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El G-21 en el colimador

  Orlando Oramas León  

Con la deserción de Ecuador suman seis las naciones latinoamericanas que recién abandonaron el Grupo de los 21 (G-21), en lo que observadores califican como estampida tras presiones de Estados Unidos sobre los flancos más vulnerables del bloque tercermundista.

 La decisión de Quito acompaña a posturas similares externadas repentinamente por los gobiernos de Colombia y Perú, para quienes resulta prioritario la negociación de un acuerdo de libre comercio (TLC) con Washington antes que la defensa de un comercio global más justo.

Para el diario El Tiempo, que se edita en Bogotá, Colombia actuó como país débil al atender existencias norteamericanas para desistir del bloque conformado en la quinta reunión ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC), celebrada en Cancún.

Allí la intransigente postura de Estados Unidos y la Unión Europea sobre los subsidios que otorgan a sus producciones agrícolas concitó la concertación de una veintena de países, desfavorecidos por las actuales reglas del llamado libre comercio.

Desde la propia ronda de Cancún la Unión Europea y EE.UU. enfilaron sus críticas contra la postura común del Grupo, encabezado por Brasil y China, que reclama cambiar las asimetrías por las cuales unas pocas naciones ricas se benefician de la llamada libertad de comercio.

Pero luego de la cita mexicana, emisarios estadounidenses se movieron por el continente para remarcar su rechazo al quehacer del G-21 y a la participación de países que aspiran a firmar el TLC con Washington.Ello fue suficiente para la desmovilización de El Salvador. Ese país participa en las negociaciones para el TLC Centroamérica-EE.UU., aunque  bajo el tapete hay otras condicionantes.No es ajeno al cambio de actitud salvadoreña la aspiración del presidente Francisco Flores de convertirse en el próximo secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), para lo cual cuenta con el beneplácito de la Casa Blanca.

Otro que a última hora declinó su membresía fue Costa Rica, a despecho de las declaraciones previas de su titular de Comercio Exterior, Alberto Trejos, sobre la pertinencia de continuar trabajando en el G-21.

 Primero fue el subsecretario de Comercio estadounidense, Peter Allgeir, quien declaró el malestar de la administración Bush sobre lo que consideró como "contradictoria" actitud tica en Cancún. Luego ocurrió la visita a San José del representante comercial Robert Zoellick, quien reforzó la batería de presiones sobre el gobierno de Abel Pacheco al que exige la apertura del sector de las telecomunicaciones, bajo control estatal. 

También estuvieron en América Central los legisladores Chuck Grassley y Max Bacus, y advirtieron que el Capitolio tomaría en cuenta la pertenencia de Costa Rica y Guatemala al G-21 durante las audiencias sobre el TLC de EE.UU. con Centroamérica.

Fue Guatemala el último de los gobiernos del área en rendirse al empuje estadounidense. La titular de Economía, Patricia Ramírez, dijo que su país no volverá al Grupo, al cual acusó de haberse "politizado". Poco creíble el argumento, al parecer tomado prestado del arsenal de la retórica de Washington contra el G-21, bajo la cual se esconden los móviles geopolíticos por los que Estados Unidos defiende los subsidios a sus producciones agrícolas.

Hace unos días se reunieron en Buenos Aires varias naciones de lo que ahora pudiera llamarse G-16 o G fluctuante, como le calificó el canciller argentino Rafael Bielsa, adonde algunas delegaciones llegaron debilitadas bajo la presión de Washington.

 Allí fue suscrita una declaración que atempera algunas de las posiciones más firmes del Grupo, aunque reafirma el multilateralismo como vía negociadora y el reclamo del fin a los subsidios otorgados por los  países ricos a sus producciones y exportaciones agrícolas.

Fuentes consultadas que estuvieron en la cita bonaerense comentaron la temerosa postura boliviana, el papel obstruccionista de la delegación uruguaya (fue invitada pese a no ser miembro del G-21) y el bajo perfil de Chile y México.    En este proceso de ablandamiento, Brasil propuso mantener el agrupamiento en su razón técnica, de cara a la continuación de la discusión del sensible tema de la agricultura en la OMC, aunque dejando de lado reclamos tan importantes como el del derecho al desarrollo.

Del lado contrario, la reanudación de las discusiones en Ginebra sobre la agenda de Cancún encuentra a Estados Unidos y la Unión Europea con una postura inflexible frente a las justas aspiraciones del Tercer Mundo, incluida la de un trato especial y diferenciado.    Las naciones que hoy se mantienen en el Grupo representan a más de un tercio de la humanidad, lo cual, además de importante mercado, convierte al G-21 en necesario interlocutor tercermundista frente a los bloques de poder de los países ricos. No en balde los motivos del asedio.
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*Orlando Oramas es periodista de Prensa Latina