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Cuba reorienta su sistema de ciencia, tecnología e innovación con proyectos de gobierno estratégicos

Foto: Naturaleza Secreta

El Dr. Eduardo Martínez Díaz, viceprimer ministro de Cuba, y el Dr. Armando Rodríguez Batista, ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, comparecieron este martes en la Mesa Redonda para actualizar al país sobre los resultados, retos y proyecciones del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Durante su intervención, Martínez Díaz destacó la concreción del marco normativo con la reciente Ley General de Ciencia, Tecnología e Innovación y subrayó el potencial humano e institucional alcanzado por la Revolución, en contraste con la situación previa a 1959.

Del mandato constitucional a los más de 5,900 proyectos activos

Foto: Archivo

Al iniciar su participación, el también científico recordó las raíces del pensamiento científico en la Revolución Cubana. “Un científico no puede hablar de la ciencia sin recordar la frase del Comandante Jefe cuando decía que el futuro de nuestra Patria tendría que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia, también de pensamiento”, afirmó Martínez Díaz. Agregó que esa máxima del Comandante en Jefe Fidel Castro precedió todo un impulso al desarrollo científico en el país, con la creación de instituciones y el fomento del capital humano desde los primeros años de la Revolución.

El Viceprimer ministro subrayó el respaldo constitucional a esta labor, al citar que la Constitución de 2019 establece explícitamente que “el Estado promueve el avance de la ciencia, la tecnología y la innovación como un elemento imprescindible para el desarrollo económico y social del país”. A partir de ese mandato, explicó, se han ido aprobando políticas y normas jurídicas que culminaron con la reciente Ley General de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Martínez Díaz reveló que dicha ley se adelantó un año en el programa legislativo, tras una valoración con el presidente de la República. “Se valoró de esa forma en una reunión con el presidente, se propuso hacer adelantar en el proceso legislativo esta ley”, puntualizó. Destacó que, gracias a un trabajo intenso y un debate amplio dirigido por el equipo encargado, “en estos momentos nosotros podemos decir que prácticamente todo el marco normativo que se necesita para hacer ciencia, desarrollar la tecnología e innovar en nuestro país se ha completado”.

En cuanto a la evolución del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, el Viceprimer ministro contrastó el pasado con el presente. Señaló que antes del triunfo revolucionario “prácticamente no había institución científica”. Sin embargo, actualmente “contamos con más de 272 entidades de ciencia, tecnología e innovación”, un crecimiento sostenido que incluye el aumento de tres a 50 universidades.

Asimismo, rechazó los intentos de minimizar estos logros. “En estos tiempos es muy frecuente escuchar a veces en las redes cómo tratan de minimizar los resultados de la Revolución, a veces tratar de opacar los resultados”, afirmó. Por el contrario, remarcó que hoy existen “miles de científicos reconocidos en nuestro país con resultados concretos que contribuyen, sin duda, al desarrollo económico y social”.

Entre los hitos recientes, mencionó la creación de un nuevo parque científico tecnológico y varias empresas de alta tecnología durante el pasado año. Finalmente, detalló que la cartera de proyectos de ciencia e innovación abarca cerca de 6 mil proyectos (5,978 exactamente), organizados en programas nacionales, ramales, territoriales y otros no asociados a programas, como base del desarrollo científico actual.

En su intervención en la Mesa Redonda, el Dr. Eduardo Martínez Díaz explicó que hace dos años se presentó ante el Consejo Nacional de Innovación un plan de acción para el perfeccionamiento del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación. Dicho plan, que entonces contemplaba 18 acciones, fue aprobado y dado a conocer a la población a través de un artículo publicado en el sitio web Cubadebate.

Según precisó, todas esas acciones forman hoy parte del programa de gobierno, específicamente del objetivo general estratégico número 10, en su componente de ciencia e innovación. “En la tarde de hoy vamos a hablar un poco de qué ha ocurrido, cómo se ha ido ejecutando en una circunstancia realmente muy compleja”, advirtió el Viceprimer ministro.

Impacto del bloqueo en la ciencia cubana

Martínez Díaz fue enfático al señalar las dificultades impuestas por la política de Estados Unidos. “Realmente el bloqueo recrudecido y esta situación de la limitación con el combustible que nosotros tenemos en estos momentos afecta significativamente el desarrollo de la ciencia”, afirmó.

