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Cuba en la mira

El mundialmente conocido lingüista, profesor, analista político y escritor estadounidense Noam Chomsky ha escrito un nuevo libro titulado: "Hegemony or Survival, America's Quest for Global Dominance" (Hegemonía o supervivencia: Estados Unidos a la búsqueda del dominio global), en el cuál aborda en detalle el terrorismo de Washington contra Cuba. En el libro se hace referencia a la Crisis de Octubre (también conocida como Crisis de los Mísiles), la Operación Mangosta y a otros actos de guerra como parte de la continuada campaña de agresión de sucesivas administraciones estadounidenses contra la lucha cubana por su autodeterminación, lo que llevó a Chomsky a afirmar recientemente que "teme por Cuba". El destacado analista político se sintió también consternado por el trato que el gobierno estadounidense le ha dado a cinco cubanos que intentaban impedir nuevos actos terroristas contra la isla.

Octubre, 2003

Tomado de: "Hegemony or Survival, America's Quest for Global Dominance" (Hegemonía o supervivencia: Estados Unidos a la búsqueda del dominio global)

La dictadura de Batista fue derrocada en enero de 1959 por la guerrilla de Castro. En marzo, el Consejo de Seguridad Nacional consideraba métodos para provocar un cambio de régimen. En mayo, la CIA comenzó a armar a guerrillas dentro de Cuba. "Durante el invierno de 1959-1960, se produjo un significativo incremento en los ataque aéreos sorpresivos supervisados por la CIA. Aviones piloteados por exiliados cubanos residentes en Estados Unidos lanzaban explosivos y bombas incendiarias contra objetivos en la isla".

No sería difícil suponer lo que Estados Unidos o sus clientes harían si estuvieran en esas circunstancias. Sin embargo, Cuba no respondió con acciones violentas de venganza dentro de Estados Unidos. Por el contrario, la isla siguió el procedimiento que establece la ley internacional. En julio de 1960, Cuba pidió ayuda a la Organización de Naciones Unidas, luego de entregar al Consejo de Seguridad información sobre una veintena de bombardeos, incluidos los nombres de los pilotos, los registros de los aviones, bombas que no detonaron y otros detalles específicos. La isla alegaba considerables daños materiales y numerosas víctimas y abogaba por una solución diplomática. El Embajador estadounidense Henry Cabot Lodge respondió "asegurando que Estados Unidos no tiene intenciones de agredir a Cuba". Cuatro meses antes, en marzo de 1960, su gobierno había decidido en secreto derrocar al gobierno de Castro y los preparativos para la invasión por Playa Girón estaban bastante adelantados.

A Washington le preocupaba que los cubanos intentaran defenderse. Por consiguiente, el Director de la CIA Allen Dulles instó a Gran Bretaña a no suministrarle armas a Cuba. Su "principal razón", según informó el embajador británico a Londres, "era que ello podría llevar a los cubanos a pedirle armas al bloque soviético", lo que "tendría un tremendo impacto". Dulles insistía en que Washington podría presentar a Cuba como una amenaza para la seguridad en el hemisferio, siguiendo el mismo guión que tan bien había funcionado en el caso de Guatemala. Dulles se refería a la destrucción exitosa por parte de Washington del primer experimento democrático en Guatemala. Fueron diez años de esperanza y progreso que causaron gran temor en Washington debido al enorme apoyo popular a ese proyecto, según informes de la propia inteligencia estadounidense, y al "efecto" de las medidas sociales y económicas adoptadas para beneficiar a las grandes mayorías. La amenaza soviética era rutinariamente invocada, en particular luego de la solicitud de armas que hiciera Guatemala al bloque soviético después de que Estados Unidos amenazara con atacarla y le cortara otras fuentes de suministro. El resultado fue casi medio siglo de horror, pero aun que la tiranía que había existido antes con el apoyo de Estado Unidos.

