Los grupos extremistas pueden tener sus días contados.
Las elecciones presidenciales del año próximo en Estados Unidos están planteando muchas incógnitas. El gobierno de Bush no cesa de decaer en la consideración pública y muchos analistas ya dan como cosa segura la derrota del más estúpido presidente que ha tenido aquél país en el último siglo. Y no es Irak, solamente, la causa del descontento. Se trata de la situación de la economía donde el país más rico del mundo ya cuenta con doce millones de indigentes. Dentro de esa compleja urdimbre de problemas del actual gobierno se cuentan las relaciones entre La Habana y Washington. Tengo un amigo en Estados Unidos que es un perspicaz observador de la situación política y me ha enviado una carta que vale la pena conocer. No revelo su nombre porque no me lo ha autorizado pero sus claras ideas merecen la difusión.
Los grupos de exiliados cubanos en Miami, afirma mi correspondiente, apenas tienen quince meses para precipitar una solución del diferendo cubano. La guerra en Irak ha suscitado una creciente oposición a cualquier nueva aventura bélica y menos una tan cercana como sería la de Cuba, vecina de la Florida; por tanto una solución militar estaría descartada. Los extremistas miamenses sabe que probablemente la de Bush será la última administración que se muestre amistosa y asequible para ellos. La oposición interna, que ha dado claras señales de estar manejada por el gobierno en Washington, está a la desbandada después de los últimos golpes que le fueron propinados y ha sido evidentemente penetrada por los servicios de seguridad cubanos.
Pese a las informaciones que difunden los medios norteamericanos sobre una crisis desastrosa, la economía cubana marcha mejor que las predicciones agoreras que sobre ella se hacen. América Latina se mueve hacia la izquierda y Cuba se está integrando con las economías de Brasil, Venezuela y Argentina. Probablemente gobiernos de izquierda dominen próximamente en Nicaragua y El Salvador. Paraguay ha comenzado sus relaciones muy activas con Cuba. Ha crecido el interés de importantes sectores comerciales estadounidenses de establecer vínculos con la Isla y se mueven dinámicamente hacia la construcción de esos puentes económicos.
Los grupos terroristas anticubanos de Miami tienen varias opciones. Lograr la prohibición de todo tipo de viajes a la Isla, incluso los de cubano americanos, lo cual sería muy difícil de implantar sobre todo ahora que el gobierno de La Habana ha declarado su política de puertas abiertas sin restricciones. Ello perjudicaría a la comunidad cubana foránea que seguiría viajando a Cuba pero lo haría por vía de terceros países con el encarecimiento del costo de transportación. No es una medida que sería apoyada por los cubanos en el exterior.
Prohibir las remesas de los cubanos a sus familiares en la Isla. En la época de la globalización esta medida sería muy difícil de implementar cabalmente y también tendría el rechazo de la comunidad cubana en el exterior. La tercera opción sería provocar un enfrentamiento entre ambos países mediante la fabricación de un incidente internacional que fuera intolerable para la seguridad norteamericana. Otra alternativa sería un nuevo atentado contra Fidel Castro, pero después de más de seiscientos intentos infructuosos de este tipo debían desistir de esa improbable vía. Pudieran aspirar al incremento de los actos de terrorismo, atentados, explosiones, etc., lo cual ya ha demostrado que siempre suele abortar ante la eficacia pesquisidora cubana.
En la medida en que transcurran los meses y se acerque el final del aciago Bush --me dice mi amigo--, la pandilla del odio intensificará su presión sobre sus vasallos dentro de la Isla, se volverán más desesperadas y estridentes, azuzarán más campañas de los medios informativos contra Cuba, acudirán a todos sus contactos y relaciones, como demostró la reciente visita de Aznar a Miami.
De ser ciertas estas predicciones, los grupos extremistas de Miami tendrían sus horas contadas, igual que la administración de Bush.