No obstante, subrayó que “a pesar de eso se logra el resultado”, y lo atribuyó a “la inteligencia de nuestra gente y la capacidad de innovar y de buscar soluciones para lograr que los proyectos avancen”. Sentenció que “hoy nuestro sistema de ciencia, tecnología e innovación está siendo afectado por este criminal bloqueo”.

Orientar la ciencia a resolver problemas concretos

El Grupo Pharmasyntez, líder en el mercado farmacéutico ruso, y el Centro de Neurociencias de Cuba, perteneciente a BioCubaFarma, anuncian el lanzamiento de un proyecto conjunto para desarrollar un nuevo medicamento para el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer.

Uno de los principios rectores del nuevo enfoque, explicó, es orientar la ciencia y la innovación a la solución de problemas concretos. “No podemos darnos el lujo –un país con la situación que tenemos, que no es un país que tiene grandes recursos naturales– de no dirigir los proyectos científicos a resolver problemas”, aseveró. Cuestionó que una institución pueda trabajar en cien proyectos “divorciados de los problemas que nosotros tenemos” y llamó a definir prioridades a todos los niveles.

Puso como ejemplo el tema energético: “Si el tema de la energía es un gran problema, no puede ser que no tengamos una buena cantidad de proyectos dedicados a resolverlo”. También abogó por lograr una mayor integralidad en la concepción y ejecución de los proyectos, así como una mayor interconectividad entre todos los participantes, “incluso entre los receptores de los resultados que se van a generar”.

El Viceprimer ministro abordó el antiguo problema de los “resultados engavetados”, muy frecuente en el mundo científico. “¿Qué buscamos con esto? –se preguntó–. Lo que se veía en BioCubaFarma mostraba un camino: cerrar el ciclo, que el resultado científico vaya a una solución concreta, a aplicarse y a tener aplicaciones concretas”.

Explicó que, como parte de estas acciones, desde el año pasado se está realizando una revisión de la cartera de proyectos del país, un proceso complejo que continuará durante 2025 y 2026. Dicha revisión ya ha comenzado a dar frutos: “El año pasado en esta misma fecha teníamos un poco más de 6500 proyectos, ahora tenemos un poco menos de 6000”, reveló Martínez Díaz, insinuando una depuración hacia aquellos proyectos de mayor impacto y pertinencia.

Tres prioridades nacionales: divisas, energía y alimentos

Foto: Delfis Rodríguez y Henry Omar Pérez

El Viceprimer ministro precisó que, dentro del proceso de reorientación de la ciencia, se han definido prioridades claras. En mayo de 2024, el Consejo de Ministros aprobó tres grandes prioridades que, aunque no son las únicas, concentran los esfuerzos principales. “Los ingresos en divisa es un problema que hoy tenemos para adquirir combustible, materia prima, alimentos –explicó–. Por lo tanto, todo proyecto de ciencia e innovación vinculado o dirigido a crear nuevos productos exportables, a mejorar un producto incrementando su valor agregado, a introducir tecnología que permita incrementar rendimientos, productividad, bajar costos y hacernos más competitivos, tiene que estar en ese nivel de prioridad”.

La energía ocupa el segundo lugar. “Sin energía es muy difícil se afecta la producción de alimentos y la vida económica y social del país”, afirmó Martínez Díaz, por lo que todos los proyectos vinculados a este tema son también prioritarios. La tercera prioridad es la producción de alimentos para la población.

“En ese Consejo de Ministros también se aprobó la forma en que se iba a gestionar esas prioridades –detalló–, y se estableció lo que hemos llamado proyectos de gobierno estratégico que cierran ciclo”.

Proyectos de gobierno estratégico: el método científico aplicado a la gestión

El también científico explicó que se está utilizando la dirección integrada por proyectos como método de gestión. Describió este tipo de proyecto como “una especie de avenida por donde nos desplazamos para llegar a una meta”. Sobre esa plataforma –precisó– confluyen proyectos específicos de ciencia, tecnología e innovación; programas inversionistas; modelos de negocio; negociaciones internacionales o nacionales; y esquemas financieros tanto en divisa como en moneda nacional.

“Estamos utilizando un método científico –enfatizó Martínez Díaz–. La gestión, la dirección por proyecto. La dirección integrada de proyecto es un método, entonces queremos gestionar esos proyectos de ciencia e innovación de esta forma”.