En el caso de Cuba, los esquemas trazados eran similares a los del director Dulles. Luego de advertir al Presidente Kennedy de la "inevitable repercusión política y diplomática" de la planeada invasión a Cuba por un ejército mercenario, Arthur Schlesinger sugirió esfuerzos para atrapar a Castro en una acción que se pudiera usar como pretexto para justificar la invasión. "Se pudiera concebir una operación, digamos, en Haití, que indujera a Castro a enviar embarcaciones con hombres a una playa haitiana, lo cuál se vería como un esfuerzo por derrocar al régimen haitiano, ... entonces el asunto moral se volvería confuso y la campaña anti-estadounidense se debilitaría. Se hacía referencia al régimen del dictador asesino "Papa Doc" Duvalier, que contaba con el apoyo de Estados Unidos (aunque con algunas reservas) y por consiguiente, cualquier esfuerzo por ayudar a los haitianos a derrocarlo sería considerado un acto criminal.

El plan aprobado por Eisenhower en marzo de 1960 buscaba el derrocamiento de Castro y la instauración de un régimen "más consagrado a los verdaderos intereses del pueblo cubano y que contara con la aprobación de Estado Unidos". El plan contemplaba el apoyo a "operaciones militares en la isla" y el "entrenamiento de una adecuada fuerza paramilitar fuera de Cuba". Informes de inteligencia daban cuenta del gran apoyo popular a Castro, pero aun así Estados Unidos determinaría cuáles eran los "verdaderos intereses del pueblo cubano". El cambio de régimen debía efectuarse "de manera tal que Estados Unidos no apareciera involucrado", debido a la reacción anticipada en América Latina y los problemas que se suscitarían en el propio Estados Unidos.

Operación Mangosta

La invasión por Playa Girón ocurrió un año después, en abril de 1961, luego de que Kennedy asumiera la presidencia. La misma fue autorizada en medio de la atmósfera de "histeria" que reinaba en la Casa Blanca con relación a Cuba, según expresara Robert McNamara tiempo después ante el Church Comité (un comité del Senado). Durante la primera reunión del gabinete presidencial luego de la fracasada invasión, la atmósfera era "casi salvaje". Chester Bowles expresaba que: "la reacción era casi frenética a favor de un programa de acción". Durante una reunión del Consejo de Seguridad Nacional, efectuada dos días después, Bowles encontró que la atmósfera era "muy similar" y se sintió muy consternado por la "falta total de integridad moral que prevalecía". El estado de ánimo quedaba claramente reflejado en los pronunciamientos del propio presidente Kennedy: "Los complacientes, los indulgentes, las sociedades débiles están a punto de ser barridas con las ruinas de la historia. Solo los fuertes... tienen alguna posibilidad de sobrevivir", le dijo Kennedy a la nación, en un tono que luego sería bien aprovechado por la administración de Reagan en sus propias guerras terroristas. Kennedy era consciente de que los aliados "piensan que estamos ligeramente obsesionados" con el tema Cuba -una percepción que persiste en la actualidad.

Kennedy implementó un aplastante embargo que difícilmente podría soportar un pequeño país que luego de conquistar su independencia de España fue por casi sesenta años "virtual colonia" de Estados Unidos. También ordenó la intensificación de la campaña terrorista: "Le pidió a su hermano, el Fiscal General Robert Kennedy, que dirigiera el grupo de alto nivel que supervisaría el desenvolvimiento de la Operación Mangosta, que consistía en un programa de operaciones paramilitares, guerra económica y sabotajes lanzado a finales de 1961 y dirigido a aterrorizar a Fidel Castro y más prosaicamente, a derrocarlo".

La campaña terrorista no era "cosa de risa", escribía Jorge Domíguez mientras revisaba algunos materiales desclasificados recientemente sobre operaciones desarrolladas durante la administración de Kennedy. Según Piero Gleijeses, estos materiales habían sido "severamente mutilados", antes de su desclasificación, y constituían solamente la "punta del iceberg".

