
Foto: Federación Internacional de Judo.
Este domingo el campeonato mundial de judo cerró sus cortinas con el torneo por equipos. Cuba salió con cinco de seis opciones (recordar que Idalis Ortiz se resintió una molestia en el codo) y cayó en la primera presentación ante su similar de Holanda por marcador de 4 victorias para los europeos por tres los nuestros.
En duelo comenzó con una victoria cantada para los rivales, pues Cuba no acudió con representante en la división pesada (+ 70 kg entre las damas). Acto seguido se sucedieron victorias en reglas de oro de Andy Granda (+ 90 kg), Arnaes Odelín (-57 kg) y Magdiel Estrada (- 73 kg), todas en reglas de oro y por acumulación de shidos frente a Michael Korrel, Julie Beurskens y Koen Heg, respectivamente.
A solo un éxito de avanzar a la siguiente ronda Maylín del Toro (- 70 kg) cayó por wazari ante Sanne Van Dijke. La escena quedó lista para una revancha del torneo individual entre el mejor judoca de la escuadra naranja, Noel Van T End, titular mundial del 2019, y nuestro Iván Silva en la división de hasta 90 kilogramos.
Como todo un corajudo, el matancero salió al tatami con dos dedos de su mando derecho prácticamente inutilizables para agarrar, dado una lesión sufrida en esta propia lid. No obstante, se subió y enfrentó la pelea con los mejores recursos técnicos que le quedaban. El holandés se aprovechó y le sacó rápido dos shidos hasta que recetó un primer wazari y luego un ippón.
Con el empate a tres triunfos por bandos, ambos equipos volvieron al centro del tatami y un sorteo automático decidió qué división tendría que volver a combatir para definir el match. La flecha se detuvo en los 90 kilos y por tercera vez en este mundial Silva enfrentó a Noel Van E End. Otra vez palmadas, aliento y fuerza le dieron sus compañeros. Pero es casi imposible hacer judo con una mano limitada para el agarre. La derrota llegaría antes del tiempo reglamentario por ippón.
Con judoguis azul el equipo se despidió cabizbajo de la ABHA Arena, de esta ciudad. Por segunda vez en menos de tres años nos vamos de una cita del orbe sin preseas. Es cierto que desde 1989 nunca había pasado, excepto Budapest 2021 y ahora Doha 2023. Más allá de las lesiones o molestias resentidas, nadie puede sentirse feliz. A eso nunca acostumbró el judo cubano a sus seguidores, incluso en los duros años del período especial.
Al calor casi asfixiante que vivimos por estos días en Doha le tendremos que sumar ciencia e inteligencia acumulada. Ahora lo más preocupante es el poco tiempo que resta para los Juegos Olímpicos, aunque es muy probable que este campeonato mundial del 2023 no sea el más cerca de la lid olímpica, pues se valora organizar otro en mayo del 2024 para cerrar el ranking que dará los boletos. En esa lid los puntos contarían íntegramente y no como ahora que solo se suman la mitad para ese soñado boleto.
El quinto puesto de Iván Silva (90 kg) y el séptimo de Andy Granda (+ 100 kg) resultaron las únicas ubicaciones de Cuba entre los punteros. Pensar que todo lo estamos haciendo bien es la primera sombra para no cambiar y oxigenar un deporte que desde 1976 no ha dejado de aportar medallas a Cuba en lides de los cinco aros, con seis monarcas: Héctor Rodríguez, Odalis Revé, Driulis González, Sibelis Veranes, Legna Verdecia e Idalis Ortiz, única con posibilidades de llegar a cinco medallas a ese nivel.
Se regresa con la insatisfacción de judocas y entrenadores por esta sequía de podios. Cualquier vaticinio futuro debe pasar por trabajo priorizado y puntual con los atletas de mayores posibilidades de ir a Paris 2024. El reloj de arena de Doha ya acabó.