El ejemplo de los parques fotovoltaicos

Para ilustrar este concepto, el Viceprimer ministro puso como ejemplo el proyecto relacionado con la instalación de parques fotovoltaicos en el país. “Fue el primero que se presentó en el Consejo Nacional de Innovación”, recordó. Explicó que en ese proyecto se aplicó mucha ciencia: “No solo era montar paneles –aclaró–. Se aplicó inteligencia artificial, hubo negociaciones, proyectos de innovación, programas inversionistas, esquemas financieros”.

Martínez Díaz anunció que ya se han estructurado varios proyectos de este tipo. Ocho de ellos han sido presentados en el Consejo Nacional de Innovación, el último relacionado con la mejora en la industria del petróleo. “Este tipo de proyecto permite darle integralidad al abordaje de un problema, aplicar la ciencia y la innovación con el objetivo de llegar al final”, subrayó.

“Estos son los elementos –concluyó en este segmento–, después vamos a hablar de otro componente de este programa con el ministro Armando. Una mirada más integral del desarrollo de la ciencia en el país, pero enfocado directamente a solucionar los problemas nacionales, y eso tiene mucho que ver también con una cultura que tenemos que seguir adquiriendo como pueblo para trabajar y ser más eficientes en nuestros resultados”.

Ley de Ciencias: “el último escalón de una vía que empezó hace tiempo”

Armando Rodríguez Batista.

Por su parte, el Dr. Armando Rodríguez Batista, Ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, amplió en la Mesa Redonda el significado de la recién aprobada Ley General de Ciencia, Tecnología e Innovación. “Vemos la ley como el resultado, el último escalón de una vía que realmente empezó hace mucho tiempo”, afirmó, en sintonía con las palabras del Viceprimer ministro sobre los primeros años de la Revolución.

El titular del CITMA destacó la evolución de la comunidad científica cubana. “Hemos visto nutrirse, desarrollar en sí misma el sentido de pertenencia, de hacerlo mejor por Cuba”, expresó. Pero subrayó un cambio cualitativo: “Ya no únicamente estamos hablando de comunidad científica, sino también de comunidad de innovación”.

La innovación: un concepto que crece junto a la ley

Rodríguez Batista fue precisó al describir los actores que conforman hoy el sistema. “Para que tengamos un sistema de ciencia, tecnología e innovación, nos hacen falta buenas empresas, buenos empresarios, buenos guajiros, buenos comunicadores de la ciencia, buena gente haciendo los temas de calidad, metrología, propiedad industrial, diseño industrial”, enumeró. “El concepto de innovación –sentenció– es al final el que crece junto con la ley. El sistema nacional de innovación necesita mucho de la ciencia, pero necesita también de todos esos actores tan importantes”.

El Ministro explicó que la propuesta de la ley se fue desarrollando “mirando constantemente cómo la economía se iba desarrollando”. Puso como ejemplo la alianza público-privada para hacer ciencia: “Me recuerdo cuando hablábamos en el grupo de trabajo sobre su importancia y prácticamente en ese mismo momento se estaba probando en el Consejo de Ministros una norma que permitía la alianza de una empresa estatal con una empresa privada”.

Conquistas grabadas en piedra

Rodríguez Batista reveló que la decisión de proponer al Presidente adelantar un año la ley respondía a “la conciencia de la importancia de que el sector científico se preparara para la transformación que estaba haciendo la economía”. Ello permitió abordar, entre otros temas, “la participación de los cubanos radicados en el exterior en el sistema de ciencia e innovación”.

La ley, afirmó, “nos permitió grabar en piedra algunas conquistas de los últimos cinco o diez años”, especialmente los incentivos económicos a la producción científica y a la innovación. “Hoy quien llega a Cuba piensa que estas cosas están hace mucho tiempo, pero no –aclaró–. Es nada más que hace cinco años que cuando un investigador participa en un proyecto es remunerado por participar en ese proyecto, incluso siendo estudiante”.

Entre los logros consolidados en la ley, el Ministro mencionó:

  • La participación en regalías por exportación de productos derivados de investigaciones.
  • La protección de la propiedad intelectual para titulares de patentes.
  • La posibilidad de que, si un proyecto presupuestado para tres años termina en dos con resultados validados, “el resto del presupuesto que no se ejecutó se pueda repartir entre los trabajadores con el objetivo de dinamizar”.

“Esas cosas ya están hoy en la ley –enfatizó Rodríguez Batista–. Ya no son resultados de una coyuntura particular o de una norma de un ministro. Son leyes del país. Yo creo que eso también es parte del crecimiento. Pudimos hacer la ley porque llevábamos 10 años transformando paulatinamente un grupo de cosas”.