La Operación Mangosta fue "el centro de la política estadounidense hacia Cuba desde finales de 1961 hasta que se desató la crisis de los mísiles en 1962", al decir de Mark White, el programa en el que los hermanos Kennedy "depositaron todas sus esperanzas". Robert Kennedy le informó a la CIA que el "problema Cuba tiene la máxima prioridad -todo lo demás es secundario. No debe escatimarse en tiempo ni en efectivos militares" en el esfuerzo por derrocar al régimen de Castro. El jefe de operaciones de Mangosta, Edward Lansdale, presentó un plan dirigido a provocar una "revuelta total y el derrocamiento del régimen comunista" en octubre de 1962. La "definición final" del programa reconocía que "la victoria definitiva requeriría la intervención militar de Estados Unidos", luego de que el terrorismo y la subversión allanaran el camino. La sugerencia era que la invasión militar estadounidense se produjera en octubre de 1962, luego del estallido de la crisis de los mísiles.

En febrero de 1962, la Junta de Jefes de Estado Mayor aprobó un plan más extremista aun que el de Schlesinger: "recurrir a las operaciones encubiertas … para inducir a Castro o a un subordinado incontrolable a reaccionar de manera hostil contra Estados Unidos, acción que serviría de pretexto para justificar no sólo el desquite por parte de Estados Unidos, sino también el derrocamiento de Castro con rapidez y determinación". En marzo, a petición del Proyecto Cuba del Departamento de Defensa, la Junta de Jefes de Estado Mayor envió un memorando al Secretario de Defensa Robert McNamara, que recogía "pretextos que ellos consideraban le proporcionaban a Estados Unidos la justificación para invadir a Cuba". El plan se pondría en marcha si "no se lograba una revuelta general dentro de la isla en los siguientes 9 a 10 meses", pero antes de que Cuba estableciera relaciones con Rusia que pudieran "implicar de manera directa a la Unión Soviética".

Recurrir al terrorismo con prudencia contribuye a evitar los riesgos para aquel que lo practica.

El plan de marzo consistía en provocar "hechos aparentemente aislados que ocultaran el objetivo final y crearan la necesaria impresión de irreflexión e irresponsabilidad cubanas ante los ojos de Estados Unidos y de otros países. Se colocaba a Estados Unidos en la posición de "víctima de agravios, al tiempo que se fabricaba la imagen internacional de que Cuba representaba una amenaza para la paz para el hemisferio occidental". Las medidas propuestas incluían la voladura de un buque estadounidense en la Bahía de Guantánamo para crear un incidente similar al ‘Remember de Maine' y luego publicar las listas de víctimas en los periódicos estadounidense a manera de "causar una favorable ola de indignación nacional" y presentar las investigaciones cubanas como "evidencia concluyente de que el buque fue atacado". Otros planes incluían el lanzamiento de una "campaña que vinculara a Cuba comunista con el terror {en la Florida} y también en Washington", el uso de aviones del bloque soviético para realizar ataques aéreos sorpresivos con bombas incendiarias contra sembrados de caña en países vecinos, el derribo de un avión no tripulado para luego decir que se trataba de un vuelo charter que transportaba a estudiantes universitarios de vacaciones y otros planes similares, que aunque no se llevaron a la práctica constituyen otra señal de la atmósfera "frenética" y "salvaje" que prevalecía.

El 23 de agosto, el presidente emitió el Memorando de Seguridad Nacional No.181 "una directiva para diseñar una revuelta interna que daría pie a la invasión por parte de Estados Unidos". La misma contemplaba "grandes planes militares, maniobras y movimientos de efectivos y equipos". También en agosto, se intensificaron los ataques terroristas, incluido el ataque con fuego de ametralladora contra un hotel de la costa norte cubana "donde se conocía que se congregarían técnicos militares soviéticos y que cobró la vida de un gran número de cubanos y rusos"; los ataques contra buques de carga británicos y cubanos; la contaminación de cargamentos de azúcar y otras atrocidades y sabotajes, perpetrados en su mayoría por organizaciones de exiliados cubanos que operan con absoluta libertad en la Florida. Unas semanas más tarde vino "el momento más peligroso en la historia de la humanidad".

