Fue aparecer por la sala de prensa Ricard Maxenchs y Leo Messi no aguantó las lágrimas. Rompió a llorar como el niño que era cuando con apenas 13 años llegó al Barça. Ni siquiera había comenzado su discurso. No era capaz de pronunciar palabra. Compungido, entre sollozos, tenía que esconder su cara tras un pañuelo de papel. “La verdad es que no sé si voy a poder hablar”, balbuceó.
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