¿Qué nuevas figuras jurídicas dinamizan hoy la innovación en Cuba?

Parque Científico- Tecnológico de La Habana. Foto: Abel Padrón Padilla/ Cubadebate.

La ciencia que se hace en Cuba no es solo la de los laboratorios y los premios internacionales. Es también la de las leyes, los decretos, los parques tecnológicos y las alianzas entre sectores.

Así quedó claro en la reciente edición de la Mesa Redonda, donde el ministro de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, Dr. Armando Rodríguez Batista, desglosó los cimientos de la nueva Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación, recién aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Lo que pareció una norma nacida de repente, explicó el titular, es en realidad la coronación de una década de transformaciones paulatinas. “Pudimos hacer la ley porque llevábamos 10 años transformando paulatinamente un grupo de cosas”, afirmó. Todo ese proceso, añadió, hunde sus raíces en el propio alineamiento del Congreso del Partido, donde economía y ciencia fueron concebidas para marchar juntas.

El ministro recordó que muchas herramientas que hoy parecen naturales fueron, hasta hace poco, territorio inexplorado.

“Lo mismo pasa con la naturalidad que la gente ve hoy —dijo—: una fundación de ciencia y tecnología como la Universidad de La Habana—, o ver los parques científicos tecnológicos, o las empresas de interfaces. Todos son figuras nuevas y surgieron para dinamizar la innovación”.

Esas estructuras —entre las que también figura la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR)— han ido creciendo y madurando. “El equipo que trabajó la ley no eran científicos únicamente —precisó Rodríguez Batista—; eran científicos innovadores, estaban los compañeros de la ANIR que crecieron. Crecimos todos, creo que crecimos todos”.

Fue el Parlamento, en un gesto de altura de miras, quien le otorgó a esta norma la categoría de Ley general, incorporando además el reconocimiento y la remuneración a los aniristas. “Tenemos una ley —subrayó el ministro— aprobada en la Asamblea Nacional y pronto a publicarse”. La acompañan tres decretos —normas complementarias ya circuladas entre los organismos—, entre ellos un decreto ley sobre la Academia de Ciencias de Cuba.

¿Cuál es el nuevo rol de la Academia de Ciencias de Cuba?

Uno de los cambios más profundos es el reposicionamiento de la Academia.

“Empezamos haciendo la ley pensando cuál era el mejor acomodo para la Academia de Ciencias de Cuba en el sistema de innovación”, confesó Rodríguez Batista. Finalmente, según el decreto ley, la Academia pasa a ser una institución subordinada al Consejo de ministros, es decir, al máximo rango.

“Con muy claras responsabilidades para la gobernanza del sistema de ciencias —explicó—, porque siempre vamos a tener organismos rectores, pero tiene que haber una capacidad de nutrirse constantemente de los órganos que nosotros llamamos el Parlamento de la Ciencia y el Gobierno. Es como un órgano asesor de la ciencia en Cuba”.

El ministro resumió el espíritu de la ley: “Significa que tenemos clara la gobernanza del sistema de ciencias. Tenemos claro que un actor, por muy bueno que sea, si no se relaciona adecuadamente con nosotros, si no hay comunicación, es decir, que el todo es mucho más importante que una buena parte. Y eso yo creo que lo hemos crecido”.

Recordó que cuando llegaron a la ley, algunos compañeros pensaban que lo más importante era un buen centro de investigación y que eso bastaba. “Salimos de ahí dejando claro que tienen que existir todos esos actores y sus conexiones. Si el entorno no es propicio, ese centro de investigación se queda aislado”.

“Esa visión del ecosistema —insistió— es clave. Hoy Cuba tiene un ecosistema de innovación mucho más desarrollado desde el punto de vista institucional que hace cinco años”.

Además, mencionó que en los últimos tres o cuatro años se ha consolidado un sistema de gestión del gobierno basado en ciencia e innovación, y que existe un Consejo Nacional de Innovación que dirige el Presidente y en el que participa el Primer Ministro. “Esa articulación —sentenció— nos la da la ley”.

¿Cómo se conecta la ciencia con las prioridades del país?

El objetivo de todo este entramado, advirtió el ministro, no es otro que transformar. “Para que ese conocimiento que puede estar engavetado, como dicen algunos, llegue a impactar. Para que cada vez más las investigaciones se basen en demandas del sector empresarial —y estoy hablando de sector empresarial en sentido amplio: el privado, la cooperativa, el trabajo por cuenta propia—.