"Reportes de prensa desfavorables en algunos países amigos"

Las operaciones terroristas no cesaron ni siquiera en los momentos más tensos durante la crisis de los mísiles. A pesar de que las mismas fueron formalmente canceladas el 30 de octubre, muchos días después del acuerdo logrado entre Kennedy y Khrushchev, en realidad no se detuvieron. El 8 de noviembre, "un grupo de sabotaje proveniente de Estados Unidos acometió con éxito la voladura de una instalación industrial cubana", acción que según el gobierno cubano cobró la vida de 400 trabajadores. Raymond Garthoff escribió que "los soviéticos solo podían ver el ataque como un esfuerzo de Estados Unidos por retractarse de lo que para ellos constituía un asunto clave que estaba aun pendiente: el firme compromiso estadounidense de no atacar a Cuba". "Estas y otras acciones revelan una vez más", concluía Garthoff, que "el riesgo y el peligro eran extremos de ambos lados, sin excluir una eventual catástrofe".

Luego de concluida la crisis, Kennedy reanudó la campaña terrorista. Diez días antes de ser asesinato, aprobó un plan de "operaciones destructivas" de la CIA que realizarían fuerzas mercenarias de Estados Unidos "contra una importante refinería de petróleo, almacenes, una planta eléctrica, refinerías de azúcar, puentes ferroviarios, puertos y la demolición de diques y buques". El propio día en que Kennedy fue asesinado, se puso en marcha un plan para asesinar a Castro. La campaña se clausuró en 1965, aunque "una de las primeras acciones de Nixon luego de asumir la presidencia en 1969 fue ordenarle a la CIA que intensificara sus acciones encubiertas contra Cuba".

Las percepciones de quienes planearon estas acciones resultan de particular interés. En su análisis de los documentos recientemente desclasificados sobre los planes terroristas de la administración de Kennedy, Dominguez señalaba que "solo en una ocasión en las casi mil páginas de documentos un funcionario estadounidense formuló lo que parecía una tímida objeción moral al terrorismo patrocinado por el gobierno estadounidense": un miembro del Consejo de Seguridad Nacional sugirió que tales acciones podía suscitar la reacción de Rusia y los ataques aéreos que son "sorpresivos y matan inocentes... pudieran significar reportes de prensa desfavorables en algunos países amigos ". Las mismas actitudes prevalecieron durante las discusiones a puertas cerradas, como cuando Robert Kennedy advirtió que una invasión a gran escala contra Cuba causaría "muchas víctimas y nos causaría muchos dolores de cabeza".

Las actividades terroristas continuaron durante el gobierno de Nixon y alcanzaron su punto máximo a mediados de la década del 70 con ataques a barcos pesqueros, embajadas, oficinas cubanas en el exterior y la voladura de un vuelo de Cubana en el que murieron los 73 pasajeros. Estas y las operaciones terroristas subsiguientes se llevaron a cabo desde el territorio de los Estados Unidos aun cuando el FBI las consideraba como delitos.

Así continuaron las cosas mientras los editores condenaban a Castro por mantener un "campamento militar a pesar de la garantía de no atacar prometida por Washington en 1962". La promesa debió haber sido suficiente a pesar de lo que vino después; eso para no mencionar las promesas que le precedieron, y que para ese entonces estaban bien documentadas, al igual que la información sobre la medida en que podía confiarse en ellas: p.ej., "Lodge Moment" de Julio de 1960.

En el 30 aniversario de la Crisis de los Misiles, Cuba protestó por un ataque con ametralladora perpetrado contra un hotel Hispano-Cubano y cuya autoría había sido reivindicada por un grupo en Miami. El origen de los atentados con bombas de 1997, que causaron la muerte a un turista italiano, también conducía a Miami. Los que llevaron a cabo tales acciones eran delincuentes salvadoreños que operaban bajo las órdenes de Luis Posada Carriles y eran financiados desde Miami. Posada, uno de los más connotados terroristas internacionales, había escapado de una prisión en Venezuela - donde se encontraba preso por el atentado contra el avión de Cubana - con la ayuda de Jorge Mas Canosa, un hombre de negocios de Miami que presidía la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA)- una organización que no pagaba impuestos. Posada se trasladó de Venezuela a El Salvador en donde se le situó en la base aérea militar de Ilopango para ayudar a organizar ataques terroristas estadounidenses contra Nicaragua bajo las órdenes de Oliver North.

