuesta abajo hacia el vertedero de la historia? ¿Qué lo hizo convertirse, gradual y sistemáticamente, en uno de los lugares más odiados, más aislados y más miserables del planeta? ¿Por qué un país que fue creado como "refugio" y "asilo" se convirtió en una trampa en la que la rutina de la vida se ha convertido en una rutina de muerte y que es definido, según los resultados de una completa encuesta de opinión pública, como "el país más peligroso para la paz en el mundo?"

Estas preguntas han sido examinadas durante los tres últimos años desde todo ángulo posible en un esfuerzo por comprender y explicar por qué, especialmente en este período, casi no existe medida del gobierno de Israel que mejore la suerte del país o resulte útil. ¿Por qué el país va por una ruta de locura que ha tenido pocos precedentes en la historia? ¿Por qué es arrastrado de una idiota decisión a otra? ¿Por qué actúa repetidamente en contradicción explícita con los intereses de sus habitantes?

En estos tres últimos años en particular, no existe mina que Israel no haya pisado, ninguna oportunidad que no haya desaprovechado, ningún camino que no haya tomado con el certero convencimiento de que será dañino.

Rosenblum plantea que sólo un topo bien infiltrado en el más alto nivel de poder en Israel puede explicar este estado de cosas.

¿Existe alguna manera de explicar las deliberadas escaladas que sólo han intensificado las olas de terrorismo…? ¿Qué está sucediendo aquí? ¿Qué está detrás?

No hay explicación que no se haya oído en los últimos tres años excepto una: conspiración.

A lo mejor hay un topo.

Sí, un topo. Una especie de espía situado -un destructivo virus tipo gusano, un caballo de Troya

Digámoslo así: tenemos aquí una marcha de locura que es tan sistemática, tan consecutiva y tan decidida que no puede ser que suceda por sí misma. Porque si fuera accidental, ¿no habría ocasionalmente un éxito al azar? Así que quizás no es realmente accidental. Quizás alguien esté dirigiendo el asunto -astutamente, brillantemente.

Rosenblum especula acerca de la identidad del hipotético topo:

¿Quién es él? No está claro. Pero de eso se trata. No sabemos y no sospechamos. Pero quizás esté sentado ahí, bien afincado: un individuo impecable, supuestamente por encima de toda sospecha: conocido incluso como ferviente patriota, ostensiblemente -preferiblemente del tipo que ha pasado por todas las etapas de involucramiento de Israel desde su juventud, incluyendo una impresionante carrera militar.

Quienquiera que sea, el topo está decidido a provocar la destrucción total: En cada etapa nuestro amigo se pregunta: ¿De qué otra manera puedo hacer daño? ¿Qué no he hecho todavía? ¿Qué otra dimensión puedo inyectar en el conflicto? ¿Qué nueva capa se puede agregar? Hemos tenido éxito en elevar el conflicto de una disputa territorial a una guerra de caos que implica a comunidades y organizaciones descentralizadas. Bien hecho, sí, pero ahora es el momento de llevarlo al plano religioso, al nivel apocalíptico, de manera que el daño se extienda no sólo a la próxima generación, sino a generaciones sin fin.

Nuestro amigo mira alrededor y se pregunta: ¿Qué acción singular puede realizar para situar a Israel a la cabeza de la guerra de civilizaciones contra todo el Islam? ¿Cómo puedo aumentar las amenazas existenciales: desde las simples bombas y disparos por parte de grupos de pelagatos hasta las miras de los fusiles de Al-Qaida? ¿Y cómo puedo, por medio del mismo giro de la navaja, provocar el daño más efectivo de publicidad? Su vista capta al líder religioso más adorado, que también está viejo, enfermo e inválido. Y el resto es el no-final de la historia: hoy es la Guerra de Gog y Magog; mañana el Apocalipsis.

¿Hay alguna comparación entre la brillante exposición de Rosenblum y la basura pedestre de Dromi? El hecho de que la columna de Rosenblum pueda aparecer en un periódico israelí es un tributo a la democracia de Israel y a la lucidez y el valor de los intelectuales israelíes críticos. El hecho de que una columna como la de Rosenblum nunca aparecerá en The Miami Herald demuestra el estado de la democracia y el debate en Miami.

 

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