
Foto: Tomada del perfil en Facebook de Henry Omar Pérez
"Yo soy un sobreviviente". Me dijo casi entre lágrimas porque escapar de la muerte es una tarea difícil.
"Soy un cubano de a pie, un hombre humilde que a los 84 años lleva en el pecho una historia vibrante de lucha, esperanza y gratitud inmensa. Mi corazón, agotado, gritó que algo andaba mal. Una obstrucción severa en mis arterias coronarias amenazaba con apagarme, como le pasó a mi padre, que se nos fue a los 45 años, antes de la Revolución, cuando una cirugía salvadora era un sueño imposible.
"Me abrieron el pecho, los artesanos de la vida me repararon mi corazón en el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de Cuba, un lugar donde la excelencia y la humanidad se abrazan. Con manos expertas, me colocaron cuatro puentes vitales en mis arterias coronarias. Mi sangre, O negativa, esquiva y rara, parecía un obstáculo, pero el Dr. Robertico y su esposa, la Dra. Lilian, con una calma firme, me aseguraron: “Tranquilo, tu sangre llegará”. Y llegó. Su dedicación incansable y su trato cálido me envolvieron, como si un hijo cuidara a su padre con amor profundo."
En ese hospital, cada paciente es tratado con una atención meticulosa, un compromiso feroz por la vida. En otros países del tercer mundo, una cirugía así en un hospital público es un camino tortuoso: listas de espera interminables, equipos escasos, sistemas colapsados. Muchos mueren esperando o enfrentan costos privados exorbitantes, entre 3,000 y 15,000 dólares, inalcanzables para la gente común. En Cuba, "nuestro sistema de salud público, resiliente y solidario, me operó sin costo alguno, con una rapidez y calidad que deslumbran. Hoy, mi corazón late fuerte, mi cuerpo se siente renovado, y cada día es un regalo que abrazo con alegría.
Doy gracias eternas al sistema de salud cubano y a nuestros médicos, brillantes en su saber, pero inigualables en su humanidad arrolladora. Ellos convirtieron lo imposible en realidad, algo que mi padre nunca pudo soñar. Yo soy un sobreviviente, y mi corazón, ahora vigoroso, late con una gratitud inmensa por la Revolución y por esos héroes que me devolvieron la vida.
¡Que el mundo sepa que en Cuba, la salud es un derecho, y la vida, una batalla que se gana con amor!
¡Gracias Cuba!
(Es el testimonio real que me compartió un buen amigo, aún convaleciente en La Habana, Cuba, es una de las tantas historias de los agradecidos)
Tomado del Facebook de Henry Omar Perez