
Premian en Cuba a ganadores del concurso Cartas de Amor.
Remigio Albahaca, el yerbero, fue el primero que conocí con ínfulas de conquistador. Venía arrastrando un carromato de madera donde acomodaba, en pequeños envoltorios, las distintas yerbas que la gente esperaba para combatir males del estómago, la piel y el alma.
Usaba pregones originales y bulliciosos a través de los cuales atribuía a sus plantas efectos milagrosos. En tono de confidencia solía decirnos que gracias a esos embrujos botánicos había conquistado a más de una doncella después de regalarles esta o aquella yerbita capaz de ablandar hasta los corazones más recios.
Casi ninguno de nosotros, por entonces adolescentes que andábamos en pequeñas manadas, creíamos los cuentos de Remigio, pero Solivio Desahucio no tenía más remedio que acudir a las recetas del vendedor de marras, ante sus reiterados fracasos con la poesía, la música, los perfumes y los chocolates, métodos tradicionales de conquista que nunca le funcionaron; el desdichado tenía una cara prohibida y una conducta endemoniada.
Su última esperanza era Gloria Multipecas, invicta aún en materia de acercamiento masculino y que parecía a su alcance, si de verdad lo de las yerbas resultaba.
Un 14 de febrero no lo pensó dos veces y dentro de cuatros rosas bien amarradas colocó un manojo de abre caminos y se las regaló a la chica, la mala suerte quiso que fuera alérgica a las yerbas y a Desahucio se le cerró justamente el último caminito al noviazgo de sus años mozos.
Mucha más suerte tenía Hernán, también apodado “El Conquistador” aunque no era de apellido Cortez. De haber existido entonces un diplomado en conquistas creo que habría vencido todas sus asignaturas con alta puntuación, pero la vida es una cabrona como decía el vendedor de ajos de mi barrio y el agraciado que alguna vez fue la envidia de todos, se quedó más solo que el custodio de un faro.
Después las cosas fueron cambiando y se pasó a la época de las conquistas a distancia, primero con los SMS y luego vía Chat, esto permitió que los poco agraciados como Solivio pudieran sobrevivir algo más, antes de ser descubiertos ocultos tras una foto de perfil bastante lejos de la realidad y eliminó el riesgo de alergias con el envío de flores digitales.
Sin embargo, también desató una pandemia de conquistadores – acosadores, una verdadera jauría de machos en celo que ante el primer “Me Gusta” que una dama les suelta, cargan sus rifles con un paquete de municiones que pueden ir desde el: “Encantado de conocerte nena” hasta el “Mami, creo que eres la mujer de mi vida” sin mencionar la posterior andanada de una cibermuela chabacano - poética, que haría palidecer de vergüenza al mismísimo Casanova.
En fin, conquistar es hacerse dueño, estar dentro y plantar bandera, eso en materia romántica solo funciona con inteligencia y buen gusto, nada parecido al asunto en materia política donde a veces los conquistadores se imponen por la fuerza, siempre y cuando la conquistable no sea como Cuba, una jevita difícil de tumbar.