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Seis horas con Saramago

Desde las ocho y media de la tarde hasta las dos y media de la madrugada, la periodista cubana Rosa Miriam Erizalde compartía con el Premio Nobel José Saramago, impresiones, emociones, cena, política, filosofía y, por supuesto, literatura.

Era la primera ocasión en que Saramago se pronunciaba sobre Cuba tras sus críticas a las sentencias judiciales del pasado mes de abril. Ahora, el escritor invitaba a su casa a una periodista cubana que, a buen seguro, le preguntaría por su posición con Cuba.

"Esta fue una entrevista hija de la solidaridad -afirma Rosa Miriam-. Durante mi viaje por España comenté en Cadiz que quería tener un encuentro con Saramago, los amigos se movilizaron para facilitarme los contactos teléfonos, y estuvieron pendientes de este encuentro, dándome aliento y haciendo votos para que saliera como la soñamos".

Saramago no dudó en aceptar una entrevista para un medio cubano. Tras una pequeña conversación con su mujer, Pilar del Río, se pusieron de acuerdo en el día del encuentro en la casa del escritor en Lanzarote.

La vivienda de Saramago pasa tan desapercibida en la localidad de Tías que la periodista llegó tarde, perdida entre tantas casas parecidas de Tías, todas ellas con la impronta del arquitecto Jorge Manrique.

"Me llamó la atención que siendo Premio Nobel, Saramago vive en una casa confortable pero sin lujos, y yo diría que modesta -afirma Rosa Miriam Elizalde-. El decorado fundamental son los libros. Es una vivienda como cualquier otra de la calle donde viven, distiguida solo por el "A Casa" de la entrada. Pensé encontrar una edificio o uno de esos chalets de ricos, y no fue así. De hecho, no creíamos que hubieramos llegado a la casa de un Nobel, sino a la de cualquier hijo de vecino de la localidad de Tías".

Ya en la vivienda de Saramago, "hubo un breve preámbulo, y pasé al despacho de Saramago para la entrevista, que duró aproximadante dos horas -relata Rosa Miriam-. En un momento intervino su esposa Pilar, y aproveché para hacer las fotos. Ella también me hizo una a mí con él. La entrevista transcurrió tal y como está escrita. No alteré el orden de las preguntas, ni enmascaré nada. Conversamos otro rato, y bajamos a cenar. Yo estaba tan emocionada que no solo no abrí la boca en toda la comida para comentar lo que allí se hablaba, sino que apenas comí. Cenamos caldo, pescado, verduras, croquetas y de postre, un ponche de mandarina".

"Pilar cocinó personalmente todo lo que allí comimos, y se encargó de servir y luego, de fregar los platos -continúa Rosa Miriam-. Ella misma fue a comprar los alimentos, y comentó su diálogo con el hombre que le sumistra el pescado fresco. Todo con extraordinaria humilidad y cariño".

"Para mí -añade Elizalde- era especial este encuentro, y así se lo dije: yo no iba en entrevistar a un Nobel, sino a un escritor a quien aprendí a querer por su literatura y por su lúcido compromiso político, y sobre todo, por haber mezclado estas dos circunstantancias sin vergüenza y sin concesiones. Estaba ante una persona profundamente querida por mi generación, y muy respetada en Cuba. Me encontré a un hombre que se parece mucho al narrador de sus novelas, descarnado y tierno a la vez, y sobre todas las cosas, muy querible".

Sin duda, la opinión de Saramago respecto a Cuba era el tema más delicado de la conversación. Sus sinceras críticas hace seis meses fueron explotadas a la extenuación por quienes nunca habían prestado ninguna atención a los posicionamientos del Premio Nobel portugués. "Cuando le nombré Cuba, tuvo un suspiro hondo, de dolor. Creo que esperaba que le hiciera la pregunta, pero no así, jugando con las palabras. Respondió con mucha honestidad".

Después de la cena, nos cuenta la periodista, "bajamos al sótano, donde está la biblioteca, y finalmente, Pilar quiso mostrarnos el video La Tribu: un encuentro con Fidel, que reseña la visita de la familia Saramago-Del Río a La Habana, en 1999. Finalmente, nos despidió en el umbral de la casa. Eran las dos y media de la madrugada".

Esa despedida fue el momento más emocionante, afirma Rosa Miriam. "Yo le dije que no dejara de querer a Cuba, y el respondió "nunca". En ese momento se me saltaron las lágrimas".

 (Tomado de Rebelión)