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“Los años del Che”: Un aliento a las ideas nuevas de nuestro tiempo

Ernesto Che Guevara en la ONU en 1964. Foto: BBC.

“El Che guerrillero, el Che internacionalista, el Che humanista, son las facetas más conocidas a nivel social. Menos se habla de su papel como dirigente económico. De esto último lo más difundido son sus ideas sobre campos específicos como la innovación, la calidad, la contabilidad, pero todas estas visiones las desplegó el ministro de Industrias

Che Guevara a principios de la Revolución en función de una obra total: la construcción de un modelo de desarrollo propio de un país en transición socialista. Había que industrializar el país y al mismo tiempo formar al hombre y la mujer nuevos”.

Así inicia el texto de la convocatoria al Taller “Los años del Che”, que se inauguró este martes con las palabras de Orlando Borrego, quien fuera vicetitular primero del Ministerio de Industrias (1961-1964) y cercano colaborador del Che.

Posteriormente sesionaron tres mesas bajo la conducción de Luis Emilio Aybar Toledo, investigador del Instituto Cubano de Investigación Cultural (ICIC) “Juan Marinello” y coordinador del evento.

Con la presencia de trabajadores del entonces MININD, administradores de fábricas, directivos y colaboradores del Che, el taller tendrá continuación hoy con dos mesas de debate: “Experiencias laborales” y “Sectores Industriales”, además de la presentación —con entrada libre a la 1:45 pm—, del número 8 de la revista Paradigma, anuario institucional del Centro de Estudios Che Guevara, dedicada en esta ocasión a la Transición Socialista en el Che.

“En el Ministerio de Industrias y sus empresas, en su diseño y funcionamiento, se volcaron las nuevas ideas de la naciente Revolución, con mención especial a la perspectiva que de ellas tenía una de sus figuras más prominentes.
Se trata, afortunadamente, de una obra colectiva, lo que le otorga valor como testimonio de otro mundo posible.

Al mismo tiempo, su carácter masivo (más de 200 mil trabajadores) obliga a mirar las relaciones entre el dirigente y los dirigidos, entre la concepción y la práctica, entre los deseos y las realidades, entre los saltos culturales y el lento caminar de un país subdesarrollado.

El Ministerio de Industrias jugó un papel fundamental en dar los primeros impulsos, en un nuevo contexto, a prácticas como el trabajo voluntario, la formación de fuerza de trabajo calificada, la innovación y la racionalización, la formación de cuadros, la emulación, la supervisión, la normación, la planificación, las Asambleas de producción, el estudio como trabajo, la estimulación material y moral, ¿será que generó el embrión, el código genético de una cultura socialista del trabajo en Cuba?

De ser así, se trata de un legado tenso, dolorosamente abandonado en muchas de sus aristas con posterioridad a la salida del Che para el Congo en 1965. Con los deterioros económicos, culturales y organizacionales que han tenido lugar desde la crisis de los 90, su relevancia para el presente de Cuba se incrementa.

Mucho de lo que ahí se hizo está por encima de lo que hoy somos, y puede servir de alimento a las ideas nuevas de nuestro tiempo.”[1]

[1] Texto de la convocatoria del evento circulada por el ICIC Juan Marinello.