Posada ha descrito detalladamente sus actividades terroristas y el financiamiento que recibían de los exiliados y de la FNCA en Miami, pero confiana en que el FBI no los investigaría. Era un veterano de la invasión de Bahía de Cochinos y sus posteriores operaciones en la década de los '60 estaban dirigidas por la CIA. Cuando más tarde se unió a la inteligencia venezolana con la ayuda de la CIA, tuvo la posibilidad de arreglarlo todo para que Orlando Bosch, un colega suyo de la CIA que había sido condenado en Estados Unidos por un atentado con bomba contra un carguero que se dirigía a Cuba, se le uniera en Venezuela para organizar más ataques contra Cuba. Un ex-oficial de la CIA conocedor del atentado contra Cubana ha identificado a Posada y a Bosch como los únicos sospechosos de sea acción, la cual Bosch defendía como un "legítimo acto de guerra". Generalmente considerado como el "autor intelectual" del atentado a la aerolínea, Bosch fue también responsable por otras 30 acciones terroristas, según el FBI. En 1989 se le concedió un perdón presidencial por la administración Bush después de un intenso cabildeo de Jeb Bush y líderes Cubano-Americanos del Sur d ela Florida, invalidando así la decisión del Departamento de Justicia que había determinado que era "indudable que sería perjudicial para el interés público de los Estados Unidos dar refugio seguro a Bosch [porque] la seguridad de esta nación está bajo la influencia de su capacidad de instar de manera creíble a otras nacione spara que no proporcionen ayuda o refugio a terroristas".

Guerra Económica

La oferta cubana de cooperar a partir del intercambio de información de inteligencia para prevenir ataques terroristas ha sido rechazada por Washington aunque Estados Unidos sí llevó a cabo algunas acciones. "Oficiales de alto rango del FBI visitaron Cuba en 1988 para reunirse con sus contrapartes cubanas quienes les dieron [al FBI] expedientes sobre lo que ellos consideraban una red de terroristas con base en Miami. En parte, esa información había sido recopilada por cubanos que se habían infiltrado en grupos del exilio". Tres meses después, el FBI arrestó un grupo de cubanos que se había infiltrado en grupos terroristas basificados en Estados Unidos. Cinco de ellos fueron sentenciados a largas condenas en prisión.

El pretexto de la seguridad nacional perdió todo rastro de credibilidad que le pudiera quedar luego del colapso de la Unión Soviética en 1991, aunque no fue hasta 1998 que la inteligencia estadounidense informó oficialmente que Cuba ya no representaba una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. Sin embargo, el gobierno de Clinton insistió en que la amenaza militar que Cuba representaba fuera reducida a "insignificante" y que no fuera eliminada del todo. Aun con esta clasificación, la evaluación de inteligencia se libró de un peligro que había sido identificado por el embajador mexicano en 1961 cuando rechazó el intento de JKF de organizar una acción colectiva contra Cuba sobre la base de que "si nosotros declaramos públicamente que Cuba es una amenaza para nuestra seguridad, cuarenta millones de mexicanos morirán de la risa".

Mas, para ser justos, debe reconocerse que los misiles en Cuba sí constituyeron una amenaza. En discusiones privadas, los hermanos Kennedy expresaron su preocupación en cuanto a la presencia de misiles soviéticos en Cuba y cómo estos podían impedir una invasión de Estados Unidos a Venezuela. Entonces Kennedy concluyó que "la invasión de Bahía de Cochinos fue realmente necesaria."

