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Cada 40 segundos alguien en el mundo se quita la vida y es una tragedia que puede prevenirse

El lazo amarillo es utilizado como signo de atención, para concienciar sobre la importancia del acompañamiento a las personas en riesgo de asumir conductas suicidas, ya que entre todos se pueden evitar este tipo de desenlaces. Foto: Archivo/Cubadebate.

Los estigmas, mitos y tabúes que a menudo rodean al suicidio hacen que este importante problema de salud pública en el mundo no ocupe, muchas veces, el lugar que amerita por su impacto en la vida de individuos, familias y comunidades.

Si se analizan las estadísticas sanitarias, las evidencias son sobrecogedoras.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) cada año, más de 703.000 personas se quitan la vida tras numerosos intentos de suicidio, lo que corresponde a una muerte cada 40 segundos.

El suicidio no respeta edades y es la cuarta causa de defunción entre los jóvenes de 15 a 19 años, advierte el organismo internacional, que llama a los gobiernos y a los sistemas de salud a intensificar acciones para que los jóvenes dispongan de los mecanismos de adaptación necesarios en aras de enfrentar el reto que se les presente, ya sea en la escuela, la universidad o en el trabajo.

Cada suicidio es una tragedia, que afecta a una familia, a una comunidad o a todo un país y que tiene consecuencias duraderas en las personas cercanas a la víctima. Por cada suicidio hay 20 intentos fallidos y las personas que sobreviven a un primer intento corren más riesgo de intentarlo de nuevo.

Solo en las Américas se notificó un promedio de 98 000 muertes por suicidio al año entre 2015 y 2019. Alrededor del 79% de los suicidios en la región ocurren en hombres, en tanto la tasa de suicidio ajustada por edad entre los varones es más de tres veces superior a la de las mujeres, apunta la Organización Panamericana de la Salud.

Las personas de 45 a 59 años tienen la tasa de suicidio más alta de la Región, seguidas por las de 70 años o más, mientras esta constituye la tercera causa de muerte entre los jóvenes de 20 a 24 años en las Américas.

El suicidio es, además, la quinta causa más importante de años de vida perdidos (AVAD) en la región.

En Cuba, según el Anuario Estadístico de Salud del año 2020 las lesiones autoinfligidas intencionalmente constituyen la décima causa de mortalidad en la población cubana, con una tasa de 13.8 por cada 100 000 habitantes; 22.9 para los hombres y 4.8 para las mujeres, con 1275 y 273 muertes por esta causa, respectivamente. En el grupo de diez a 19 años ocupa la tercera causa de muerte.

Pero— y es un asunto que urge visibilizar— son hechos totalmente prevenibles.

 

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Los especialistas alertan que el comportamiento diferente o no esperado en niños, adolescentes y jóvenes puede ser un síntoma de depresión, por lo cual buscar ayuda con su médico de familia o el equipo de salud mental más cercano a su lugar de residencia es lo más recomendable. Existen servicios disponibles en todo el país donde puede recibir atención especializada, en los distintos niveles.

Acabar con la estigmatización, para que más personas se sientan en condiciones de pedir ayuda, es una de las acciones inminentes que como sociedad podemos acometer. La estigmatización, sobre todo la que se crea en torno a los trastornos mentales y el suicidio, disuade de buscar ayuda a muchas personas que piensan en quitarse la vida o tratan de hacerlo y que, por lo tanto, no reciben la ayuda que necesitan.

La OMS apunta que desde que se declarase a la covid-19 como pandemia, en marzo de 2020, más individuos experimentan pérdida, sufrimiento y estrés.

Centrarse en la prevención del suicidio es especialmente importante para crear vínculos sociales, promover la toma de conciencia y ofrecer esperanza. Acercarse a los seres queridos por su salud mental y su bienestar podría salvarles la vida.

En ese empeño, un enfoque multisectorial es fundamental para involucrar a la sociedad y a las partes interesadas en un esfuerzo de colaboración.

Desde el año 2003, la Asociación Internacional para la Prevención del Suicidio, en colaboración con la Organización Mundial de la Salud, ha promovido cada 10 de septiembre el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, con el objetivo de concienciar a nivel mundial que esta tragedia puede prevenirse.

Varios son los factores de riesgo que intervienen en esta conducta: psicológicos, ambientales, sociales y biológicos. Los expertos han determinado algunas causas que influyen en esta problemática, reseña el portal de la Red de Salud de Cuba, Infomed.

Si bien cada persona vive un universo concreto que habría que analizar, para determinar cómo ayudarle a superar la etapa por la que está pasando y evitar las conductas suicidas, sí existen señales de alerta que podemos identificar y tomar medidas para prevenir un desenlace lamentable:

Si se observa algunas o varias de estas señales, tratar de hablar con la persona, ofrecer ayuda y animarla a pedir ayuda a profesionales es decisivo.

No se trata de números sin rostro. Cada vida perdida representa a un amigo, padre, hijo, abuelo o compañero de alguien.

El lema de este año es “Crear esperanza a través de la acción”, y aspira a recordar y reforzar la idea de que existen alternativas al suicidio, así como brindar esperanza a quienes atraviesan por circunstancias difíciles.

A través de nuestra acción es posible marcar la diferencia para la prevención del suicidio. Mire el reloj, en los próximos 40 segundos extender su mano, no pasar por alto la necesidad de escuchar a alguien que lo necesita, pudiese significar una vida.