Y la propia inserción internacional de la ciencia cubana, que demanda no solo conocimiento interno sino también traer de otro horizonte, transferir tecnología, como mismo decía Fidel en muchas ocasiones”.

Aunque la ley aún no se ha publicado oficialmente, ya se trabaja en su implementación. “Ya hemos empezado la preparación de muchos escenarios”, afirmó Rodríguez Batista. Un equipo de científicos, liderado por el Dr. Orlando Rodríguez, vicepresidente de la Academia de Ciencias de Cuba, elabora la Estrategia Nacional de Ciencia y Tecnología y define las prioridades del país.
“Está claro que el combustible, la energía, la producción de alimentos son prioridades de Cuba —reconoció—.

Pero recordemos siempre que la ciencia tiene esa doble responsabilidad: acompañar en las urgencias de hoy y también mirar hacia la nueva biología, la transformación digital, la inteligencia artificial. Ese es un espacio natural para la ciencia básica y para otros campos que en Cuba tienen que seguir teniendo mucho desarrollo”.

En ese empeño, las universidades juegan un rol fundamental. Pero el ministro advirtió: “No estoy hablando únicamente de las universidades clásicas, que la gente escucha universidades y piensa en el Ministerio de Educación Superior. No. Ojo: nosotros tenemos universidades de ciencias médicas, universidades militares”.

Y hay un avance clave: “La ley deja muy claro que un centro de investigación, una entidad de ciencia, tecnología e innovación y una universidad se equiparan ante la ley. Los mismos incentivos. Hemos superado la barrera de que el profesor cobraba antigüedad y el investigador cobraba por proyectos. El potencial humano de Cuba es de Cuba. Esa visión sectorial está atrás”.

¿Cómo se materializa esa priorización en programas nacionales?

Hoy el país cuenta con 17 programas nacionales que concentran la investigación en los temas estratégicos. El Ministro los enumeró con detalle: producción de alimentos y agroindustria; caña de azúcar (no solo por su historia, sino por su futuro vinculado a la biotecnología, la biomasa y los derivados); envejecimiento, movilidad y salud; desarrollo energético, mineral y sostenible; biotecnología —el programa con mayor financiamiento en la actualidad—; nanociencia y nanotecnología; adaptación y mitigación del cambio climático; ciencias básicas y naturales; ciencias sociales y humanidades; desarrollo local; neurociencia; logística y cadenas de suministro; teoría marxista y procesos ideológicos en la sociedad cubana contemporánea (surgido junto al Partido y el Ministerio de Educación Superior); actividad de dirección y trabajo con cuadros; e interés para la defensa.

Sobre este último, Rodríguez Batista se mostró particularmente orgulloso: “Es un programa nacional que tenemos muy presente: la Universidad de la Defensa, el Centro de Investigación de la Defensa y un equipo de investigadores que de manera muy natural interactúa. Las aplicaciones de la defensa son también aplicaciones para la vida civil. Casi todo lo que tenemos ahí está después en la vida civil”.

Además, se avanza en una plataforma digital —aún en fase de alimentación y ordenamiento— que pondrá a disposición pública la oferta de ciencia resultante del Sistema de Programas y Proyectos. “Esa plataforma ofertará conocimiento a las empresas —explicó—. Pero también nos hace falta ir a la demanda de la empresa. Por eso realizaremos muy pronto la Cuarta Encuesta Nacional de Innovación”.

El Ministro no eludió las dificultades. “Después, el noticiero generalmente se pone en la serie asfixia, ¿no? —comentó con realismo—. Ahí se ven estos científicos también hablando. Y saben que hoy nosotros no tengamos combustible para hacer una expedición o una colecta en un área protegida, eso limita a la ciencia cubana”.

Por eso, explicó, han identificado las investigaciones y los servicios que no se pueden parar bajo ninguna circunstancia. “Hemos priorizado, por ejemplo, la sismología, la radiología y la meteorología como sistemas que hay que proteger. Porque es la seguridad nacional del país, en la más difícil de la coyuntura”.

Para ilustrar los avances, el titular ofreció tres cifras relevantes de la gestión del ministerio:

- 33 estructuras dinamizadoras de la innovación (parques científico-tecnológicos, empresas interfase, fundaciones) creadas en los últimos años.