El gobierno de Bush (padre) reaccionó a la eliminación del pretexto de la seguridad con un endurecimiento del embargo, bajo presión de Clinton, quien lo aventajó tempranamente durante las elecciones de 1992. La guerra económica se hizo mucho más rigurosa en 1996, causando furor incluso entre los más cercanos aliados de Estados Unidos. El embargo también comenzó a ser criticado en relación con la política doméstica pues el mismo afecta a los inversores y exportadores norteamericanos - las únicas víctimas del embargo, según la imagen general en los Estados Unidos; los cubanos no son afectados. Investigaciones llevadas a cabo por especialistas estadounidenses muestran otra realidad. Un estudio minucioso de la Asociación Estadounidense para la Salud Mundial concluyó que el embargo ha tenido efectos muy severos en la salud, y solo el extraordinario sistema de salud cubano ha evitado una "catástrofe humanitaria"; esto prácticamente no se dice en Estados Unidos.

El embargo de hecho ha bloqueado incluso las medicinas y alimentos. En 1999, la administración Clinton flexibilizó tales sanciones para todos los países incluidos en la lista oficial de "estados terroristas", excepto Cuba, a la que se mantuvo ese pecualiar castigo. Sin embargo, Cuba no está completamente sola en este aspecto. Después de que un huracán devastara las Antillas en agosto de 1980, el presidente Carter se rehusó a brindar alguna ayuda al menos que Granada fuera excluida como castigo por ciertas iniciativas del gobierno reformista de Maurice Bishop. Cuando los países afectados se negaron a la exclusión de Granada, sin percatarse de la amenaza que significaba para su sobrevivencia la capital del mundo, Carter se negó a dar cualquier ayuda. Igualmente, cuando un huracán azotó a Nicaragua en 1988, provocando hambre y un daño ecológico severo, los que estaban al mando en Washington se dieron cuanta de que su guerra terrorista podría beneficiarse del desastre y, por tanto, se negaron a suministrar ayuda, incluso a la región de la Costa Atlántica que tiene lazos estrechos con Estados Unidos y un gran resentimiento contra los Sandinistas. Lo mismo hicieron cuando en septiembre de 1992 un maremoto arrasó con varias villas de pescadores en Nicaragua dejando cientos de muertos y desaparecidos. En ese caso, hubo una muestra de ayuda. Sin embargo, escondido bajo la impresionante donación de 25,000 dólares estaba el hecho que esa ayuda había sido descontada de una asistencia previamente acordada. Al Congreso se le aseguró, sin embargo, que esa miseria de ayuda no afectaría la suspensión por parte de la administración de una ayuda de 100 millones de dólares porque el gobierno nicaragüense respaldado por Estados Unidos no había demostrado un grado suficiente de sumisión ciega.

La guerra económica de Estados Unidos contra Cuba ha sido fuertemente condenada an casi todos los foros internacionales, incluso declarada ilegal por la Comisión Judicial de la Organización de Estados Americanos. La Unión Europea llamó a la Organización Mundial del Comercio a que condenara el embargo. La respuesta de la administración Clinton fue que "Europa está desafiando ‘tres décadas de política cubana-americana que se remonta a la administración Kennedy' y cuyo objetivo es forzar un cambio de gobierno en la Habana". La administración también declaró que la OMC no tiene jurisdicción para legislar sobre la seguridad nacional de Estados Unidos o para forzar a Estados Unidos a que cambie sus leyes. Washington se retiró entonces de los procedimientos dejando el asunto en discusión.

Desafio exitoso

Las razones para los ataques terroristas internacionales contra Cuba y el ilegal embargo económico son detalladas en registro interno. Y a nadie debe extrañarle ni sorprenderle si descubre que las mismas siguen un patrón conocido: el de Guatemala algunos años antes, por ejemplo.

Analizando el tiempo, puede apreciarse que la preocupación por la amenaza rusa no podía haber sido un factor importante. Los planes para un cambio forzado de régimen fueron eleborados e implementados mucho antes de que existiese un vínculo ruso y el castigo se intensificó después de que los rusos salieron de la escena. Es cierto que la amenaza rusa se desarrolló, pero eso fue más bien una consecuencia y no la causa del terrorismo y la guerra económica estadounidense.

