El padre, Graham, recuerda que a Ashley le fascinaba el fútbol: “Era portera y empezó a los cinco o seis años a practicarlo. Es más común que en Canadá se juegue balompié ahora, pero en aquella época no tanto. Se lesionaba mucho, mas no dejaba de estar activa, incluso, en una final que disputaron, jugó más de la mitad del partido con la mano rota.
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