- 6 000 proyectos de ciencia, tecnología e innovación existentes en todo el país (aunque precisó que para 2026 se han reducido a 5 282, en un proceso de concentración: “Estamos reduciendo el número de proyectos buscando concentrar el golpe, no por falta de financiamiento, sino por concertación”).

- 240 millones de dólares ingresados en los últimos diez años por concepto de proyectos ambientales o climáticos, lo que promedia unos 25 millones anuales.

“Esa es la cifra que como ministerio hemos entrado a países por concepto de proyectos ambientales o climáticos —explicó—. No es una cifra mayor, pero ha permitido dotar de equipamiento a centros de investigación y destinar el financiamiento estatal a la investigación. Hemos aprendido a buscar en esos huequitos donde hay financiamiento, en el tema ambiental y en otros temas”.

El ministro destacó también que el 51 % de los trabajadores vinculados al sistema de ciencia son mujeres, y que se trabaja en actualizar las estrategias de desarrollo municipal, el Premio Nacional de Innovación para el Desarrollo Local, el cálculo alternativo del Índice Global de Innovación para Cuba, y la enseñanza del marxismo-leninismo y la historia de Cuba.

¿Cómo se estimula a los científicos e innovadores cubanos?

“El potencial humano es lo más importante para nosotros —afirmó Rodríguez Batista—. Y tenemos que ser coherentes con eso. Evidentemente, las limitaciones económicas van en contra de lo que queremos hacer. Todo lo que hagamos con nuestros investigadores es poco”.

La ley crea un nuevo instrumento: la denominación de “personalidad destacada de la ciencia”, concebida para ser una institución de altura. A ello se suman las Órdenes Carlos J. Finlay y otros reconocimientos. Pero hay unos galardones que el ministro valora de manera especial: los Premios Nacionales de Innovación, entregados apenas una semana antes de su intervención.

“Este año tuvimos 11 premios nacionales de innovación —informó—. Generalmente, los premios nacionales de innovación ya no son únicamente buenos científicos. Son buenos científicos que llevaron hasta el final sus resultados. Por eso les damos una connotación especial”.

Entre los premiados, mencionó cuatro del sector de la salud, tres de agricultura, uno del ámbito de la ingeniería y otro vinculado al desarrollo territorial. Entre ellos, la vacuna terapéutica Vaxira del Centro de Inmunología Molecular, para el tratamiento del cáncer de pulmón.

“Eso realmente lleva muchísimo tiempo aplicándose. Ha salvado vidas, ha dado días a la gente con su familia. Y no hay que recibirla en un lugar especializado: está en el Sistema Nacional de Salud”.

También destacó la implementación del programa para la conducción de ensayos clínicos oncológicos en atención primaria de salud, un premio que reconocía al Centro de Inmunología Molecular pero también a la delegación de Villa Clara. “Ese premio tiene 200 autores —subrayó—. Es un ejemplo de que la innovación demanda mucha participación, mucha gente aportando”.

Otro caso notable es la producción de papa ecológica sobre bases agroecológicas, del doctor Giraldo Martín. “Cuando publicamos ese resultado, hubo un debate no solo sobre el resultado, sino sobre la agroecología. Un resultado que tiene un impacto técnico genera también un impacto en la difusión científica de masas. La comunicación científica es tan importante como el resultado mismo”, reflexionó el ministro.

Rodríguez Batista contó que durante la entrega de los premios hicieron el esfuerzo de transmitir en tiempo real, para que los investigadores compartieran el momento con sus familias. “Giraldo decía: ‘Yo voy a ver después todo con mi familia’. Detrás de cada científico, de cada profesor, de cada investigador, hay una cantidad de gente apoyando. Ese es parte del mensaje que queremos incentivar y transmitir”.

Finalmente, el ministro insistió en la necesidad de llevar la ciencia al territorio. “No podemos aspirar a que haya una universidad o un centro de investigación en cada municipio —dijo—. Pero tenemos que dotar a nuestros municipios de grupos de trabajo con capacidad para gestionar el conocimiento, y buscar ese conocimiento donde esté: en el propio territorio, en la universidad o en el centro de investigación. Eso es el sistema de gestión de gobierno basado en ciencia e innovación”.

Con una ley que articula, reconoce y proyecta, y con una institucionalidad que no ha dejado de crecer incluso en tiempos de asfixia, Cuba demuestra una vez más que la ciencia, más que un lujo, es una cuestión de soberanía. Y que cada investigador, cada innovador, cada familia que lo respalda, es un eslabón indispensable en la cadena del futuro.