Juan Marrero, Premio Nacional de Periodismo
Visto fríamente tiene cierta lógica que la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), donde se reúnen los dueños de publicaciones, más pendientes de la publicidad y la obtención de ganancias que de los asuntos profesionales, sirva incondicionalmente a la política del Imperio, pues fue quien le dio vida durante los días de la llamada Guerra Fría.
La SIP ha cumplido en el caso de Cuba un papel infame desde que triunfó la Revolución. No ha existido campaña de mentiras, tergiversaciones y desinformación sobre la realidad cubana en la que no haya estado metida la mano de esta organización que ha pretendido, por otra parte, mostrarse como defensora de la verdad y de la libertad de prensa en el continente, y aliada de los periodistas agredidos, encarcelados, amenazados o asesinados.
Lo principal que ha defendido la SIP a lo largo de su vida son los intereses hegemónicos de Estados Unidos. Como aliados tiene a aquellos que trabajan por "la democracia representativa y la libertad" proclamada y reiterada millones de veces por los periódicos y revistas que integran la organización, cuyos directivos responden a grandes consorcios transnacionales de la comunicación o a oligarquías y burguesías explotadoras y corruptas.
A la SIP, en los últimos años, le ha nacido un fuerte competidor en Europa que no sabe ya qué otra cosa hacer para desplazarla de los cintillos anticubanos. Se trata de Reporteros sin Fronteras que, disfrazada de ONG, lo mismo realiza un acto de provocación de un grupito frente a la embajada cubana en París que una campaña para afectar el turismo en Cuba; lo mismo arma un escándalo en una sesión de la Comisión de Derechos Humanos en Ginebra que emite un informe anual donde sitúa a Cuba, país donde no hay un periodista asesinado, secuestrado o torturado desde 1959, en el penúltimo lugar entre los violadores de la libertad de prensa en el mundo.
Hace unos días, una delegación de Reporteros sin Fronteras, encabezada por su secretario general Robert Menard, anduvo por Miami, nido de odios y conspiraciones contra Cuba y contra todo aquello que tenga sabor u olor a la verdadera democracia, la participativa, o a la búsqueda de la justicia social o exigir respeto a la dignidad de los pueblos del continente.
Agasajos en la calle 8 con comida cubana. Entrevistas en los canales hispanos. Coloquios en la Universidad Internacional de La Florida. Visitas y entrevistas en el Miami Herald en español, Radio Mambí, WQBA y otras emisoras. Reuniones con dirigentes de organizaciones de la mafia anticubana. Visita a la casa Bacardí, ronera que subsidia el terrorismo anticubano. Recepción oficial en la alcaldía de Miami. Detrás de Menard y su séquito un ejército de periodistas, camarógrafos y fotógrafos. En fin, todo un gran despliegue de propaganda para la comitiva europea que, por otro lado, estaba muy feliz pues tenía conciencia de que ello le significaba convertir la desinformación y la mentira contra Cuba en nuevas partidas de billetes verdes. El tema predilecto fue, en esta ocasión, la defensa de las 78 personas que en marzo pasado fueron sentenciadas a prisión por los tribunales cubanos, tras las abrumadoras pruebas de que eran financiadas por la Sección de Intereses de Estados Unidos con el fin de provocar una subversión interna y desestabilizar el país.
A los mafiosos de Miami no les importó que Naciones Unidas hace muy poco expulsó a Reporteros sin Fronteras como entidad consultiva de ECOSOC por actos incompatibles con los principios y objetivos de la Carta de esa organización. Pensarán seguramente que eso aconteció por una maniobra del comunismo internacional.
Más les importan las informaciones que vinculan a Reporteros sin Fronteras con empresas y negociantes de armamentos, o con gigantes de la publicidad, como Publix, cuya representante en Miami, Aida Levitán, formó parte del comité de recepción a Menard y sus acompañantes. Así miden los mafiosos quiénes merecen agasajos o apertura de micrófonos y espacios en los medios de Miami.
Los escándalos de Reporteros sin Fronteras no sólo están relacionados con Cuba. Recientemente, la familia del camarógrafo español José Couso, asesinado por la metralla yanki en el hotel Palestina, de Bagdad, rechazó la participación de esa organización en una querella sobre el caso, luego de que Reporteros sin Fronteras emitió un informe que niega la culpabilidad de varios soldados norteamericanos implicados en el disparo del proyectil que mató al periodista, y trasladó la responsabilidad a personas no identificadas. Reporteros sin Fronteras tiene su sede en París, pero su corazón está en Washington
En fin, amigo lector, la SIP y Reporteros sin Fronteras están cortados por la misma tijera. El sastre es el Imperio. Están unidos por el mismo cordón umbilical. De manera que no causa extrañeza alguna que figuren entre los principales enemigos de la Revolución Cubana, y menos aún que se beneficien de los fondos que el gobierno de Washington, a través de distintas agencias y dependencias, destina para intentar aplastar la Revolución Cubana. Una y otra organización, por eso, compiten por acaparar los cintillos anticubanos en la prensa internacional.