En 1961, la CIA advertía que "la gran influencia del ‘Castrismo' no es inherente al poder cubano... las sombras de Castro se extienden porque las condiciones sociales y económicas en toda América Latina alientan a la oposición a hacerse del poder y provocan ansias por cambios radicales", para las que la Cuba de Castro representaban un modelo. Anteriormente, Arthur Schlesinger había transmitido al presidente Kennedy su informe de la Misión Latinoamericana, en el cual advertía sobre la vulnerabilidad de los latinoamericanos a "la idea de Castro de hacer las cosas con las propias manos de uno". El informe hacía referencia a una conexión con el Kremlin: la Unión Soviética "se sostiene con sus alas, brindando grandes préstamos para el desarrollo y presentándose a sí misma como el modelo para alcanzar la modernización en una sola generación". Los peligros de la "idea de Castro" son particularmente graves, diría después Schlesinger, cuando "la distribución de la tierra y otras formas de riqueza nacional favorecen a las clases acaudaladas" y "los pobres y los desfavorecidos, estimulados por el ejemplo de la revolución cubana, están ahora reclamando oportunidades para una vida decente". Kennedy temía que la ayuda rusa convirtiera a Cuba en un "espejo" para el desarrollo, y que significara el triunfo de los soviéticos en América Latina.

A principios de 1964, el Consejo de Planificación de Políticas del Departamento de Estado dijo más sobre estas preocupaciones: "El peligro primario que enfrentamos en Castro es... el impacto que la mera existencia de su régimen tiene sobre los movimientos de izquierda en muchos países de América Latina... El hecho es que Castro representa un desafío exitoso a los Estados Unidos, una negación de nuestra política hemisférica de casi un siglo y medio". Para decirlo de forma simple, Thomas Paterson escribe, "Cuba, como símbolo y realidad, desafió la hegemonía estadounidense en América latina". El terrorismo internacional y la guerra económica para provocar un cambio de régimen se justifican no por lo que Cuba hace sino por su "propia existencia", "su desafío exitoso" al amo del hemisferio. El desafío puede justificar incluso acciones más violentas, como en Serbia, como se reconoció posteriormente; o Irak, como también se ha reconocido cuando los pretextos se habían venido abajo.

La indignación por los desafíos se remontan al comienzo de la historia de los Estados Unidos. Hace doscientos años, Thomas Jefferson condenó a Francia por su "actitud de desafío" al retener New Orleans, la cual él codiciaba. Jefferson advirtió que el "carácter de Francia está siempre en fricción con el nuestro, el cual aunque es amante de la paz y procurador de la riqueza también es altruista". "El desafío de Francia nos hace unirnos a la nación y la flota británica", aconsejaba Jefferson, en contradicción con sus actitudes anteriores cuando se refería a la contribución esencial de Francia para la liberación de la colonias del dominio británico. Gracias a la lucha por la liberación de Haití, sin ayuda y casi universalmente rechazada, el desafío de Francia pronto terminó, pero los principios guías siguen vigentes determinando quién es amigo y quién enemigo.

[Nótese que este pasaje (páginas de la 80 a la 90) se encuentra como nota a pie de página en Hegemony or Survival. Los debates de Chomsky sobre la crisis de los misiles pueden ser encontrados en cualquier parte del mismo capítulo del libro.]

Noam Chomsky es Profesor de Lingüística y Filosofía en MIT. Además de Hegemony or Survival, America's Quest for Global Dominance (The American Empire Project, Metropolitan Books), él es autor de numerosos libros sobre lingüística y política exterior de Estados Unidos.

Agradecimientos a Tom Engelhardt por difundir la palabra tan rápidamente a través de www.tomdispatch.com

Reimpreso con el permiso de Metropolitan Books, una editorial de Henry Holt and Company, LLC.

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